Columnistas

Vicepresidente en carrera

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04 de agosto de 2015

Joe Biden tiene 72 años. Ha sido vicepresidente de Estados Unidos, en llave con Barack Obama, durante el último mandato y medio de la Casa Blanca. Su hijo mayor Beau luchó hasta el pasado mayo contra un complejo cáncer cerebral y antes de morir le pidió a su padre convertirse en candidato presidencial, como demócrata, y lucharle con fuerza las primarias a una Hillary Clinton que parece invencible. Hace cuatro días The New York Times se aventuró a decir que Biden hace llamadas a un ritmo frenético, recoge dinero entre empresarios y organiza su equipo. Las fichas se juntan meticulosamente porque se va a lanzar al agua. Quiere honrar a su hijo y llegar en enero del 2017 al Salón Oval.

Mientras los republicanos pelean una feroz batalla interna para evitar que la insensatez de Donald Trump acapare titulares y encuestas, los demócratas se enfilan a un cierre de 2015 caliente e inesperado. Las primarias solo arrancan hasta febrero del próximo año y ambas colectividades saben que definir un partidor con nombres de peso es fundamental. Hillary parecía encaminada a un paseo tranquilo y solitario, pero la aparición de Biden, de confirmarse, es una bomba política y mediática.

El vicepresidente es un hombre veterano, con amplia experiencia en el Senado y un conocimiento minucioso de la política exterior que fue su arma clave para que, en el 2008, fuera llamado a formar la pareja demócrata que buscaba reemplazar a George W. Bush. Tiene carisma y reconocimiento electoral y aunque a veces su interés por la improvisación lo ha llevado a errores discursivos, parece ser el líder idóneo para recoger las banderas de Obama y proclamarse como el político de la continuidad.

Obama está cerrando su mandato con un incremento en la popularidad poco esperado. Los logros en política exterior, en Irán y Cuba, pero sobre todo una recuperación sostenida de la economía y la disminución del desempleo, pueden convertirse en un empujón fundamental para la candidatura de Biden.

Si desde el otro lado insisten con la popularidad del magnate payaso, los demócratas tendrán tiempo de sobra para las discusiones programáticas y la pelea Hillary contra Biden ganará impulso. El juego les sirve a los liberales y sobre todo a la exprimera dama. Pero no pierdan de vista al veterano. Uno u otro será el próximo presidente de los Estados Unidos.