verdades de un video de las farc
Analizar los gestos y los diálogos del video de 15 minutos divulgado el viernes por las Farc, plantea algunas reflexiones pertinentes frente a la caída del general Rubén Alzate en manos de las Farc y respecto del diálogo en Cuba para terminar el conflicto.
Y aun visto con ojos muy críticos, escépticos e hijos de la duda metódica, se advierten en él detalles valiosos para tejer otros retazos de verdad.
Lo primero es observar que las palabras de la abogada Gloria Urrego ratifican que el general y su pequeña e indefensa comisión estaban en Las Mercedes, Atrato chocoano, en desarrollo de un proyecto para generar energía y autogestión.
Suena muy romántico y al general, por eso, le han dicho de todo: el oficial papaya, el general pinocho, el pastorcito mentiroso... Bueno, cualquier epíteto que implique candidez, ingenuidad o mentira.
El general no se tomó la foto cómodo, pero tampoco rabioso. Simplemente le capturaron una imagen en la que se despide breve y pacientemente del jefe guerrillero “Pastor Alape”. Él no se estaba prestando, y eso se nota en el video, para circos mediáticos.
Es curioso que no haya hablado en el video, lo cual significa dos cosas: o conversó tan poco y a regañadientes que las Farc no le vieron valor a su testimonio y no lo incluyeron en el video. O, simplemente, se negó a dar declaraciones.
Pero el video aclara otras cosas: lo tenían guerrilleros de las Farc, armados con fusiles, y con radios y muy coordinados y no estaba precisamente de paseo por la selva chocoana.
Las Farc sí tenían al general y lo devolvieron, gústenos o no, sin contraprestaciones y sin esas dilaciones impiedosas e inhumanas con que mantuvieron cautivos, en la primera década de este milenio, a medio centenar de soldados, policías y figuras políticas.
También se ve en el video a esas comunidades rurales y periféricas que son más de medio país y que el otro medio país urbano ignora. Hay un país huérfano y luchador que, dejado a su suerte, se inventa cada día “la sopita y la papita”. Donde los niños se mueren de enfermedades curables, las mujeres paren seis y ocho niños de los cuales sobreviven, en promedio, tres. Un país estigmatizado, arrinconado por la pobreza, pero vivo, batallador. Y allí, gústenos o no, guerrilleros, paramilitares y coca han echado raíces. Esa es la verdad.
Pero lo que más me inquieta es que vi el video entre periodistas y sentí una tremenda desconexión con la realidad de esa Colombia lejana donde todo ocurre así.
Y preocupa que se esté buscando que las Farc dialoguen y propongan más, desde la política legal, sin armas, y que produzca tanto malestar y rechazo que la guerrilla haga un video (con todo y propaganda, claro), que asoma verdades, que muestra otra cara de la moneda, y que la única reacción sea desconocerlo de plano. No pidamos paz sin estar preparados para escuchar y ver otras versiones de nuestra realidad y de nuestros conflictos. El hábito, señores, no hace al monje.