VOTAR POR TRANVÍA Y FOTOMULTAS
Con una decisión cívica, sensata y oportuna, el Alcalde Federico Gutiérrez negó la inclusión de la cabalgata en la Feria de las Flores. El aguacero de críticas ante la posibilidad de que se reanudara ese vergonzoso espectáculo fue casi tan fuerte como el que azotó el sur del Valle del Aburrá en la tarde sabatina. El malestar de la gente se hizo notorio sobre todo en las llamadas redes sociales. En Facebook abundaron los mensajes de protesta, algunos un poco desmadrados. La cabalgata chilla en una Feria bonita, amable, colorida, en la que el símbolo ha sido el Desfile de Silleteros, todo lo contrario del desorden anárquico y antiestético.
“Aquí lo importante es que hemos escuchado a la gente”, dijo el Alcalde para justificar su determinación. Ha demostrado que es consecuente con el carácter democrático de su elección. Llegó a la Alcaldía con una proporción muy alta de votos de opinión. En Medellín ha crecido una tendencia a elegir al margen de simpatías partidistas e intercambio de favores. Se rompe el estilo abominable de las componendas y el juego de intereses arraigado en muchos pueblos en los que el bien común es el menos común y priman los vicios clientelistas.
Las decisiones que afectan a los ciudadanos no deben ser imposiciones autocráticas. Además, si está probado que en una ciudad como la nuestra (sí, la nuestra) se ha ganado en seriedad y cultura política, lo obvio es que el Alcalde siga siendo consecuente con la naturaleza de su mandato. Y por consiguiente, que asuntos cruciales y controversiales, como la idea de hacer un tranvía por la carrera 80 o la aplicación de las fotomultas como instrumento de persecución alcabalera, se sometan a la deliberación pública y se resuelvan mediante el instrumento constitucional de la consulta popular.
Como “mecanismo de participación ciudadana”, la consulta popular se reglamentó en 1994 en los 104 artículos de la extensa Ley 134. Un alcalde es competente para convocarla en el plano municipal. El sábado pensaba proponerla para tres temas, los dos mencionados y el de la cabalgata, que se descarta gracias a la decisión del Alcalde Federico. Subsisten los dos factores de discusión y, por qué no, de malestar, el tranvía de la 80 y las fotomultas. Se trata de dos casos excepcionales, de importancia superlativa, que una administración que se acredita como respetuosa de la voluntad general bien puede dirimir por la vía más democrática. Nuestra ciudad, a pesar de las luces y sombras, los contrastes y dificultades, ha mejorado en materia de civilidad y estoy seguro de que respetará la decisión, ejemplar además para el resto del país, que somos capaces de tomar entre todos por medio del puro voto de opinión.