Columnistas

Una verdad incómoda

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08 de agosto de 2017

Generalmente a la gente le da muy duro que se diga la verdad sobre ella. Y sí que les da duro a aquellos que posan de buenos, pero que tienen mucho para esconder. Desde 2003 el país inició, con la desmovilización paramilitar, el proceso de conocer la verdad de la guerra entre guerrilla, paramilitares y Estado, que dejó miles de víctimas en Colombia. Y Colombia quiere, debe y exige saber la verdad. Pero no será tan fácil.

“Esa verdad no la resistirá el país”, le confesó el entonces comisionado de paz, Luis Carlos Restrepo a Alfonso Gómez Méndez, “refiriéndose a que sería inmanejable un proceso en el que se acusara a todo el mundo (empresarios, militares, funcionarios públicos, etc.) de colaborar con la causa paramilitar”, (Revista Semana 8.29.2006). Y en ese entonces fue mucho lo que el país no supo, porque los jefes paramilitares fueron rápidamente extraditados.

En el proceso que se vive actualmente con la guerrilla de las Farc el acuerdo también incluye el conocimiento de la verdad sobre las prácticas donde se violaron los derechos humanos, en particular las de carácter masivo “que tuvieron lugar con ocasión del conflicto”. Es decir, se sabrá no solo la verdad de lo que hicieron las Farc, sino también de lo que hicieron los paras y el Estado: “las responsabilidades colectivas del Estado, incluyendo del Gobierno, y los demás poderes públicos, de las Farc-ep, de los paramilitares, así como de cualquier otro grupo”. Ante este punto del Acuerdo muchos tienen rabo de paja y por ello están en estado de pánico ante la posibilidad de que los guerreros, hastiados de la guerra, decidan matar sus propios fantasmas contando una verdad que los ahoga.

El apretón de manos del pasado 19 de julio entre guerrilla (Pablo Catatumbo, Iván Márquez y Jesús Santrich) y ex paramilitares (Diego Vecino, Ernesto Báez y el Alemán), tiene temblando a muchos.

Es que ellos pusieron el pecho, pero detrás de ellos están los autodenominados “buenos”, que en un momento perdieron el rumbo y ordenaron o comulgaron con las peores atrocidades que esperamos jamás se repitan en Colombia. Y esa es la verdad que queremos saber, y esa es la verdad que muchos no quieren dejar decir. Bienvenida la Comisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición.