¿Un paso adelante o un paso atrás?
¿Siguen enredados los acuerdos de paz? ¿La renegociación del acuerdo de La Habana es un paso adelante o un paso atrás en la búsqueda de un consenso para acabar la guerra? ¿Qué busca Uribe? ¿“Enredar la pita”, con fines electorales, lograr la rendición de las Farc o luchar por un acuerdo de paz duradero?
Estas son las pregunta que nos hacemos millones de colombianos, testigos impotentes de los desencuentros entre el gobierno de Juan Manuel Santos y los dirigentes del Centro Democrático durante la última semana.
Después de las primeras críticas de Uribe a las enmiendas del primer acuerdo, Santos llamó al expresidente a “subirse al tren de la paz” para no quedar aislado del resto de los colombianos que la anhelan. En una entrevista con The Observer, dijo que seguirá con Uribe o sin Uribe buscando la paz y que espera firmar el nuevo acuerdo antes de Navidad.
Mientras tanto, los guerrilleros de las Farc sostuvieron que el nuevo acuerdo es definitivo y que lo que se debe buscar ahora es su refrendación y lograr un acuerdo político para implementarlo.
Uribe se opuso a que el texto sea declarado definitivo antes de que comience a ser implementado en el Congreso de la República durante las próximas semanas.
Los negociadores de las Farc aseguraron que el nuevo “es un acuerdo incluyente y con las voces de los múltiples credos religiosos, las mujeres, la población LGTBI, la juventud, los estudiantes, los partidos políticos, los empresarios, la Rama Judicial, los defensores de DD. HH., los militares y los guerrilleros”. Sin embargo, advirtieron que “no es un acta de rendición de la insurgencia”.
Humberto De La Calle dijo que los cambios en 56 de los 57 temas hacen que este acuerdo sea mejor que el firmado en Cartagena y señala caminos viables para acabar con tantos años de guerra en Colombia.
Entre las innovaciones introducidas, resaltó el compromiso de las Farc de presentar un inventario de sus bienes durante el proceso de dejación de armas. Sobre la jurisdicción especial para la paz, dijo que se mantiene con algunos cambios: ya no habrá presencia de magistrados extranjeros en ella, aunque sí podrán ser consejeros externos. Sobre la restricción de la libertad, explicó que esta se dará en espacios con dimensiones similares a las de las zonas veredales de transición en las que se hará la dejación de armas. En cuanto a la conexidad del narcotráfico con los delitos políticos, reveló que la jurisdicción especial tendrá en cuenta la jurisprudencia de los altos tribunales colombianos. También reiteró que el nuevo acuerdo precisa los alcances del enfoque de género, entendido como la igualdad entre hombres y mujeres, sin dejar de reconocer que el conflicto ha impactado de manera especial a las mujeres. Sobre el respeto a la propiedad privada, dijo que está garantizada aunque se mantienen los planes para adelantar una reforma rural integral, esta vez sin acudir a la creación de zonas de reservas campesinas. También resalto la aceptación de que el catastro ya no sea la base para los impuestos rurales.
Las objeciones del expresidente Uribe al nuevo acuerdo fueron recibidas con indignación por miles de colombianos. En la redes sociales se volvieron tendencia consignas como “Uribe: ¡no joda más! Uribe: ¡es en serio! ¡Quítese de en medio!”.
Uribe fue acusado por sus críticos de tratar de “enredar la pita” al negarse a admitir que algunas de las peticiones del No simplemente habrían puesto fin al proceso de paz, como eliminar la justicia transicional representada en la Jurisdicción Especial para la Paz, que ha sido un componente central en los últimos pactos de paz del mundo.
Da tristeza ver este pandemónium. Pienso que el asunto es simple: ¡El mejor acuerdo de paz es el que termine la guerra ya!.