Columnistas

YA NO QUIEREN LLEGAR A VIEJOS

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03 de agosto de 2015

juanjogp@une.net.co

Los viejos estorban en una sociedad cada día más contaminada por el relativismo valorativo y el utilitarismo inhumano. La tendencia más agresiva contra la llamada tercera edad la dejó en evidencia nadie menos que la directora del Fondo Monetario Internacional, Christine Lagarde, cuando advirtió que los ancianos son un riesgo demasiado costoso para la economía global y “hay que hacer algo”. Eso coincide con que en muchos jóvenes esté desvaneciéndose la aspiración antes sabia de llegar a la vejez. Lo quieren todo en forma inmediata. No aceptan consejos y están expuestos a cometer los más peligrosos errores y a caer en los más deplorables engaños.

Me ha causado intriga y pesadumbre el caso de la muchacha colombiana capturada en China en unas circunstancias que desconocemos por el hermetismo y la insuficiente información que provienen de ese otro mundo exótico en el que uno empieza a sentirse al salir de Anchorage, Alaska, bordeando el Círculo Polar Ártico. Es inaceptable juzgar, hacer conjeturas aventuradas, así como tratar esa situación con ánimo y curiosidad morbosos. No hay derecho a arrogarse la potestad de ser conciencia ajena. Que actúe, sí, con la eficiencia y la celeridad que no ha demostrado, una Cancillería colombiana que no debe eludir la grave responsabilidad de intervenir para que a los compatriotas caídos en desgracia en otros países se les respeten prerrogativas esenciales (¿y universales?) como la presunción de inocencia y el debido proceso.

En general sí encuentro alarmante identificar la afectación de tantos jóvenes engañados por el facilismo, la pasión desbordada por el dinero, el poder y la fama, la búsqueda obsesiva del éxito con base en apariencias frívolas, la negación de la disciplina y el esfuerzo como claves del verdadero progreso individual y, en fin, todos esos factores de envilecimiento de la calidad humana que se notan día tras día en las noticias. Claro que hay grietas enormes en la educación y en la formación inicial desde el hogar. Y se detectan en todos los estratos socioeconómicos, pues no es justo asociar esas fallas tremendas con la pobreza o el nivel de escolaridad alcanzado. La mala crianza, la ambición, el hábito de la vida muelle y desentendida de la realidad y la resistencia acrática a cumplir con los deberes correlativos a los derechos se extienden por todas las clases.

Algún día ha de aparecer alguien que invente estrategias para recobrar el hilo perdido de la educación en valores éticos y morales, un asunto subestimado por las fuertes corrientes utilitarias que se adueñan del mundo actual y menosprecian el consejo como clave para llegar a la vejez (que, a propósito, tanto alaban los filósofos chinos, como Lin Yutang), porque está de moda negar la sapiencia de la antigüedad.