Un libro, un amigo
Amable lector. Hace mucho tiempo fui profesor de matemáticas financieras en la Facultad de Economía de la Universidad de Antioquia. Entiendo que hoy son más exigentes para tener personas idóneas en estos cargos. En un tablero verde -el muro del salón-, con una tiza y un borrador explicaba las fórmulas para encontrar el monto final de un aporte mensual a interés compuesto o el valor de una cuota periódica para amortizar un préstamo durante unos años.
Los estudiantes luego de tener claridad y la ayuda de las tablas de logaritmos, con alguna dificultad, averiguaban que una persona que ahorra $100.000 mensuales al cabo de 25 años con un interés del 6 % anual, tendrá una suma de $693 millones. Muchos dirán, lástima no haberlo sabido antes. Hoy, un niño con una calculadora presiona unas teclas y obtiene la respuesta.
Recuerdo a muchos de mis discípulos. En esta oportunidad quiero mencionar a Alberto Velásquez Martínez. Desde esa época, sin ser sicólogo, entendí que él nació para heredar las letras de Miguel de Cervantes y no la complejidad numérica de Pitágoras, Arquímedes, Newton y muchos otros. A lo largo de los años, nos hemos encontrado en las buenas y en las malas. Si la amistad fuera la mayor riqueza, él, sin la menor duda, sería el más rico de este país.
“Colombia país de Rupturas”, es su última obra. Se inicia a partir de los primeros años de la conquista española. En XIX capítulos, escritos con impecable estilo, breves y amenos, cuenta los anales de este pueblo. Al lector, después de leer las primeras páginas, le resulta difícil no continuar disfrutándolas hasta el final.
Este escrito, más que por el rigor y la imparcialidad para juzgar nuestro pasado, es la dura imagen de lo que somos. Según el autor, no fue la muerte de Jorge Eliecer Gaitán, el momento que dividió nuestra historia. Este suceso que tuvo un enorme impacto en la vida nacional, resulta poco, comparado con los efectos que ha causado el negocio de la droga, que corrompió toda nuestra sociedad.
El apetito desmedido del dinero, así no sea con el negocio de las drogas, ha permitido vender los más caros valores de los seres humanos. Altos magistrados, ministros, militares, funcionarios, miembros de familias de noble cuna y más de un religioso, han sucumbido ante la magia del dinero.
Escribir con responsabilidad un texto como este, exige largas jornadas de investigación, revisión y confrontación. La mayor compensación, por tantos desvelos, es que siempre estuvo acompañando a su querida esposa. A la firma de ingenieros que hizo posible esta edición, muchas gracias.