Urge enderezar
la inteligencia
del Ejército
Por Daniel González Monery
Universidad del Atlántico. Licenciatura en Ciencias Sociales. 8° semestre
moneri11@hotmail.com
Hace poco más de una semana, la Revista Semana reveló que el Ejército Nacional realizó seguimientos, o lo que ellos eufemísticamente llaman “perfilamientos” y “trabajos especiales”, a algunos periodistas colombianos y extranjeros, políticos, Ong, sindicalistas y académicos. Dichos perfiles recopilan información personal que incluyen teléfonos, direcciones de residencia y trabajo, correos electrónicos, amigos, familiares, hijos, colegas, infracciones de tráfico y hasta lugares de votación de cada una de las personas.
Esta es la segunda vez, en menos de un año, que la Revista Semana denuncia que sus periodistas (y otros) han sido víctimas de aquellos “trabajos especiales” por parte del Ejército, especialmente, de los Batallones de Ciber-Inteligencia (Bacib) que pertenecen a las brigadas de inteligencia militar y al Batallón de Contrainteligencia de Seguridad de la Información (Bacsi).
Decir de operaciones de inteligencia y contrainteligencia es una forma sutil para hablar del espionaje y contraespionaje que todos los países hacen. La inteligencia estatal es crucial y necesaria, aún más si se cuenta con peligrosos enemigos internos y un vecindario crítico, como es el caso de Colombia. No hay ninguna objeción si esa vigilancia estratégica se ejecuta debidamente.
El problema surge cuando se evidencia –otra vez– que la inteligencia está orientada hacia blancos ilegítimos, sin cadena de mando clara, desprovista de controles y con propósitos inciertos. Colombia ha tenido la mejor y la peor inteligencia. La mejor es aquella que permitió evitar atentados terroristas, magnicidios, tomas armadas y la que condujo al rescate de secuestrados.
La joya de la corona fue la Operación Jaque, que permitió sacar de la selva a Ingrid Betancourt y ponerla de vuelta en libertad sin disparar un solo tiro. No obstante, el país también ha padecido inteligencia retorcida. Es aquella que estigmatiza y pone en grave peligro a quienes denuncian, critican o piensan distinto dentro del marco democrático. La experiencia más oscura, sin duda, es el extinto DAS y sus vínculos con los grupos paramilitares.
No es que haya que modificar la Ley de Inteligencia, sino más bien aplicarla debidamente, entenderla e implementarla. Y exigirles rendición de cuentas a los jefes de los servicios de inteligencia, a la Fiscalía y a la Procuraduría.
*Taller de Opinión es un proyecto de
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