UN PERIODISMO SIN MARIDAJES
¿Ante la eventualidad de un ascenso al poder del pensamiento totalitario, alcanzaría a sobrevivir el periodismo independiente? ¿Será capaz de romper el maridaje con el poder y asumir la responsabilidad ética de sostener una distancia crítica frente a los gobernantes y los grupos de presión?
¿Estará el periodismo en capacidad de constituirse en contrapoder constructivo para parar en la raya a los mandatarios abusivos y enseñarles a respetar la voluntad general? ¿Acabará por convertirse en un apéndice del establecimiento, incompetente para fiscalizar errores y aciertos de los controladores de los asuntos públicos?
La enemistad entre el presidente de los Estados Unidos Donald Trump y los medios periodísticos más influyentes ha puesto en duda el respeto oficial por la Primera Enmienda, que protege las libertades fundamentales de religión, expresión, prensa y reunión.
La censura y el control del periodismo y del uso de tecnologías informáticas y redes sociales en regímenes políticos absolutistas como el chino muestra la persistencia de un sistema que desconoce cuestiones esenciales de los derechos humanos, contra la corriente universal de la civilización y la cultura.
En América Latina, la dictadura venezolana enterró la libertad de prensa y el derecho a la información y restringe con presiones y amenazas diversas el funcionamiento de medios periodísticos nacionales y extranjeros.
Y en Colombia, mientras tanto, en desarrollo de los controvertidos acuerdos de La Habana, el lanzamiento por el nuevo partido político de las Farc de las candidaturas de Timochenko a la Presidencia y de varios militantes de la guerrilla disuelta al Congreso, anunciaría la llegada a la dirección del Estado de una mentalidad y un estilo totalitarios, que en principio no ofrecen garantías para el ejercicio de la prensa libre.
¿Se acomodaría el periodismo a la condición de satélite, servidor obsecuente, ejecutor incondicional de las órdenes gubernamentales, propagandista acrítico de las acciones oficiales y botafumeiro del culto a la personalidad consustancial a todos los despotismos de la historia?
Donde quiera que haya un régimen autocrático predominarán la concepción y el sometimiento de los medios de comunicación como aparatos ideológicos del Estado. Esto ha sido evidente no sólo bajo gobiernos comunistas. Se trata de un rasgo de carácter de todos los fascismos de derecha e izquierda, e incluso de algunas democracias frágiles y deleznables.
El gran reto contemporáneo para el periodismo reside en la asunción de la responsabilidad ineludible de pensar y obrar con independencia, distanciarse del poder, ponerse al lado de la verdad y los demás valores concomitantes, respaldar aquello que se ajuste al bien común y rechazar todo lo que pueda afectarlo. En breves términos, actuar con coraje y coherencia. ¿Están alistándose los medios periodísticos para acometer ese desafío histórico y disolver un maridaje que los desacredita y los envilece?.