Mujer discapacitada usó sus ondas cerebrales para volver a bailar: así funciona la tecnología que lo hizo posible
Breanna Olson tiene esclerosis lateral amiotrófica, enfermedad que destruye poco a poco los nervios que controlan el movimiento, pero el pasado diciembre, en un teatro de Amsterdam, volvió a bailar.
Cubro historias de Tecnología, Arte y Cultura en la sección Tendencias. Fui editor en Semana, El País de Cali y Blu Radio. Me apasiona explorar cómo el mundo digital moldea nuestra sociedad.
Breanna Olson lleva bailando desde que era niña. Ballet, contemporáneo, jazz... la danza fue el eje de su vida durante décadas en Tacoma, en el estado de Washington, pero hace dos años y medio su vida cambió cuando le diagnosticaron esclerosis lateral amiotrófica.
Conocida como ELA, se trata de la forma más común de enfermedad de neurona motora y no tiene cura conocida. Debilita los músculos de forma progresiva y, con el tiempo, afecta el habla, la deglución y la respiración.
Sin embargo, su discapacidad no le impidió volver a bailar en un escenario, aunque no fuera su cuerpo el que se moviera.
Pero para entender lo que Breanna logró, hay que saber primero lo que la ELA le quitó: la enfermedad ataca las neuronas motoras, las células nerviosas del cerebro y la médula espinal, responsables de enviar órdenes a los músculos.
Cuando esas neuronas se dañan y mueren, los músculos dejan de recibir instrucciones. Se debilitan, se atrofian y, finalmente, dejan de funcionar.
Lo que no destruye la ELA, al menos en sus etapas iniciales, es la capacidad del cerebro de generar esas órdenes. El problema no está en el origen de la señal, sino en el cable que la transporta.
Las neuronas motoras son ese cable, y la ELA los va cortando uno a uno. La tecnología que permitió a Breanna bailar de nuevo parte precisamente de esa distinción: si el cerebro sigue generando señales, ¿es posible capturarlas antes de que se pierdan en el camino?
¿Cómo funciona esta tecnología?
El proyecto se llama Waves of Will y fue desarrollado por el laboratorio tecnológico japonés Dentsu Lab en colaboración con la empresa de datos NTT. Su herramienta central es un casco de electroencefalografía, conocido como EEG, un dispositivo que mide la actividad eléctrica del cerebro a través de sensores colocados sobre el cuero cabelludo.
El cerebro humano genera constantemente impulsos eléctricos. Cuando una persona piensa en mover un brazo, aunque ese movimiento nunca ocurra físicamente, el cerebro produce patrones eléctricos específicos asociados a esa intención. Es lo que los neurocientíficos llaman señales motoras imaginadas. El casco EEG detecta esos patrones en tiempo real.
Pero detectar la señal es solo el primer paso. Lo que hace singular a la tecnología de Dentsu Lab y NTT es una interfaz cerebro-computadora que traduce esas señales eléctricas en instrucciones digitales.
Cada patrón de actividad cerebral asociado a un movimiento de danza específico, como levantar el brazo, girar, inclinar el torso, se convierte en un comando que el sistema interpreta y ejecuta sobre un avatar de realidad mixta, proyectado en el escenario.
El resultado es un personaje digital que reproduce en tiempo real los movimientos que Breanna imagina. Lo que hace el sistema no es leer el pensamiento en bruto, sino reconocer patrones aprendidos.
Durante la preproducción del espectáculo, Breanna entrenó el sistema asociando movimientos específicos a señales cerebrales concretas. De esa forma, cuando en el escenario del teatro OBA de Amsterdam quería que su avatar ejecutara un giro, su cerebro producía el patrón que el sistema ya había aprendido a reconocer como esa orden. El avatar obedecía mientras su cuerpo permanecía inmóvil.
“Hemos tomado algo tan complejo como la neurociencia y lo hemos expresado de una manera intuitiva y universalmente comprensible a través de la danza”, explicó Pascal Rotteveel, director creativo global ejecutivo de Dentsu Lab.
Lo que Breanna tuvo que aprender
Pero esa tecnología no es intuitiva. Breanna describió el proceso como “único” pero “bastante desafiante”.
Para que el sistema funcione, el usuario debe aprender a aislar señales mentales específicas en medio del ruido eléctrico que genera constantemente el cerebro. “Tienes que aislar tus músculos y el ruido a tu alrededor, y realmente concentrarte hacia adentro”, explicó en entrevista con la BBC.
Es un tipo de entrenamiento mental que recuerda, en cierta forma, a la meditación, esa capacidad de dirigir la atención de forma precisa, de producir un pensamiento concreto sin que otros pensamientos lo contaminen.
Lo que distingue este sistema de otros experimentos similares es que Breanna no era una receptora pasiva de la tecnología, pues participó activamente en la dirección artística del espectáculo durante la preproducción, usando la interfaz para definir qué movimientos querría ejecutar y cómo se desarrollaría la pieza. Su voluntad, en el sentido más literal, está inscrita en cada decisión del espectáculo.
Una show en tres actos
La presentación en el teatro OBA se estructuró en tres actos que construyen una narrativa de soledad, reencuentro y comunidad. En el primero, Breanna bailaba sola a través de su avatar, controlando los movimientos mediante la interfaz de ondas cerebrales. Era el acto más íntimo y técnico, la demostración directa de lo que la tecnología hace posible.
En el segundo acto se incorporaba su hermano Casey Herd, bailarín profesional y compañero de danza de Breanna desde la infancia. La imagen de los dos, uno en carne y hueso y la otra en forma de avatar digital, bailando juntos en el mismo escenario, concentró la carga emocional de todo el proyecto.
En el tercer acto se sumaron otros bailarines, ampliando la pieza hacia algo que trascendía la historia personal de Breanna y se convirtió en una declaración sobre lo que el cuerpo y la mente pueden hacer cuando trabajan juntos, incluso cuando uno de los dos ha sido dañado.
“Nunca soñé que podría volver a bailar en un escenario”, dijo Breanna a la BBC. “Fue un momento hermoso y memorable que recordaré por el resto de mi vida. Fue euforizante. Fue mágico.”
La historia del proyecto
Waves of Will no surgió de la nada. Es el capítulo más reciente de Project Humanity y de All Players Welcome, la colaboración de largo aliento entre Dentsu Lab y NTT que explora cómo la tecnología puede construir un mundo más incluyente.
El capítulo anterior involucró al DJ japonés MASA (Masatane Muto), quien vive con ELA y usó bioseñales para transformarlas en música y danza en vivo. Ese proyecto fue reconocido en Cannes, SXSW y el Festival de Artes Mediáticas de Japón.
Waves of Will es la expresión más ambiciosa de esa búsqueda hasta ahora. Naoki Tanaka, director creativo de Dentsu Lab, lo resumió así: “Juntos con NTT, hemos transformado la investigación de vanguardia en una experiencia que conmueve a las personas. Es la prueba de que cuando la creatividad y la tecnología se encuentran, la innovación impulsa tanto la relevancia cultural como el impacto medible".
Mariko Nakamura, investigadora sénior de NTT, señaló que la tecnología podría adaptarse a otros dispositivos como sillas de ruedas o controles remotos, abriendo posibilidades concretas para millones de personas con enfermedades neurodegenerativas.
Por su parte, Breanna quiere que su experiencia sirva de algo concreto. “Quiero poder ayudar a otros con ELA y darles esperanza", dijo.