Columnistas

¡Yo no permito!

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07 de julio de 2016

Por Simón Pérez Londoño
Universidad Eafit
Ciencias Políticas, 8° semestre.
@simonperezlon

Que Medellín es uno de los destinos preferidos en materia de turismo sexual no tiene duda. Ello es tan evidente como el hecho de que hay bandas y mafias que se aprovechan de sus rentas, que extraen su jugo y la demanda que permite un mundo globalizado en el marco de un capitalismo que erosiona las entrañas mismas de la moral.

Lo más grave es que este fenómeno propicia un hecho que en sí mismo debe avergonzarnos como humanos: la explotación sexual de niños, niñas y adolescentes. Nuestros niños han sido obligados por criminales a vender su cuerpo, a satisfacer este aberrante negocio. No es cuestión de prostitución infantil, es un abuso violento y mezquino contra la niñez.

Y esto último viene ocurriendo en nuestras narices, en lugares tan visitados como el Parque Lleras y sitios emblemáticos del Centro como la Plazoleta Botero o el viaducto entre las estaciones San Antonio y Prado del Metro. Incluso a plena luz del día, con la complacencia de ciudadanos y algunos hoteles, hostales, taxistas y bares, se comete uno de los crímenes que más hacen dudar de la naturaleza humana.

Según registros de la Administración, el año pasado fueron atendidos 194 menores víctimas de explotación sexual en la ciudad. No obstante, expertos han afirmado que la cifra de víctimas es mucho más elevada y que la respuesta institucional sigue siendo deficiente.

Pero la responsabilidad no es solo de las autoridades. Muchos de nosotros hemos visto en nuestras calles evidentes indicios de este tipo de explotación y no hemos denunciado o actuado, hemos guardado un silencio cómplice y doloroso. Es como si nos resignáramos a aceptar que como humanos tocamos un fondo del que no es posible levantar cabeza.

Este es un tema en el que la corresponsabilidad ciudadana debe empezar a dar sus frutos. Una sociedad que permite la explotación de sus niños, según el ojo mezquino del dinero y el crimen, está condenada a cavar su propia tumba en el cementerio de la pestilencia.

*Taller de Opinión es un proyecto de
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