Tumaco y el futuro de Colombia
La reciente masacre en Tumaco es un hecho de absoluta gravedad. Como lo revela un informe de la Defensoría del Pueblo, seis campesinos que protestaban por la erradicación forzada de coca murieron a manos de oficiales de la policía antinarcóticos.
Los campesinos venían pidiendo la intervención del gobierno para resolver conflictos locales que han afectado la implementación adecuada del Programa Nacional de Sustitución de Cultivos. Las balas, los muertos y los heridos fueron la respuesta del Estado.
El hecho, además de ser muy lamentable por los campesinos asesinados y heridos, y por el tentativo de la Policía Nacional de alterar la escena del delito, es también una señal de la cultura institucional de la cual está impregnada la fuerza pública; una cultura que refleja una doctrina fijada en la noción del enemigo interno y que, como lo ha resaltado el profesor Alejo Vargas, tanto daño le hizo a Colombia.
Pero no es solamente el actuar criminal de la Policía Nacional lo que revela un problema cultural e institucional por abordar. El problema es más amplio. Lo sugieren también las palabras y los gestos del presidente Santos. De hecho, así como lo hizo cuando era ministro de Defensa y ocurrió el escándalo de los falsos positivos, Santos de manera apresurada salió a los medios defendiendo a la fuerza pública y señaló la presencia de bandas criminales. Además, canceló a último minuto una visita a la comunidad afectada; todo lo contrario de lo que hubiera sido oportuno hacer.
Todo esto nos muestra que para alcanzar la paz no es suficiente que las Farc hagan su parte desarmándose y desmovilizándose. O que se le imputen a la guerrilla crímenes de guerra. El Estado, así como toda la sociedad colombiana, tiene que dar su aporte y tener el coraje de hacer los cambios necesarios, sobre todo a nivel cultural.
Porque la paz requiere que todo el país ascienda a un nuevo nivel de conciencia: esta es una noción que es propia de la teoría de las dinámicas espirales, elaborada por Clare W. Graves y aplicada en el campo geopolítico por Don Edward Beck. De hecho, Don Edward Beck, un psicólogo social, jugó un papel fundamental al lado de Nelson Mandela para la reconciliación de Sudáfrica. Fue él quien inspiró, por ejemplo, la idea de utilizar el rugby como estrategia para crear un sentimiento de unidad nacional y trascender el racismo detrás de la segregación, como lo mostró la película Invictus.
La idea central de la teoría de las dinámicas espirales es que en la medida en que un individuo (o una sociedad) avanza, tiene que cambiar y alcanzar nuevos niveles de conciencia. Este acercamiento permite abordar un problema mirando a los sistemas de valores y al centro de gravedad cultural que determinan el carácter general de una colectividad. Hoy pensar y trabajar por la paz en Colombia significa tener el coraje de mirar a los valores y a aquellos aspectos culturales que perpetúan la violencia, la confrontación, la exclusión. De lo contrario, habrá más dolor, terror y muerte, como nos acaba de recordar la masacre en Tumaco.