Columnistas

Una Navidad en paz y reconciliación

Loading...
13 de diciembre de 2014

El tiempo de Navidad y final de año nos invita siempre al recogimiento y a la celebración en familia. Normalmente pensamos en los más recientes logros que en el ámbito personal, de región y de país hemos alcanzado y que nos llenan de orgullo. También pensamos, claro está, en la cantidad de retos y tareas que quedan por hacer, para acercarnos cada vez más a la calidad de vida que deseamos y al tipo de ciudad y de país que queremos para todos.

En esta revisión de nuestra vida personal y social y en la proyección que le damos a ella para el año siguiente, no podemos dejar pasar el tema de los diálogos en La Habana y un eventual comienzo de un proceso de posconflicto. Esta es una realidad que nos debería afectar a todos. Estamos jugándonos como país una oportunidad para aprender de la experiencia de la reconciliación en una sociedad que ha tenido que vivir la guerra en todas sus formas de manera descarnada.

En este tiempo de Navidad dejémonos tocar por el espíritu de la paz y por la alegría de un pueblo que se reconcilia con su Dios. Se trata de un Dios que dignifica al hombre y a la mujer en su sentido más profundo de humanidad. Al hacerse persona, somos capaces de verlo a la cara en los demás y pasar de las diferencias y enemistades, a construir juntos un cuerpo social integrado en el que se superen inequidades y violencias.

La reconciliación es algo que pasa entre los seres humanos y viene de la necesidad de restaurar las relaciones que antes existían entre ellos, pero que habían sido rotas. Es así que asumiendo nuestra realidad como sociedad, la que hemos expuesto a situaciones de injusticia concretadas en las múltiples maneras de inequidad existentes, vivimos un tiempo en que la exigencia se vierte hacia la construcción de una sociedad en paz y reconciliada.

Equidad y reconciliación comparten un mismo sentido, el de volver a reunir a quienes se habían distanciado por motivaciones egoístas, que no favorecen el reconocimiento de la dignidad del otro. En términos de equidad, la reconciliación que queremos para nuestro país, es la que ponga fin a las brechas amplísimas que existen entre quienes acumulan las riquezas y aquellos que ven lejos el poder gozar de las oportunidades de la vida social. La reconciliación que verdaderamente necesitamos es la que permita un desarrollo social y económico en el que las brechas injustas entre ricos y pobres desaparezcan.

Que en este tiempo de Navidad todos podamos abrir nuestros corazones al amor con el que Dios se manifiesta entre nosotros. Este amor que no tiene envidia ni es egoísta y tampoco se alegra de la injusticia; un amor que todo lo perdona, lo cree, lo espera y lo tolera (1 Cor, 13)... Es el deseo del Centro de Fe y Culturas. ¡Feliz navidad!.

* Miembro del Centro
de Fe y Culturas.