Columnistas

UN NUEVO ORDEN SOCIAL

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28 de agosto de 2017

El país necesita una transformación radical y profunda que toque todas las esferas de la vida institucional; el actual modelo de organización social y política no funciona porque los delincuentes y los corruptos de todos los pelambres, cooptaron al Estado y al mundo de “lo privado”. Ante ellos casi sucumbieron la familia, la educación, la industria, las organizaciones sindicales, políticas y religiosas, los medios de comunicación, los gremios, los cuerpos armados oficiales, etc.; todo está muy deteriorado y, como me dijo un querido amigo sacerdote, no se necesitan más diagnósticos es necesario dar un paso adelante para emprender el cambio.

Por ello, ante ese desbarajuste colectivo se requiere una verdadera asamblea constituyente, no una hechiza utilizada por los depredadores para relegitimarse, porque quienes barajan el naipe administran el juego. ¡Si son ellos los que van a emprender los desafíos que se avizoran, es mejor no hacer nada y terminar de envilecerse como seres humanos! Ahora, otros deben cumplir esas imprescindibles tareas: una nueva asamblea legislativa debe nacer desde la mejor entraña de las organizaciones populares, los sindicatos, los colegios y las universidades, los estudiantes y los profesores, el campesinado, las organizaciones de víctimas, las juntas de acción comunal, los industriales, las fuerzas militares, las organizaciones políticas, los olvidados y discriminados, etc.

Por eso, ahora se debe emprender un gran debate nacional y organizarse; es necesario tomarse las calles, las plazas, las aulas, los medios de comunicación, los atriles y hasta los púlpitos, etc., para protestar contra los criminales y sus poderes, los violentos, los saqueadores, los politiqueros, los farsantes y mentirosos, los medios de comunicación que adoctrinan, los salteadores de los recursos naturales, etc. Una auténtica constituyente tiene que surgir del corazón del pueblo y debe ser diseñada para jalonar el rumbo de una sociedad desigual, injusta y dantesca.

Sin embargo, también los seres humanos se tienen que zarandear; no es posible vivir más de cuentos como ese según el cual “los buenos somos más y los malos son pocos”. A partir de allí, se construye una ética enferma y embustera proclive a ocultar deslices y, con ello, se alimenta el monstruo que todo lo devora; para avanzar también deben cambiar nuestras vidas. Ojalá la próxima visita papal sirva para indicar una nueva alborada, y ese acontecimiento no se venda como un souvenir turístico-religioso que solo sirve para darse golpes de pecho; la presencia de un pontífice que predica la humildad, la paz y el amor franciscanos, en una nación hundida en la arrogancia, la guerra y el odio, tiene que servir para empezar a avanzar en la construcción de una sociedad mejor y desnudar la pobre condición actual.

Muchos miran estas propuestas con nihilismo o sarcasmo, sea porque estén cansados de tanta descomposición o porque representan los intereses de las castas dominantes que les saltearon el alma; sin embargo, es preferible integrar las filas de los soñadores y, munidos de esas ilusiones, dar un paso adelante para decir presente y empezar a innovar ya, no mañana porque tal vez entonces no estemos o perezcamos ahogados en la indiferencia y la falsía.

Sin embargo, la evolución debe también ser planetaria y sacudir a todo el orbe presa de la violencia, la guerra, el consumismo, el rencor y la venganza, el calentamiento global y la catástrofe planetaria. Todo esto debe erradicarse para que esta hermosa geografía se torne en un lugar donde sea posible vivir con dignidad y rescatar la sonrisa de los niños y las mujeres; para que, revestidos de coraje, con Saint John Perse en su libro “Vientos” al culminar la Segunda Guerra Mundial, se pueda repetir: “Cuando la violencia hubo renovado el lecho de los hombres sobre la tierra, un árbol muy viejo, horro de hojas, reanudó el hilo de sus máximas...Y otro árbol de alto rango crecía ya en las grandes Indias subterráneas. Con su hoja magnética y su cargazón de frutos nuevos”.