Ecobarrios: ¿una respuesta desde lo local al cambio climático?
En Cali está el primer ecobarrio reconocido en Latinoamérica, una apuesta que se ha extendido a otras ciudades de Colombia.
Huertas comunitarias, compostaje, recolección de agua lluvia, energías alternativas y reciclaje son algunas de las estrategias que tienen los ecobarrios para transformar la manera en que un territorio se relaciona con la naturaleza. Su apuesta, más allá de iniciativas aisladas, conecta dimensiones sociales, económicas, urbanas y ambientales.
La idea nació en Francia a principios de los 2000 como parte de una política para impulsar ciudades sostenibles, poco después el écoquartier se convirtió en un modelo de referencia para países como Colombia, donde algunas propuestas han logrado sostenerse y otras no. ¿Qué hace la diferencia y cómo determinar el “éxito” de los ecobarrios?
Medioambiente y tejido social
No existe una definición única, pero en términos generales un ecobarrio combina acciones ambientales, participación comunitaria y mejoras en la calidad de vida. Para Juan Carlos Valencia, investigador de ecobarrios en Colombia, el interés de sus habitantes no nace siempre de una preocupación profunda por el cambio climático, sino que puede surgir de deseos personales como embellecer el barrio, cultivar plantas o restaurar espacios. Lo indispensable es que exista tejido social con relaciones de confianza, colaboración y organización.
Valencia explica que, aunque no existe una fórmula, sí hay una serie de condiciones y elementos a favor para gestar un ecobarrio. “Lo primero es que haya territorio”, con esto se refiere a espacios como parques o zonas verdes donde puedan desarrollarse iniciativas ambientales; también menciona la existencia de una comunidad organizada con sensibilidad por la naturaleza y con liderazgos horizontales, “que sean los mismos vecinos quienes se echen el proceso al hombro”. También, agrega que es necesario un detonante que ponga en marcha la idea, la posibilidad de alianzas y las condiciones climáticas para los cultivos urbanos.
Ecobarrios en Colombia
A Colombia la idea llegó a comienzos de los 2000 en el gobierno de Antanas Mockus, sin embargo, muchos de estos procesos desaparecieron cuando se acabaron los recursos. Según Valencia, la diferencia está en el tipo de tejido social, que la iniciativa la abandere una comunidad organizada y activa. “El mejor indicador es la durabilidad”, cuenta. Si con el tiempo los habitantes siguen participando y las estrategias se multiplican, significa que el ecobarrio va por buen camino.
Actualmente, Colombia tiene dos ecobarrios con dos sellos EcoQuartier cada uno: el barrio San Antonio, en Cali; y La Esmeralda, en Bogotá.
- Modelo ÉcoQuartier
- Acompaña y reconoce los procesos de ecobarrios según la etapa en la que se encuentren:
- ÉcoProjet: cuando el proyecto apenas se plantea
- ÉcoQuartier en chantier: un ecobarrio en transición, en construcción.
- ÉcoQuartier livré: cuando ya se denomina ecobarrio.
- ÉcoQuartier vécu: tres años después, cuando se evalúa cómo funciona.
Primer ecobarrio reconocido en Latinoamérica: San Antonio, Cali
Entrevista a Mauricio Sánchez, líder actual de San Antonio.
El proyecto inició en 2018 como una propuesta del Departamento Administrativo de Gestión del Medio Ambiente para replicar el modelo francés en dos barrios de Cali: San Antonio y Aguacatal. Entre los convocados estaba Mauricio Sánchez, líder actual de San Antonio y director del centro cultural Casa de las Burbujas. EL COLOMBIANO conversó con Sánchez sobre este proceso.
Ya son ocho años del proyecto, ¿qué acciones impulsan para fortalecerlo cada día?
“Los ecobarrios tienen siete líneas de acción: agricultura urbana, sistemas de compostaje, sistemas de recolección de agua lluvia, utilización de energías alternativas, economía circular a través de mercados agroecológicos, reciclaje y ruta selectiva de residuos sólidos. Adicional a eso, nosotros agregamos comunicación y deporte comunitarios con conciencia ambiental”.
¿Y cuáles son los proyectos insignia?
“Una es la ecoescuela pública Carlos Alberto Sardi en la que están muchas de las estrategias del ecobarrio. Allí se ha transversalizado la educación ambiental en todas las materias, funciona en un ciento por ciento con sistema fotovoltaico, tiene recolección de aguas lluvia con capacidad de 3.500 litros, una huerta madre, sistema de compostaje, jardín polinizador y un aula vivero. De ella se benefician 350 niños. También tenemos un mercado agroecológico que implementa la economía circular en el que participan 25 familias que generan sustento y, además, desarrollamos un piloto de recolección de residuos con una ruta selectiva de residuos sólidos y orgánicos que está obligando a las entidades oficiales a implementar acciones ambientales”.
Ya tienen el segundo sello del modelo ÉcoQuartier ¿cómo sabrán cuando sean ecobarrio?
“Nosotros estamos aún en transición. Se calcula que puede llevar entre 15 y 20 años ser un ecobarrio y se define cuando el 60 % de su población está vinculada a procesos comunitarios en cuatro de las líneas de acción que se tiene. Nosotros estamos entre un 15 % y 20 %”.
¿Cuál es el principal reto que han enfrentado?
“El apoyo administrativo. Solo recibimos recursos por aproximadamente 18 meses de los ocho años que llevamos; pero también tenemos conflictos con aspectos como movilidad, ruido, espacio público, turismo y aseo, que es de competencia administrativa. En 2024 los franceses nos visitaron para el tercer sello, pero ese evalúa la relación de la comunidad con la institucionalidad y nosotros nos negamos. Es que sí así somos sin apoyo, ¡imagínese con los recursos!”.
Hoy, Cali cuenta con cinco barrios ecológicos que se articulan en el Comité Ecobarrios de la ciudad con el fin de unificar sus voces y replicar resultados alrededor de una estrategia de sostenibilidad que busca mitigar y adaptar el territorio al cambio climático.
En términos ambientales globales, podría decirse que una golondrina —un ecobarrio— no hace verano, pero el impacto comienza a escala de barrio cuando una comunidad se organiza, transforma su entorno y logra sostener esas acciones en el tiempo. El reto está en generar las condiciones para replicar estos sistemas y convertirse en una red de territorios que hagan de la acción local una respuesta colectiva.