Un mandamiento nuevo
A nadie le gustan los mandamientos y más si son prohibiciones, como no matar, no mentir, no robar. Y con razón, pues se trata más de lo que tengo que hacer o debo hacer que de lo que tengo que evitar o debo evitar. Si digo la verdad, no miento.
Mandamiento, orden o precepto de un superior a un inferior, es algo que se me impone desde fuera o algo que nace espontáneamente de la realidad. Conozco los diez mandamientos, de los cuales los dos primeros en realidad son tres, pues amarme a mí mismo es el punto de referencia de mi amor al prójimo, que es el segundo, siendo el primero amar a Dios sobre todas las cosas.
Es impresionante que Jesús presente un solo mandamiento, nuevo, el de amarnos los unos a los otros como él nos ha amado. Es uno solo, que tiene como punto de referencia, no el amor que yo me tengo, sino el amor que él nos tiene.
Amor es unidad de dos. Y el amor de Jesús es a la vez humano y divino, pues él es Dios y hombre, expresado de modo simple: “Yo y el Padre somos uno” (Jn 10,30). Un misterio que en su hondura llena de contenido el corazón, que no se contenta con menos que infinito.
El amor es el mandamiento de los mandamientos. No algo que me imponen desde fuera, sino un modo de ser que brota de mi intimidad, hasta el punto de que si quiero ser feliz, que es estar pleno, amo a los demás como a mí mismo. Y así me intereso en vivir haciendo unidad conmigo mismo y con todo cuanto existe, comenzando por Dios, mi Creador.
El amor es el mandamiento de los mandamientos, que encierra en sí todos los demás, los positivos, como acoger y ser solidario, y los negativos, como no robar y no mentir. “Ama y haz lo que quieras. Si gritas, gritarás con amor. Si perdonas, perdonarás con amor”. Nos urge descubrir el gran acierto de San Agustín, hacer del amor el fundamento de la ética, de la moral.
De Jesús sabemos que “habiendo amado a los suyos, los amó hasta el extremo” y que “nadie ama tanto como aquel que da la vida por sus amigos”. Lo que llevó a Albert Camus a hacer esta confidencia: “Lo amo porque lo mataron”.
El hombre del siglo XXI cuenta con un secreto muy simple: amar. El amor, el mandamiento de los mandamientos, lo guiará siempre por el camino del bien.