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VENGA A NOSOTROS TU REINO

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20 de noviembre de 2016

Jesús muestra hoy de una manera única e impresionante todo su poder real y mesiánico de perdonar los pecados y de ofrecer el don de la salvación. Y con ese “hoy” expresa el sentido de su muerte para toda la humanidad; Él pasa de la muerte a su gloria, salvando a todos los pecadores, incluso al criminal que representa la escoria de la humanidad. Con razón decía San Ambrosio: “el Señor concede siempre más de lo que se le pide”.

Nadie debe dudar, a partir de este mensaje, qué tipo de Rey es Jesús. No hay equívoco posible: crucificado se le puede llamar Rey sin posibilidad de confundirlo con un rey de este mundo. La cruz es el momento de definir las cosas: los que mezclaban la realeza de Dios con la política, ante la cruz se dan cuenta de que Jesús no es el rey que ellos querían y se burlan de él o lo insultan, otros, como el llamado “buen ladrón”, representante del pueblo sencillo, que se reconoce humildemente pecador, se definen reconociendo en Jesús la presencia del Dios que salva viviendo lo que viven los hombres, gozando y sufriendo y muriendo con la humanidad, mostrando un camino concreto para vivir la vida humana con sentido y autenticidad, según la voluntad original del creador.

Desde el “trono y el séquito de la cruz”, Jesús dicta la sentencia contra el mal, esclarece la verdad sobre el hombre y su destino. Allí triunfa el amor perdonador sobre el odio que asesina, y al ladrón que le ha llegado la noche de las imposibilidades humanas se le promete un reino inmediato de verdad y de vida, el reino de la santidad y la gracia, el reino de la justicia, el amor y la paz.

“Venga a nosotros tu Reino”, decimos en el Padrenuestro. Es el Reino de Cristo que ya vino, pero no es aceptado. No podemos renunciar a la esperanza. Cristo muere por amor en la cruz y allí está escrito que El es el Rey, y él mismo promete el paraíso de su reino sin fin. Es la promesa de esperanza para todos los cansados, angustiados, desesperados... que quieran volverse a él con una humilde oración: !acuérdate de mí!.