Ya somos semillas independientes de paz
Si hay algo que he podido sentir marchando en las calles es la inspiración. Este recurso que habíamos perdido hace tantos años, donde los artistas, escritores, periodistas y científicos debían salir de este territorio o moverse de sus originales estudios o laboratorios para comenzar o terminar sus poemas, libros, artículos, cuadros o canciones, o simplemente demostrar una idea, método o teoría. Ahora esta deambula muy alegre por las calles y veredas sin que nos percatemos de ella. Pero también pude ver detrás de ella que marchaba el amor.
¿Cómo materializar estos nuevos y desconocidos recursos que hoy corren por las veredas y darles un valor mucho más alto al que les habíamos dado al miedo, a la tristeza y a la muerte?
¿Cómo vigilar que esta paz que se siente en las calles y veredas no nos sea indiferente y permanezca para siempre? Precisamente esa es la función de estos nuevos Guardianes de Paz en que nos hemos convertido de manera espontánea y natural.
Por ejemplo, una tarea realizada por un Guardián de Paz es reportar y recomendar a todo un premio Nobel de la Paz no anunciar que a partir del 31 de diciembre volvería el miedo y la muerte a los territorios, con el retorno de las hostilidades y las armas, o que una guerrilla, que había ofrecido sinceramente perdón a todas las víctimas del conflicto por el dolor causado en esta guerra, vuelva a sembrar miedo y sufrimiento para solucionar sus propios conflictos.
La paz ya llegó y no nos dimos cuenta. Eso era lo que necesitábamos: una nueva actitud para solucionar nuestras diferencias a través del diálogo entre las personas y no el del miedo a Dios o el de las armas. Es por esto que los resultados que busca un nuevo acuerdo ya se sienten en las calles y en el campo. Es decir, la paz no depende de unos pocos sentados a una mesa sino de nosotros mismos inspirados en el amor.
¿Cómo proteger este nuevo comportamiento de la sociedad que fluye por aceras y campos sin distinción alguna? ¿Cómo podemos evitar que el miedo y la muerte vuelvan? Si por primera vez estamos dejando que la naturaleza haga su trabajo y por lo tanto creo que debemos seguir permitiendo que sea ella la que nos siga mostrando este cambio.
La keniana Wangari Maathai, premio Nobel de la Paz - 2004, nos lo enseñó: a través del empoderamiento local, no desde el empoderamiento de Bogotá, sino desde los pueblos, como actualmente está sucediendo de manera espontánea en Colombia, porque la gente está cansada del actual modelo de desarrollo y político impuesto y que no funcionó.
Ella comenzó con un propósito de restaurar la casa a través del amor por el territorio. Devolviéndole al suelo, con todos los actores en conflicto, el agua, el bosque, los alimentos, y usando muy bien las cualidades autóctonas de cada sociedad, empoderándolos para superar la inercia e indiferencia a través de la identificación de sus problemas, causas y soluciones. Aprendieron que eran parte del problema y que el mundo, y no solamente ellos, se enfrentaban a la corrupción, la violencia, la destrucción de familias y culturas, actividades ilícitas, generación de epidemias y desnutrición, a la falta de agua y al desarrollo de enfermedades por falta de atención oportuna. Y ahora son guardianes de la naturaleza y de la paz.
En Colombia ya tenemos ejemplos parecidos para ser replicados, cuyo principal reto será entonces que estos 46 días de paz no terminen el 31 de diciembre, aunque el presidente o la guerrilla o los negociadores o algunos pocos así lo anuncien.
Gracias a la inspiración de esta nueva sociedad siento que todos somos ya semillas independientes de paz. Y que por lo tanto no necesitamos de acuerdos de papel para sabernos comportar en una sociedad de derechos y deberes colectivos. Ahora, germinarla y protegerla, y aprovechar sus mejores frutos para las nuevas generaciones, será la gran responsabilidad.