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UNA LECCIÓN CONTRA EL “USTED NO SABE QUIÉN SOY YO”

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25 de junio de 2018

Hoy celebra la Iglesia Católica el nacimiento de san Juan Bautista (Evangelio de Lucas 1, 57-66). Los nombres bíblicos suelen tener significados que indican cómo Dios se relaciona con quienes los llevan. Por ejemplo, el mensajero que le anuncia a Zacarías que su esposa Isabel va a tener un hijo es el arcángel Gabriel (Fuerza de Dios). Isabel significa Aquella a quien Dios ha ayudado, y Zacarías, Dios se acuerda. Y el nombre Juan (Dios se compadece) resalta la misericordia de Dios al hacer posible el nacimiento de aquel niño que sería el precursor de nuestro Señor Jesucristo.

Dios llama por su nombre a cada persona para una misión que le es posible conocer mediante un discernimiento que la lleve a descubrir cuál debe ser su proyecto de vida. Por eso, al celebrar el nacimiento de san Juan Bautista, preguntémonos cómo estamos realizando nuestra misión, y qué debemos hacer para realizarla cada día mejor.

San Agustín (354-430 d. C.) escribió lo siguiente: “Cuando Juan cumplía ya su misión de anunciar al Señor, le dijeron: ‘¿Tú quién eres?’ Y él respondió: ‘Soy la voz que grita en el desierto’. Juan era la voz; pero el Señor era la Palabra que en el principio ya existía. Juan era una voz pasajera, Cristo la palabra eterna desde el principio” (Sermón 293, 1-3). Este interrogante volverá a resonar cuando quienes lo escuchen hablar le pregunten si es el Mesías prometido. Juan les responderá: Yo no soy lo que ustedes piensan, sino que después de mi vendrá otro al cual no soy digno de desatarle las sandalias. Qué diferente es esta respuesta humilde con respecto a la prepotencia de quienes se creen superiores a los demás y presumen de sus posiciones de poder: “usted no sabe quién soy yo”, suelen decirles a quienes pretenden hacer sentir inferiores.

Juan Bautista reconoce su misión de precursor o preparador del camino de Jesús para que este pueda ser conocido y seguido por quienes van a ser sus discípulos. También nosotros estamos llamados a preparar el camino para que el Señor pueda llegar a la vida de otras personas. ¿Cómo estamos cumpliendo nuestra misión? Para realizarla como es debido, tenemos que actuar con humildad, sin prepotencias ni ambiciones de protagonismo.