Una y otra vez, desde el año 2011 en Colombia se está advirtiendo del aumento de la tasa de deforestación y nada que la podemos controlar. La noticia ya no debe ser el repetido y crítico ascenso cada tres meses de la misma tendencia, sino el descenso o punto de inflexión en que la flecha mire por fin hacia abajo; especialmente en los territorios más ricos en biodiversidad, como un compromiso estatal nacional e internacional eficiente y real. Esta vez a las consencuencias, aparte de las locales ya conocidas, como la pérdida del agua y del patrimonio natural o la productividad social, se les suma la pérdida de confianza de la cooperación internacional, a través de sus programas de desarrollo rural sostenibles, especialmente de la Unión Europea.
Las mismas Naciones Unidas han advertido desde hace más de tres años en su estudio sobre medio ambiente y posconflicto, que las zonas prioritarias para la construcción de paz son áreas de más sensibilidad y vulnerabilidad ambiental por su riqueza natural, expuesta a nuevos incentivos para el cambio descontrolado del uso del suelo para la productividad de esos territorios. Más del 90 % de los municipios que son clave para la construcción de la paz, están en territorios conservados que tienen alguna figura de protección ambiental. De deforestar 140 mil hectáreas en el 2015, pasamos a perder 180 mil hectáreas de bosque natural en el 2016.
Esta tasa se calcula solo para “bosques naturales”, es decir, coberturas vegetales compuestas de árboles con una mínima altura de 5 metros, con una amplitud o densidad de sus copas superiores al 30 % de su crecimiento, y lo más importante, su masa vegetal debe abarcar una extensión mínima de una hectárea para que esta pueda ser comparada con el cambio de dicha área en la imagen tomada el año anterior. Si el bosque analizado no cumple con estas características, se descarta su inclusión en esta cifra. Por lo tanto, es solo para bosques densos, abiertos, fragmentados con esas condiciones, bosques de galería o los ubicados a lo largo de las márgenes y orillas de los ríos. También se incluyen los manglares, siempre y cuando cumplan con los tres criterios descritos anteriormente.
Este análisis además excluye las coberturas de árboles no naturales como plantaciones forestales, o los sembrados principalmente para la producción agrícola como los frutales u otros cultivos permanentes, o los árboles plantados en sistemas agroforestales y las áreas con vegetación original intervenida o destruida que puede encontrarse en estado de recuperación tendiendo al estado original.
Necesitamos urgente incluir el valor del bien del agua y de la naturaleza en el desarrollo de Colombia. Además, está demostrado que la conservación y el desarrollo encuentran su punto de equilibrio con la participación de las comunidades.
En Centroamérica la estrategia de conservación de bosques garantizaron la reintegración de las víctimas a territorios históricamente en conflicto con la entrega de títulos de propiedad para el manejo sostenible de los mismos, con proyectos de bajo impacto como el control de ciclos de corte de árboles de 30 a 40 años, entre 1.5 a 3 árboles extraídos por hectárea para garantizar los servicios de los bosques naturales y no la tala de hectáreas completas, eliminando el bien social de los mismos, como actualmente nos está sucediendo con la tala ilegal y los cultivos ilícitos.
Seguimos en deuda con la comunidad internacional que le apuesta a la reducción de gases efecto invernadero a través de estrategias que eviten dicha deforestación y a su vez le apuestan a la paz de nuestros territorios a través del desarrollo de programas económicos formales que sustituyan la ilegalidad e informalidad del sustento económico diario.
Por lo anterior, los desafíos más urgentes para Colombia seguirán siendo: construir la institucionalidad en territorios que nunca la tuvieron para el desarrollo de actividades económicas legales. Luchar contra la perversa frase de que “entre mayor riqueza de recursos naturales mayor pobreza”. Y generar oportunidades de negocios e inclusión social en los no valorados bosques naturales.