Twittercrónica

Pesebres, tradición que no muere

Creaciones para demostrar el fervor religioso y compartir en comunidad todavía hacen parte de diferentes barrios.

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Comunicadora Social-Periodista de la UPB. Periodista de Interacción y Comunidades

18 de diciembre de 2015

Encontrar un pesebre creado en familia o con los vecinos de la cuadra es una de esas tradiciones que alegra, ya que estos amplios montajes han sido desplazados de las salas de las casas por falta de espacio y por el desinterés de las nuevas generaciones.

No obstante, la Twittercrónica encontró esta semana cuatro lugares en Medellín donde esta costumbre se mantiene. Tienen mucho más que las figuras del Niño Jesús, María, José y los reyes magos. Jirafas, rinocerontes, perros, gallinas y hasta edificios se afincaron en estos nacimientos elaborados para acompañar la novena.

Un sueño comunitario

La unidad residencial Robledo Real queda en una montaña desde la que se ve Medellín grande y urbanizada en las laderas del valle. De sus 23 casas y casi cien vecinos, la mayoría esperaba con ansias la noche del 16 de diciembre (comienzo de la novena).

Desde junio, Wilson Merchán, uno de los habitantes de esta zona, empezó a trabajar en el pesebre casi secretamente. Cercó una parte del área de pasto que separa las dos hileras de casas y allí dispuso los animales, las casas y los personajes de plástico y cartón, que los vecinos le entregaron.

“Uno hace esto para recordar la infancia. En todas las partes que he vivido siempre he sido muy animado con la Navidad”, dice Wilson y agrega que este año miró videos en YouTube para tomar ideas de cómo hacer “un pesebre de grandes dimensiones”.

Este queda frente a la casa de Margarita Álvarez, quien sale al paso de la visita de la Twittercrónica porque quiere resaltar el natural jardín que tiene el pesebre. Cuenta que los niños son los más ansiosos por estrenar, “además esperan su regalito cuando terminan las novenas”, por eso, están haciendo una rifa para recoger dinero y comprarles aguinaldos.

Navidad sin lugares vetados

A diferencia del pesebre de Robledo Real, en el Parque del Periodista, en pleno centro de Medellín, hicieron uno solo para los grandes. Juan David González y Juan Pablo Osorio quisieron darle alegría a quienes pasan su tiempo en este lugar, “hay gente que a veces no vive la Navidad en sus casas, así que acá nosotros la pusimos y más de uno colaboró”, cuenta Juan David. También adornaron algunos árboles con bolitas de colores.

Él dice que solo quería llevar la tradición que ha tenido siempre en su casa, en Boston, al ‘El Parque’ donde pasa gran parte del día: “a mí me da mucha alegría la Navidad y no la podía dejar pasar sin que se sintiera en este lugar”, concluye.

Juan Pablo, el otro doliente, piensa en hacer una fritanga antes del 24 para celebrar y reunir gente alrededor. “Por ahora, hay que reponer la virgen que se desapareció”.

De la obra a la celebración

No falta ni la novena ni la natilla con buñuelo aunque está en una obra de construcción cerca a las Torres de Bomboná, donde se edifica el conjunto residencial Tranvía Plaza.

Allí los trabajadores crearon un pesebre en el que representan las actividades de la construcción como: excavación, perforaciones en roca y transporte de material. La creación incluye el nuevo tranvía, la iglesia San José, edificios y el cerro Pan de Azúcar.

Edward González, de camisa y casco amarillos, dice muy sonriente que esta actividad, además de unir a los compañeros de trabajo le gusta porque le recuerda a cuando era niño.

Esta iniciativa participa en un concurso, que realiza la constructora, e involucra a otras edificaciones del Valle de Aburrá.

Con mucho espíritu navideño

La tradición está léjos de morir en la casa de la familia Vasco, en el barrio Manila, cerca a la estación de policía de El Poblado.

Si usted pasa por ahí, en medio de negocios y restaurantes que pululan, un antejardín le llamará la atención: la rejilla está adornada con moños y campanas y detrás verá un pesebre “con todos los juguetes”, tradicional, como los de iglesia, con figuras de cerámica y barro bien cuidadas.

La gestora principal es Ruth Vasco. Si por ella fuera estaría todo el tiempo con su gorro navideño puesto y, si fueran más personas a la novena, también compraría más dulces y cocinaría más manjares.

Como tradición familiar, ella y sus hermanos se toman la Navidad en serio: convocan a los amigos y vecinos a armar el pesebre (las novenas se hacen cada noche y al final de los nueve días se reparten regalos entre los asistentes), así como a las fiestas del 7, el 24 y el 31 “acá hay comida para todo el que venga”, afirma Ruth.

Encontrar un pesebre creado en familia o con los vecinos de la cuadra es una de esas tradiciones que alegra, ya que estos amplios montajes han sido desplazados de las salas de las casas por falta de espacio y por el desinterés de las nuevas generaciones.

No obstante, la Twittercrónica encontró esta semana cuatro lugares en Medellín donde esta costumbre se mantiene. Tienen mucho más que las figuras del Niño Jesús, María, José y los reyes magos. Jirafas, rinocerontes, perros, gallinas y hasta edificios se afincaron en estos nacimientos elaborados para acompañar la novena.

Un sueño comunitario

La unidad residencial Robledo Real queda en una montaña desde la que se ve Medellín grande y urbanizada en las laderas del valle. De sus 23 casas y casi cien vecinos, la mayoría esperaba con ansias la noche del 16 de diciembre (comienzo de la novena).

Desde junio, Wilson Merchán, uno de los habitantes de esta zona, empezó a trabajar en el pesebre casi secretamente. Cercó una parte del área de pasto que separa las dos hileras de casas y allí dispuso los animales, las casas y los personajes de plástico y cartón, que los vecinos le entregaron.

“Uno hace esto para recordar la infancia. En todas las partes que he vivido siempre he sido muy animado con la Navidad”, dice Wilson y agrega que este año miró videos en YouTube para tomar ideas de cómo hacer “un pesebre de grandes dimensiones”.

Este queda frente a la casa de Margarita Álvarez, quien sale al paso de la visita de la Twittercrónica porque quiere resaltar el natural jardín que tiene el pesebre. Cuenta que los niños son los más ansiosos por estrenar, “además esperan su regalito cuando terminan las novenas”, por eso, están haciendo una rifa para recoger dinero y comprarles aguinaldos.

Navidad sin lugares vetados

A diferencia del pesebre de Robledo Real, en el Parque del Periodista, en pleno centro de Medellín, hicieron uno solo para los grandes. Juan David González y Juan Pablo Osorio quisieron darle alegría a quienes pasan su tiempo en este lugar, “hay gente que a veces no vive la Navidad en sus casas, así que acá nosotros la pusimos y más de uno colaboró”, cuenta Juan David. También adornaron algunos árboles con bolitas de colores.

Él dice que solo quería llevar la tradición que ha tenido siempre en su casa, en Boston, al ‘El Parque’ donde pasa gran parte del día: “a mí me da mucha alegría la Navidad y no la podía dejar pasar sin que se sintiera en este lugar”, concluye.

Juan Pablo, el otro doliente, piensa en hacer una fritanga antes del 24 para celebrar y reunir gente alrededor. “Por ahora, hay que reponer la virgen que se desapareció”.

De la obra a la celebración

No falta ni la novena ni la natilla con buñuelo aunque está en una obra de construcción cerca a las Torres de Bomboná, donde se edifica el conjunto residencial Tranvía Plaza.

Allí los trabajadores crearon un pesebre en el que representan las actividades de la construcción como: excavación, perforaciones en roca y transporte de material. La creación incluye el nuevo tranvía, la iglesia San José, edificios y el cerro Pan de Azúcar.

Edward González, de camisa y casco amarillos, dice muy sonriente que esta actividad, además de unir a los compañeros de trabajo le gusta porque le recuerda a cuando era niño.

Esta iniciativa participa en un concurso, que realiza la constructora, e involucra a otras edificaciones del Valle de Aburrá.

Con mucho espíritu navideño

La tradición está léjos de morir en la casa de la familia Vasco, en el barrio Manila, cerca a la estación de policía de El Poblado.

Si usted pasa por ahí, en medio de negocios y restaurantes que pululan, un antejardín le llamará la atención: la rejilla está adornada con moños y campanas y detrás verá un pesebre “con todos los juguetes”, tradicional, como los de iglesia, con figuras de cerámica y barro bien cuidadas.

La gestora principal es Ruth Vasco. Si por ella fuera estaría todo el tiempo con su gorro navideño puesto y, si fueran más personas a la novena, también compraría más dulces y cocinaría más manjares.

Como tradición familiar, ella y sus hermanos se toman la Navidad en serio: convocan a los amigos y vecinos a armar el pesebre (las novenas se hacen cada noche y al final de los nueve días se reparten regalos entre los asistentes), así como a las fiestas del 7, el 24 y el 31 “acá hay comida para todo el que venga”, afirma Ruth.