¿Y si matamos a los antioqueños?
Por ALFREDO TAMAYO JARAMILLO
altamayoja@une.net.co
“Antioquia quiere guerra, que peleen ellos”. “¿Por qué todo un país debe someterse al capricho de unos asesinos?”. “¿Y si matamos a TODOS los antioqueños?”. Esto circuló luego del plebiscito, supuestamente desde el Facebook de Víctor Enrique Navarro Hoyos. Al domingo siguiente, en El Espectador, ocho de sus once columnistas de opinión incrustaron frases así:
Piedad Bonnett, “En qué país vivimos”: “(...) mientras que en Medellín, “la más innovadora” y “la más educada”, se expresó mayoritariamente el pensamiento ultraconservador, en las regiones más apartadas y golpeadas por la violencia ganó el progresista Sí...”. “(...) Su líder, que ahora se viste de oveja para disfrazar su irresponsabilidad...” “(...) usaron el plebiscito para perpetuar el país reacio al cambio...”.
Tatiana Acevedo, “Espejo Central Bolívar”: “En una rara premonición, Convergencia Ciudadana promulgó muchos de los valores que luego consagró el uribismo. La verraquera, la dureza en el carácter. El desprecio de las debilidades, de las cursilerías, de los afeminamientos. La antipatía hacia los movimientos estudiantiles, las rebeldías y discusiones sobre igualdad. El resentimiento hacia una élite blandita, que tutea en los clubes y no sabe trabajar”.
Héctor Abad, “Del suelo al cielo”: “Con la vulgaridad de esas mentiras, con la maliciosa estrategia de meter miedo (...), convencieron a buena parte de un electorado medroso e influenciable de que Santos era más o menos el demonio...”. (...) Ya no van a poder engañar al pueblo ingenuo con más mentiras”.
Alejandro Reyes, “La pasión de Uribe por humillar a Santos y las Farc”: “prefieren arriesgarse a la continuación de la guerra con tal de conseguir un acuerdo ideal de rendición”. “(...) él está dispuesto a usar todos los recursos propios del populismo de derecha, como la tergiversación y la mentira, (...). “(...) la pasión de Uribe por humillar al premio Nobel Juan Manuel Santos (...) parece ser su más íntimo anhelo”.
Felipe Zuleta, “Un merecido premio”: “Esa permanente actitud de odiar del senador Uribe (...) Pensar que el Nobel de paz equivale al premio como el gran colombiano, que se ganó Uribe, pues realmente es un disparate”.
Alfredo Molano, “Bitácora de una esquizofrenia”: “Uribe empuja al país por el despeñadero de la guerra”. “Si cesa el cese, los muertos deben ser agregados en la cuenta abierta de Uribe”.
Ramiro Bejarano, “Todavía se puede”: “(...) uribistas, que se nutren del odio y el engaño (...) empresarios “paracos”. “(...) cuadrilla de capataces camuflados de redentores que es el partido de Uribe”. “(...) silencio cómplice del mediocre ministro de Justicia, Jorge Eduardo Londoño. “(...) el paracaidista Carlos Holmes Trujillo (...) “(...) para luego tomarse el poder con alguno de esos tres charlatanes...” “(...) jóvenes humillados viendo cómo sus ilusiones se sepultaron por un fraude electoral”. “(...) criptouribistas (...) —como el momio caleño Alejandro Eder—...”.
Cosas, entre muchas otras, que no publicitaron ni “Romaña” ni el “Paisa”. ¡Qué cantidad de bilis en cuatro páginas de un diario tamaño tabloide! Con razón hay quien pregunte: “¿Y si matamos a todos los antioqueños?.