¿Y qué es una comunidad adaptable?
La semana pasada hablamos de empresas o instituciones adaptables, hoy debemos hablar de comunidades adaptables o de humanos adaptables. Precisamente, otra de esas características por las cuales los colombianos nos identifican es que tenemos iniciativa para participar, opinar y actuar en todos los temas, así no sepamos del mismo. Ese factor hace que la capacidad o la habilidad adaptativa de los colombianos para ajustarse a daños potenciales, aprovechar las oportunidades o responder a las consecuencias del clima sea muy alta, en comparación a otras naciones o culturas más tímidas, más formales, inclusive más conformistas.
Recordemos que adaptación al cambio climático, de acuerdo al IPCC ( Panel Intergubernamental del Cambio Climático, única fuente oficial para definirlo) es el proceso de ajuste a los efectos de las actuales o esperadas condiciones climáticas, a través de la minimización o prevención de los daños, y del aprovechamiento de las oportunidades que estas dejan en el territorio o en cualquier actividad productiva.
Pero para diseñar unas buenas medidas que permitan ese ajuste lo primero que deben conocer las comunidades o las personas que se adaptan son precisamente esas condiciones climáticas. Y es allí donde está ese gran reto. No solamente local, regional o nacional sino global. Hasta los países más desarrollados necesitan avanzar en investigación, datos y tecnología, así como en la formación de profesionales en hidrometeorología que les permita diseñar correctamente las estrategias y medidas a largo plazo, entendiendo que esta nueva cultura de cambio de hábitos en la sociedad será para siempre.
De acuerdo a las lecturas de los expertos internacionales, los factores que determinan esa capacidad adaptativa de los humanos son su nivel del bienestar económico, tecnología específica apropiada, información pertinente y habilidades profesionales con conocimiento, infraestructura construida para evitar los desastres, instituciones preparadas para defender a sus ciudadanos y equidad en el acceso y distribución de los recursos económicos.
Como ninguna de esas determinantes las tenemos en las veredas de Colombia, alguien podría decir que la capacidad de adaptación es muy baja, pero la capacidad de las comunidades indígenas o campesinas organizadas, a pesar de la falta de esos determinantes, es muy alta, pues durante años han tenido que adaptarse de manera natural a los cambios observados en la naturaleza. Ese potencial, combinado con la pasión y ganas del cambio, hacen que seamos una cultura con alta capacidad para ajustarse a dichos cambios.
Y precisamente fueron esas las ganas por el cambio que hicieron que el país fuera el primero en el mundo en comenzar a implementar proyectos y programas de adaptación al cambio climático en comunidades indígenas y campesinas. Un ejemplo exitoso es la comunidad del cerro Zamaricote y en la cuenca alta y media del río Ariporo y río Guachiria, en Casanare.
Gracias al programa de Ecopetrol para reducir los impactos del cambio climático en las áreas de influencia de la compañía y por lo tanto conservar la biodiversidad y mejorar la gestión integral del recurso hídrico, con el liderazgo de la Fundación Natura y la Fundación Horizonte Verde de Villavicencio, lograron hacer lo que muchos todavía no creen: poner de acuerdo a toda una comunidad con diferentes intereses, reordenar y reorganizar los usos y actividades económicas predio a predio, firmar acuerdos de largo plazo, y definir todas las medidas y portafolios eficientes de sostenibilidad que sus hijos y nietos necesitan.
Gracias a este mismo proyecto, los líderes de estas comunidades, además, fomentan el manejo sostenible del recurso suelo en la sabana inundable, como sistema de soporte biofísico de la ganadería bovina. Establecen y mantienen corredores de conectividad entre la estrella hídrica del cerro Zamaricote y la cuenca media del río Ariporo, como estrategia complementaria para la conservación de la biodiversidad y mantenimiento de los servicios ecosistémicos, y levantaron un portafolio de áreas para compensaciones ambientales obligatorias y/o voluntarias que orientará la inversión planificada de recursos para la conservación de la biodiversidad.
Ejemplo de integración de actores y paz sostenible, como para replicar en toda Colombia y toda América.