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Vivienda sincronizada

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14 de mayo de 2018

La vivienda como bien económico, puede entenderse de muchas formas. Es ante todo un bien básico, complementario de otro tipo de consumo e indispensable para obtener un ingreso, así como sensible a las variaciones de este último. Es además un bien durable, heterogéneo, inmóvil espacialmente. El mercado de vivienda es propenso a ser regulado por las implicaciones de su tamaño e importancia.

Otra de sus facetas es su importancia como activo. Con un costo por unidad tan alto no se compra vivienda sino muy pocas veces en la vida de una persona. Requiere una capacidad de ahorro importante y, casi siempre, financiación con deuda de largo plazo, con la propia vivienda como garantía. También es la forma de acumular, de ahorrar. En las economías modernas la vivienda, con algunas notables excepciones, es el componente más importante de la riqueza de los hogares. En Colombia, representa el 70 % del total de la riqueza.

Hasta hace poco, la formación del precio de la vivienda era considerada la de un bien no transable típico, aquel que se forma localmente debido a que se trata de bienes y/o servicios que no se pueden desplazar. Sin embargo, son cada vez más importantes otro tipo de factores en la determinación de dichos precios. En un estudio del FMI (House price synchronization: ¿what role for financial factors?, 2018) para 44 ciudades y 40 economías avanzadas y emergentes se encuentra que los precios de la vivienda se mueven de forma sincronizada. Esos movimientos en la misma dirección y al mismo tiempo son un rasgo del comportamiento de los precios de los activos financieros. Los movimientos comunes se acentuaron desde 2010, cuando se volvió atractivo invertir de nuevo en vivienda en todo el mundo, con mucha liquidez buscando seguridad y alguna rentabilidad, y bajas tasas de interés.

Colombia es uno de los países considerados en el estudio. Sus precios de la vivienda ya sea como país o como ciudad (Bogotá) están menos sincronizados con el movimiento general. La sincronicidad se explica para cada país por la flexibilidad de su tasa de cambio, la apertura de la cuenta de capital y los inversionistas globales atraídos por buenas condiciones financieras, este último el determinante menos importante para Colombia. Al parecer las cosas están cambiando, pues es noticia de prensa el interés de inversionistas inmobiliarios por Colombia. La noticia hablaba de un censo de 40 empresas extranjeras en el mercado colombiano.

Un precio de la vivienda comportándose como el de un activo financiero, como una acción o un bono, abre la posibilidad de que cualquier inversionista en el ancho mundo lo pueda influenciar. Esto representa un reto para la política económica de los países más involucrados. La importancia de la vivienda, el principal activo de las familias y uno de los negocios más importantes para los bancos, hace imperativo reducir la volatilidad de su precio. Hay que vigilar los precios en otras partes y actuar con medidas preventivas para evitar fluctuaciones excesivas en los internos.