Columnistas

Una insatisfacción constante

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12 de febrero de 2015

En una entrevista que le hicieron recientemente a Natalie Portman, en El País de España, la actriz dijo que después de ganar un Óscar en 2011, por su papel en “Cisne negro”, rápidamente regresó a la realidad. “Cuando alcanzas lo que los demás definen como éxito, confiando en que todo será genial cuando lo consigas, te das cuenta de que nada cambiará. No es algo que te llene o te complete”. No es la primera vez que escucho esto, escritores, músicos, pintores, científicos, deportistas han sentido algo parecido apenas obtienen un logro que parecía significativo. Lo mismo les pasa a personas “comunes y corrientes”.

¿La razón?, muy simple, todos buscamos algo, pero cuando lo logramos no siempre nos satisface, o mejor, la felicidad no parece tan eterna como se creía. Uno va por la vida alcanzando cosas, feliz de ellas por segundos pero creyendo también que en realidad no fue para tanto.

“Si pudiera ser jefe”, y su lengua le concedió el deseo. Felicidad por un tiempo, luego la insatisfacción hace de las suyas. “Si me ganara ese premio literario”, y para colmo se ganó uno importante y el pobre escritor no fue capaz con las ruedas de prensa, con la fama y hasta ese momento le llegó la buena escritura por más que intentó. Y así podría hacer menciones en cada campo, con cada persona, ustedes podrían hacer el mismo ejercicio con eso que desearon mucho y apenas lo obtuvieron (un amor también podría entrar aquí) se dieron cuenta de que las cosas no eran como parecían, que por más dicha, por más felicidad, tarde o temprano vuelven las mismas preguntas: ¿para qué eso, qué hago aquí, por qué lo acepté? Tantas.

Ahora, no se trata de vivir sin expectativas, sin deseos, esto resulta más que imposible, el hombre, hasta inconscientemente, está queriendo algo, así sea terminar con la vida, lo complejo que somos nos hace eternamente insatisfechos, y esto es bueno, pero hay que saberlo manejar para no caer en la amargura, para no creer que nada vale la pena. Tal vez por eso muchos buscan consuelo en un dios y otros parecen darle crédito a una evolución que no siempre se nota.

A veces, pienso en ciertas personas y me gustaría que me pasara lo que les sucede a ellas; sin embargo, rápidamente creo que entre lo que ellas sienten y mis angustias no es mucha la diferencia. Seguramente esas personas que admiro también desearán ser otras y el ejercicio puede hacerse a cualquier escala.

Me atrevo a afirmar que son pocas las personas que sienten la plenitud, yo creo, con todo respeto, como dice Cartarescu en “Las bellas extranjeras”, que a pesar de un montón de cosas buenas que pasan, uno en la vida, no pocas veces, se siente como un don nadie, como un hombre sin rostro, sin atributos, sin nada que mostrar, sin ni siquiera un personaje que representar. Así es la vida