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Desarraigo, la inspiración de un artista colombiano en Australia

Carlos Agámez es uno de los pocos artistas latinoamericanos que ha logrado entrar en la comunidad artística australiana. Acerca de él y su carrera es el Perfil Tuitero de esta semana.

Comunicadora Social-Periodista de la UPB. Periodista de Interacción y Comunidades

25 de abril de 2016

Las historias de los inmigrantes, de los refugiados, de los desplazados, finalmente, de quienes han perdido su hogar lo persiguieron hasta que se convirtió en uno de ellos.

En Sídney, Australia, Carlos Agámez García, un colombiano -caribeño hasta los tuétanos- sigue hablándole al mundo de cómo es enfrentarse a reconstruir un hogar, un lugar al cual pertenecer, cuando este se ha dejado por historias de violencia y de injusticia, o por las ansias de un reencuentro profundo con uno mismo.

Ya ha realizado dos exposiciones en salas australianas y muchas más por fuera de ellas, en las calles, playas y escenarios de Sídney. “Se podría decir que hago instalaciones artísticas. Yo lo describo como escultura a gran escala. El arte que hago es desde la gente, desde lo que nos toca a todos”, dice.

Este cartagenero empezó a dibujar y pintar desde niño todo lo que le parecía insólito, “sobre todo ciudades y gente”, cuenta. Estudió diseño gráfico en su natal Cartagena para ponerle oficio a esa manía, pero fue en el arte que encontró una sola vía de escape para sus pensamientos, su talento, su carisma y el don de la palabra a flor de piel que ni en un idioma diferente al suyo puede atajar.

Este personaje le contó a EL COLOMBIANO, a través de su cuenta en Twitter @agamexcarlos, cómo se convirtió en uno de los pocos latinos que expone en la escena del arte de Australia:

¿Cómo empezó su carrera?

“Empece a hacer talleres de arte con desplazados a las afueras de Cartagena, en un barrio de invasión de aproximadamente 1.000 personas que se llama Madre Herlinda. Fue en el año 2008 luego de mi regreso a Colombia después de vivir en Europa. Volver me hizo ver cosas que me pertenecían y que me incomodaban; quería saber más aparte de lo que decían los medios y fui a la gente directamente, para escuchar sus historias, comparar vivencias y acercarme a ellos a través del arte”.

¿Por qué decidió irse del país?

“Recibí una beca para completar una residencia artística en Australia, otorgada por la Unesco”.

¿Cómo vive un caribeño como usted en Australia?

“Me parece que no es fácil, pero el mar en Sídney me trae buenos recuerdos de hogar. Mi trabajo se basa en conectarse con el hogar luego de haberlo perdido todo, yo estoy en el mismo proceso: encontrando mi hogar, el mar me acerca. Me hace falta la espontaneidad de la gente y las buenas tertulias, la música, sobre todo, y los colores, pero veo otras cosas”.

¿Cómo ha hecho para abrirse espacio como artista en Australia?

“Estando aquí empecé a comparar a los desplazados en Colombia y a los refugiados en Australia, y así nació una obra. Pero no ha sido fácil porque la comunidad artística en Sídney es bastante cerrada. Lo que hago es crear mi propio espacio, conociendo gente. Me he acercado directamente a los refugiados, los escucho y trabajo con ellos, las realidades son tan paralelas... y de allí creo. Todavía estoy en un proceso de vivir como artista en un lugar aún desconocido para mí, pero aplico lo que hago en los talleres”.

¿De qué se tratan sus exposiciones en ese país?

“Han sido muy enfocadas al tema de los refugiados aquí, al trato que se les da y la falta de información. No mucha gente sabe en realidad qué pasa con ellos, cómo llegan a Australia y cómo se podrán incluir en la vida de aquí”.

Esta temática del desarraigo y/o arraigo, a la vez, está muy marcada en su trabajo. ¿Qué piensa de esto?

“Me inquieta cuando veo que sucede de diferentes formas allá y acá. Creo que como colombiano me afecta, siento que el hecho de tener que salir de casa ya es una manera de estar expuesto. Y muy diferente cuando te fuerzan a irte, cuando te llevas nada, es una experiencia que me cuesta entender, por eso la comparto. Estoy en un proceso de encontrar ese espacio de hogar, cuando trabajo con refugiados les digo cómo deben empezar a construirlo, al mismo tiempo que construyo el mío, es un proceso de acercamiento a un nuevo espacio e identidad que toma tiempo”.

¿Qué comentarios ha recibido por parte de los australianos?

“Se sorprenden al ver a un inmigrante hablando de temas locales, de lo que nadie habla en este país, de lo escondido. Cuando muestro esa realidad de los refugiados, se alarman, pero muchos se interesan por el tema. Una vez alguien me dijo que estaba feliz de que me interesara este tema”.

¿En qué está trabajando ahora?

“Como artista nuevo en este país no es fácil, pero lucho y vivo por hacer lo que quiero y por hacer visibles historias ciegas. A mí como inmigrante y a los demás que vienen como refugiados que compartimos muchos sentimientos y preguntas. Trabajo en un proyecto con video en espacio público, acercándome a la gente y escuchando historias y conectándolas. Mi idea es seguir haciendo arte, llenar este país de eso.

¿Piensa regresar a Colombia?

“Me gustaría, quiero llenarme de mucha experiencia del mundo y regresar a hacer mucho trabajo colaborativo”.