Utilidad de las evaluaciones
Frente a la tendencia a hacer poco caso a los estudios y más bien a promover el activismo y la “sembradera”, resulta necesario analizar y conocer las lecciones que se derivan de las evaluaciones de impacto de los programas de desarrollo rural.
Una de estas evaluaciones es la del Programa Oportunidades Rurales, que estuvo a cargo del Cede de la Universidad de los Andes.
Oportunidades Rurales operó entre los años 2007 y 2014. Su objetivo era aumentar las capacidades y los activos productivos, sociales, humanos y financieros de los pequeños productores agropecuarios. Para tal propósito, se entregaron recursos de cofinanciación a las organizaciones microempresariales de productores.
Según el Cede, el Programa fue concebido como un instrumento de política para mejorar la capacidad de generación de ingresos de la población rural.
Para adelantar el estudio, y a falta de una línea de base que diera razón de las condiciones en que se encontraban los productores y las organizaciones al inicio del programa, fue necesario utilizar una metodología que subsanara dicha deficiencia.
Esto, de entrada, deja una lección de gran importancia para los hacedores de política, pues la ausencia de la línea de base y de evaluaciones periódicas privó a las directivas del programa de mecanismos de retroalimentación para una mejor y más efectiva gestión.
Según el estudio del Cede, el programa de Oportunidades Rurales “tuvo impactos limitados y transitorios en los procesos de generación de ingresos y no ayudó a que sus beneficiarios salieran de la pobreza”. En otras palabras, el programa resultó poco eficaz para el propósito para el cual fue creado.
Sin embargo, el programa tuvo impactos positivos y permanentes para aquellos productores que contaban con mayores capacidades y niveles de riqueza y pertenecían a organizaciones relativamente más consolidadas.
Este resultado pone en evidencia problemas en el diseño y la ejecución del programa. En cuanto a lo primero, es claro que si la estructura del programa estaba pensada para un grupo de productores que enfrentan una serie de restricciones muy particulares y resultó ser más eficaz para otro grupo en el que estas restricciones parecieran no ser tan determinantes, hubo una clara falla en la concepción del programa. Esto, además, se vio reforzado por la falta de una adecuada focalización y del control del tipo de beneficiario.
La evaluación también pone de presente que el programa no tuvo en cuenta “los diferentes obstáculos y fallas de mercado que enfrentan los pequeños productores rurales”, lo que no permitió su adecuada inserción en los mercados de factores, bienes y servicios.
Entre las recomendaciones de política del estudio está la de “darle un vuelco a la política de desarrollo rural” fortaleciendo los bienes públicos y la inserción de los pequeños productores en los mercados de factores y bienes. Igualmente, se debe establecer una ruta de salida de la pobreza, perfeccionar la focalización y fortalecer la articulación entre instituciones y programas.
Como se ve, los resultados de la evaluación del programa de Oportunidades Rurales son de gran utilidad para que los hacedores de la política sectorial implementen iniciativas más pertinentes y eficaces.