Ya la culpa es de los animales
Por Luisa Londoño Vallejo
Universidad Pontificia Bolivariana
Facultad de Com. Social, semestre
@Luilondo11
Días atrás tuve un debate con un compañero, él decía que le impresionaba cómo en Medellín las personas se conmueven más por un animal que por una persona pobre. Le sorprendía la gran cantidad de campañas que se desarrollan para ayudar a los animales y las pocas que hay para ayudar a los pobres. Situación que me dejó pensando.
No hay que desconocer que en Medellín todavía reina la desigualdad. Sin embargo, la actual Alcaldía destina 19 mil 661 millones para los habitantes en situación de calle.
Este dinero, según el Plan de Desarrollo de la actual Alcaldía, se invierte en programas y centros de atención para esta población, los cuales cuentan con: médicos, trabajadores sociales, psicólogos, nutricionistas, psiquiatras, educadores, nutricionistas y licenciados en deportes de lunes a sábado, además de las posibilidades de participar en actividades recreativas, deportivas y culturales.
Lo anterior sumado a la solidaridad de la mayoría de los paisas, el sinfín de campañas sin ánimo de lucro o voluntariados que día a día se desplazan a lugares de bajos recursos. Las personas que sacan “la ropita que ya no utilizan”, hasta los que dejan un “sobradito” y salen a buscar a una persona para regalárselo. Como una vez me dijo un habitante de calle: “la gente parece que era muy mala en la otra vida o que todas las promesas las tienen que pagar con los pobres”.
¿Por qué indignarnos si hay la misma o más cantidad de ayudas para los animales? Son seres vivos, pero con una gran diferencia... ellos no tienen la capacidad de decir: “tengo hambre”, “voy a trabajar para poder comer”. El ser humano tiene la capacidad decidir qué quiere de su presente y construir su futuro. Un animal, no.
Sin dejar de resaltar lo importante que son las ayudas para las personas de escasos recursos, principalmente para erradicar la desigualdad en la que vivimos. El problema es qué tanto estamos motivando a las personas a que salgan de su zona de confort.
No es tanto la pobreza material, sino la pobreza mental. Esa costumbre de esperar a que todo se lo regalen. Tal vez es ese tipo de ayudas que escasean en esta sociedad. Quizá sea cierto, una persona no es pobre por cómo vive... es pobre por cómo piensa.
*Taller de Opinión es un proyecto de El Colombiano, EAFIT, U. de A. y UPB que busca abrir un espacio para la opinión
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