UN CAFÉ CON BORGES
El cuento es un género literario muy difícil de cultivar porque, a diferencia de la novela, tiene un formato breve que exige una enorme capacidad de síntesis y se rige por una estructura y unas reglas propias; por eso, en épocas como las actuales, en las cuales el ser humano tiene muchas cosas materiales pero carece de tiempo -que es la verdadera riqueza-, esta modalidad de creación artística tiende a imponerse y, de seguro, cobrará más importancia en el futuro. En el contexto de las letras de habla hispana, nuestro país ocupa un importante lugar cuando se habla de esta especie de expresión intelectual, lo cual es producto de que grandes escritores la han cultivado con mucho celo; cómo olvidar aquí, sin mencionar otros antecedentes más remotos, al gran Tomás Carrasquilla con su inmortal “A la Diestra de Dios Padre” (1897), o a los grandes cuentistas del siglo pasado: Gabriel García Márquez, Álvaro Cepeda Zamudio, Efe Gómez, Jorge Zalamea, Manuel Mejía Vallejo, Hernando Téllez, Fernando Cruz Kronfly, Gustavo Álvarez Gardeazábal, Marco Tulio Aguilera Garramuño o Andrés Caicedo, etc.
Por ello, la aparición de un nuevo libro de cuentos es un hecho que no puede pasar desapercibido, porque quien se arriesgue a tirarse al ruedo tiene que hacerlo con mucho arrojo y acompañado de gran calidad; eso, justo es decirlo, ocurre con el libro de Fernando Bonilla Pardo intitulado “Un Café con Borges y otros cuentos”, publicado por ABC el año pasado y que acaba de aparecer en las vitrinas de las más reputadas librerías del país. Él es un hombre que siempre ha cultivado la literatura con profundo amor, como lo demuestra el hecho de que en precedencia haya publicado varios textos de poesía: “Testigo del Siglo XX” (2008) y “Testigo de lo Eterno” (2008), entre otros.
Y, ahora lo ratifica con esta obra que es una provocadora y muy rica invitación plasmada en nueve relatos distintos, mediante los cuales convoca al lector a emprender un viaje por nuestra atormentada Patria en la época de la violencia (véase “A la sombra del cuchillo” que, de forma precisa, documenta este difícil momento de la vida nacional), o en aquella en la cual los grandes traficantes de droga impusieron su ley (así, “Servicios especiales & Cía.”, un relato descarnado y muy bien logrado). Esa exploración también cobija a su Bogotá amada cuando, instalado en un café de la Séptima, persigue la belleza femenina y descifra el misterio maravilloso de la vida como sucede en “El rostro rojo”, un texto lleno de poesía y sentimiento.
Asimismo, él estimula a recorrer a la Venezuela atormentada y víctima de una salvaje dictadura que la ha sumido en el atraso (léase, con mucho cuidado, “Mi papá el pajarito” para entender cómo se desnuda a un personaje como Nicolás Maduro). Es más, este agudo escritor incita a agotar el cosmos de los conventos, las diócesis arzobispales en el mágico Caribe (“Las tres gracias”), o el del Vaticano durante el Nacionalsocialismo como sucede con “A los pies de su santidad”, que supone una magnífica investigación histórica. Este recorrido también transcurre por los senderos de la música y del psicoanálisis (véase: “¿y los sueños, sueños son?), la culinaria, la cosmogonía, la alquimia, la arquitectura, la historia (“El banquete final”); así mismo, la obra es un trasegar por el infinito de los libros con un excelso cuentista como Jorge Luis Borges quien, unido al recuerdo de Jorge Zalamea, le da su nombre a uno de los relatos y al libro.
Esta producción, pues, llega al mundo de las letras nacionales para instalarse en el más alto proscenio y todo indica que será de obligada referencia cuando se hable de este género literario entre nosotros; esto solo sucede cuando se confeccionan trabajos eruditos serios, comprometidos, que plasman el alma y el sello humanístico de sus autores, para goce y disfrute de las actuales y las posteriores generaciones.