UNA LISTA DE “NO-COMPRA” DE ARMAS ES UNA MALA IDEA
Por JEFFREY KAHN
redaccion@elcolombiano.com.co
Después de la masacre en Orlando, Florida, algunos legisladores están buscando la creación de una lista de ‘no compra’ para bloquear a ciertas personas de la compra de armas. El mes pasado el Senado consideró (pero votó en contra) medidas que habrían prevenido la venta de armas a cualquiera en la Base de Datos de Vigilancia Terrorista, también conocida como la lista de vigilancia terrorista. Y aunque una propuesta de la senadora Susan Collins, republicana de Maine, para bloquear las ventas a cualquiera que esté en la lista de no vuelo del gobierno no fue aprobada la semana pasada, tampoco fue rechazada, lo que da algo de esperanza a los promotores.
Pero la propuesta de Collins, como el esfuerzo anterior para crear una lista de no-compra, debería fallar. Dichas medidas tendrían un efecto mucho menor sobre las ventas de armas y le harían mucho más daño a las libertades civiles de lo que las personas se dan cuenta.
Muy pocas personas en la lista de vigilancia de terroristas, la cual se estima incluye al menos 800.000 identidades, están comprando armas. Según un informe de marzo de la Oficina de Auditoría del Gobierno, de los 23.1 millones de historiales criminales realizados el año pasado de acuerdo con leyes de armas federales, solo 244 involucran a personas que están en la lista de vigilancia. Eso es igual a un 0,001% de las ventas.
En cuanto a la lista de no vuelo: según una estimación realizada por el director del Centro de Revisión Terrorista (Terrorist Screening Center) en el 2014, unas 9 de 10 identidades en esa lista no son ni ciudadanos de los Estados Unidos ni residentes legales. Por lo tanto, desde un principio no tienen la habilidad ni el permiso de comprar armas aquí.
Las amenazas que posan la lista de vigilancia de terroristas y la lista de no vuelo a las libertades civiles, de hecho a la idea misma de ciudadanía, son enormes. Las listas de vigilancia están diseñadas para eludir las protecciones del debido proceso y la separación de poderes.
Como lo notó un juez federal en un caso que involucró la objeción de un demandante a ser puesto en la lista de no-vuelo, ‘un ciudadano americano se puede encontrar tachado de terrorista sospechado por causa de una ‘sospecha razonable’ basada en una ‘sospecha razonable’.
Pero los estándares para la revisión permanecerían bajos, con el gobierno libre de usar evidencia clasificada. El resultado final seguiría siendo Kafkaesco: ¿Cómo puede demostrar no que usted no es terrorista, sino que no debería ser un terrorista sospechado?
No espere que una lista de no-compra de armas sea el punto final. Ya tenemos una lista de no vuelo, y también hay una lista no-marítima (porque la destrucción de un transatlántico no es menos aterrorizante que el terrorismo en los espacios aéreos). Un bombardero suicida en un estadio deportivo podría generar una lista de “no-Super Bowl”. Una lista de “no-X” siempre tentará a los abogados. Pero los derechos pierden su valor cuando pueden ser vaciados de significado por una etiqueta de terrorista fácilmente adherida.
Los promotores descartan los costos de listas de vigilancia como inconvenientes, sacrificios justificados por la protección que estas nos ofrecen de oleadas violentas. Tales sentimientos, típicamente avanzados por aquellos que es poco probable que carguen con el peso de ser tachados de terroristas sospechados, trivializan la libertad perdida.
“La experiencia nos debe enseñar,” escribió el Juez Louis D. Brandeis en 1928, “a estar más en guardia para proteger la libertad cuando los propósitos del gobierno son caritativos”.