Volver el amor a Medellín
Pensé en Medellín al leer un cuento de Art Buchwald, un reconocido humorista y columnista del Washington Post. Su escrito me recordó que incluso lo obvio debería expresarse a veces. Por eso, quiero compartir con ustedes este cuento de Buchwald.
El otro día estaba en Nueva York, y viajé en taxi con un amigo. Al bajarnos mi amigo le dijo al taxista, “Gracias por el viaje. Condujo a las mil maravillas”. Por un momento, el taxista se quedó sorprendido. “¿Está siendo sarcástico o qué?”, preguntó. “No, mi querido amigo, y no estoy tomándole el pelo. Admiro la forma en que se mantiene sereno con este tránsito pesado”. “Sí”, dijo el taxista.
“¿Qué significa eso?”, pregunté. “Estoy tratando de que vuelva el amor a Nueva York”, dijo. “Creo que es lo único que puede salvar a esta ciudad”. “¿Cómo puede salvar a Nueva York un solo hombre?”. “No es un solo hombre. Creo que le alegré el día a ese taxista. Supón que hace veinte viajes. Va a ser amable con esos veinte pasajeros porque alguien fue amable con él. Esos pasajeros a su vez serán más atentos con sus empleados o con los vendedores o meseros, o incluso con sus propias familias. Finalmente, la buena voluntad puede llegar a difundirse por los menos a mil personas. No está mal, ¿no?”.
“Pero dependes de que ese taxista pase tu buena voluntad a otros”. “Yo no dependo de eso”, dijo mi amigo. “Soy consciente de que el sistema no es a prueba de tontos, o sea, que hoy debería abordar a unas diez personas. Si de las diez, puedo hacer felices a tres, a la larga puedo influir indirectamente en las actitudes de tres mil más”. “Estás totalmente loco”, dije. “Eso demuestra lo cínico que te has vuelto”, me contestó. “Acabas de guiñarle el ojo a una mujer fea”, dije. “Sí, ya sé” –respondió. “Y si es maestra, seguramente hoy va a ser un día de clase fantástico”[...].
“¿Será que los ingenuos, como parece ser el amigo de Buchwald, son los que salvaran al mundo?”, me pregunté al leer este cuento. Porque en un mundo tan complejo y complicado como el nuestro, hay que ser ingenuos para vivir privilegiando la gratitud como emoción clave de nuestro corazón, ¿o no? Pero, expresar gratitud, o aprecio, es la mejor manera de potenciar e inspirar al crecimiento; las personas pueden realizar sus mayores avances con la ayuda del aprecio. Entonces, tratemos por un momento de dejar de lado al derrotismo y al pesimismo; es decir, aquellos pensamientos negativos que nos hacen creer que el cambio no es posible, que la cultura del “todo se vale” le gana a la solidaridad y a la compasión.
En cambio, durante un tiempo hagamos este experimento: asumamos las actitudes y las convicciones de los ingenuos; o sea, de aquellos que prefieren ser cándidos, abiertos, sinceros, bondadosos, honestos, puros, espontáneos, sencillos. Hagamos el experimento de inyectar amor a la ciudad de Medellín, mostrándole genuinamente gratitud y aprecio a la gente que encontramos durante el día, sin dar nada por sentado. Hagamos el experimento y observemos lo que pasa en nosotros y en nuestro entorno.