TRUMP, LA VERDAD Y EL PODER DE LA CONTRADICCIÓN
Por MICHAEL P. LYNCH
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La consistencia, dijo Emerson, es el duende de las mentes pequeñas. Tal vez nadie en la vida pública americana canaliza más este pensamiento que Donald Trump. No solo no le teme a la contradicción, sino que la aprovecha. Y es despreciativo hacia aquellas mentes pequeñas que se molestan con su conducta.
La disponibilidad de Trump para ser inconsistente, incluso en una sola entrevista, o en el mismo discurso, ha desconcertado a los estrategas políticos por meses. Hasta más confuso es la feliz tolerancia de sus seguidores. Es como si el contenido de lo que dice Trump no importara.
Un notable ejemplo de esto fue la reticencia inicial de Trump para condenar al Ku Klux Klan y otros nacionalistas blancos que lo estaban respaldando. Trump luego denunció a dichos grupos. Y sin embargo muchos racistas blancos, incluyendo a David Duke, siguen apoyando a Trump. ¿Por qué?
La explicación, creo, yace en el poder de las mismas contradicciones. Ese poder, y el uso efectivo que Trump hace de él, nos dice tanto sobre nosotros mismos y la actitud de nuestra cultura hacia la verdad como nos dice sobre él.
Desde el punto de vista de la lógica y la matemática clásicas, lo malo de una contradicción es que lleva a la absurdidad.
Claro está que los políticos con frecuencia “retroceden” sus comentarios, ya sea porque dijeron algo inapropiado, o por atención no deseada generada por el comentario.
Retroceder un comentario dice que está tomando responsabilidad por lo que ha dicho. La contradicción obvia pone la responsabilidad sobre los hombros de quien la escucha. Si simplemente niego lo que afirmé anteriormente y actúo como si nada ha sucedido, entonces usted queda con la tarea de decidir lo que realmente quise decir. Y la sicología, así como el sentido común, nos dicen que los seres humanos son propensos al “prejuicio por confirmación”. Es decir, tendemos a interpretar evidencia para que se ajuste con lo que ya creemos.
Así que si nos gusta el Klan, podemos interpretar los comentarios de Trump como si a él también. Como lo dicen tantos de sus seguidores, Trump no le teme a “decir las cosas como son”. Pero cuando está frente a una contradicción, esas “cosas” dependen de usted.
Así que aunque a veces sí “masajea” sus propias declaraciones, Trump es más efectivo cuando dice lo contrario de lo que dijo anteriormente. En parte, eso es porque las contradicciones de Trump son ruidosas y seguras. (“¡Amo a los hispanos!”, tuiteó el jueves, cinco de mayo, junto con una foto suya con un plato mexicano).
El hecho de que contradicciones son particularmente útiles para Trump, también nos dicen algo sobre lo que las personas encuentran atractivo en él. Ciertamente, revela una contradicción aún más profunda. La explícita falta de autenticidad de Trump es lo que lo hace tan auténtico. Es como un oxímoron andante (lo cual tal vez no es sorpresa, dado que la telerrealidad es el medio en el que más ha florecido).
También hay un asunto filosófico más profundo aquí. El poder más perturbador de la contradicción es que su uso repetido puede atenuar nuestra sensibilidad al valor de la misma verdad. Eso es cierto particularmente dado que la mayoría de los americanos viven en un mundo digital que hace a la vez más fácil y más difícil descifrar lo que es cierto. Buscar en Google es como estar en un salón con millones de voces gritando. Es solo natural que escuchemos a aquellas voces que son más similares a las nuestras, gritando lo que ya creemos, y como resultado Google le puede encontrar confirmación para casi cualquier cosa, sin importar cuán absurdo.
En la obra “1984” de George Orwell, el protagonista es torturado hasta que acepta que dos más dos es igual a cinco. El punto, como deja claro su torturador, es hacerlo ver que no hay verdad objetiva distinta a la que la persona dice que es cierto. Ese es el poder profundo de la contradicción. Repetidas lo suficiente, las contradicciones políticas nos pueden apaciguar hasta que abandonamos completamente el pensamiento crítico. Y es en ese entonces cuando las contradicciones, y todo lo demás excepto el poder, dejarán de importar.