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Una nueva chispa en Oriente

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Doctor en Ciencias Sociales, Magister en Estudios Humanísticos y Periodista. Es columnista semanal de El Colombiano y profesor en Eafit de temas relacionados con la historia contemporánea, la geopolítica y el periodismo.

25 de julio de 2017

La llegada del Estado Islámico y su locura en Medio Oriente generó, además de la sanguinaria violencia y los millares de muertos, un desplazamiento en la agenda informativa internacional. El principal conflicto geopolítico dejó de ser el de israelíes y palestinos para trasladarse a la lucha que pretende detener al califato. Israel y los territorios de Cisjordania y la Franja de Gaza, que tuvieron durante décadas una atención preferencial por parte de Occidente, caminaron al segundo plano de los grandes medios.

Como consecuencia de esta nueva realidad, a la sombra se forjó una angustiante ascensión nacionalista y un comportamiento abusivo por parte de Israel que, entre muchas otras actitudes, continuó con la construcción de asentamientos en Cisjordania.

Ahora, con el Daesh en retirada, los focos parecen volver al conflicto de siempre y la violencia en Cisjordania logra titulares y análisis que nos advierten de una nueva y preocupante etapa de sangre para la región.

La nueva chispa del conflicto inició el pasado 14 de julio. Ese viernes dos policías israelíes fueron asesinados en Jerusalén cerca a la Explanada de las Mezquitas, uno de los lugares sagrados más importantes para los musulmanes. Los tres atacantes, árabes nacidos en Israel, terminaron muertos también tras un enfrentamiento con las fuerzas de seguridad de la zona. Desde ese momento, el incendio no ha parado de crecer.

El gobierno de Benjamín Netanyahu ordenó la instalación de detectores de metales y cámaras de vigilancia en el lugar del tiroteo y las restricciones, que generan dificultades para los rezos habituales, ocasionaron aún más inconformidad entre los musulmanes. Los disturbios ya dejan ocho muertos en Jerusalén del Este y Cisjordania.

A más protestas, más controles policiales y a más controles, más protestas. Un círculo de violencia y muerte que tiene en alerta a la ONU, que llamó incluso a reuniones del Consejo de Seguridad.

La popularidad de Netanyahu y la llegada de Donald Trump a la Casa Blanca envalentonó a los más radicales israelíes que piden dejar de lado, para siempre, la idea de la consolidación de los dos estados. Cada vez se fortalece más la propuesta ilegal e injusta de que los palestinos deben ser expulsados en su totalidad del territorio para que Israel lo abarque todo. Una tragedia que no ha dejado de existir, aun cuando otras sangrías nos la habían alejado de los televisores.