El despegue de Artemis II, último paso de la humanidad para volver a la Luna
Esta semana, nuestra especie estará un paso más cerca de visitar otra vez a un viejo conocido que inspira poemas y ciencia por igual, destino que ha sido esquivo desde en 1972 con el fin del programa Apolo de la NASA.
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Normalmente el asfalto en la Florida calienta como una estufa encendida bañada por el sol del Caribe, pero esta semana una ola de frío extremo cubre Cabo Cañaveral, en el sureste de EE. UU., temperaturas inusuales que obligaron a la NASA a retrasar los ensayos finales de la misión Artemis II, el lanzamiento tripulado más importante en 54 años.
El clima terrestre tiene siempre la última palabra aun en la carrera espacial, pero pese al hielo, los ingenieros lograron dar luz verde el lunes para cargar el combustible en el gigante naranja y blanco que descansa en la Plataforma 39B, un cohete de 98 metros de altura denominado Sistema de Lanzamiento Espacial (SLS, por sus siglas en inglés) que despegaría el 8 de febrero.
Ese coloso llevará por fuera de la Tierra a Victor Glover, Christina Koch y Jeremy Hansen, liderados por el comandante Reid Wiseman, cuatro astronautas que rodearán nuestro satélite en un viaje de 10 días a bordo de la nave Orión, en lo que será el primer paso real para que nuestra especie deje de dar vueltas en la órbita terrestre y se adentre, en un futuro, en el espacio exterior.
Para Pablo Cuartas, astrónomo PhD en Física y docente de la Universidad de Antioquia, este momento es una “cura de humildad” frente al cosmos. “Es como si hubiéramos olvidado caminar y estamos otra vez empezando a gatear”, dice en entrevista con EL COLOMBIANO.
El experto explica que, desde 1972 con el final del programa Apolo, los seres humanos no nos hemos separado realmente de la gravedad del planeta. Mientras la Estación Espacial Internacional se ubica a unos modestos 400 kilómetros de altura, la Luna nos observa mil veces más lejos. Por eso, esta misión es la prueba de fuego para confirmar que la tecnología actual puede sostener la vida donde cualquier fallo es una sentencia definitiva.
La lección del Apolo
El camino hacia este despegue ha estado marcado por la cautela. La misión previa, Artemis I (lanzada en noviembre de 2022), reveló que el escudo térmico de la cápsula se carbonizó más de lo previsto en su reingreso. Por ello, la NASA ajustó la trayectoria actual: los astronautas volarán 9.260 kilómetros más allá de la cara oculta de la Luna, altitud récord que les permitirá validar los sistemas de soporte vital antes del gran hito.
Y aunque Artemis II orbitará el satélite, no aterrizará en él. Esa tarea quedará para Artemis III, la misión programada para 2027 en la que, finalmente, el ser humano volverá a pisar la superficie lunar.
Una paradoja envuelve este regreso: las misiones Apolo llegaron a la Luna con menos potencia computacional que una actual calculadora de bolsillo y hoy la nave Orión cuenta con inteligencia artificial, pero el riesgo físico es el mismo. Por seguridad, usarán una trayectoria de “retorno libre”, aprovechando la gravedad lunar como una honda para regresar a casa sin encender motores, tal como ocurrió en la crisis del Apolo 13, en 1970.
Para Cuartas, retomar estas misiones es un acto de supervivencia y curiosidad. “Yo siempre he considerado que el ser humano no se va a quedar en este planeta para siempre. Ya nos picó el deseo de salir de aquí desde hace más de setenta años. Retomar misiones tripuladas con Artemis II es un primer paso fundamental para nuestro futuro en el espacio. Vamos a volver a la Luna, vamos a ir a Marte, y de ahí en adelante no vamos a parar hasta empezar a visitar otros lugares del Sistema Solar”.
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Si la Orión completa esa coreografía gravitacional y ameriza con éxito en el Pacífico, la NASA habrá validado el escudo térmico y los sistemas de soporte vital que fallaron hace dos años, un éxito que despejaría el camino para que Artemis III ejecute el tan ansiado alunizaje, devolviendo finalmente la huella humana al polo sur lunar.
Los cuatro elegidos
El perfil de los miembros de la tripulación de Artemis II es un mosaico muy variado de la humanidad contemporánea. El comandante Reid Wiseman lidera a un equipo de especialistas que incluye a Victor Glover, quien será el primer afrodescendiente en una misión lunar, y a Christina Koch, poseedora del récord del vuelo espacial femenino más largo y la primera mujer en alcanzar esta órbita. Junto a ellos, el coronel canadiense Jeremy Hansen completa el grupo, simbolizando una especie de alianza internacional.
Su misión de 10 días no solo pondrá a prueba la resistencia de la cápsula Orión, sino que romperá barreras de representación en órbita lunar que han permanecido intactas por más de medio siglo.
El Sistema Solar como vecindario
Más allá de la logística de Artemis II, Cuartas insiste en que el verdadero cambio no es solo tecnológico, sino de mentalidad.
Para el astrónomo, haber permanecido un cuarto de siglo en la Estación Espacial Internacional (EEI) nos dio una falsa sensación de conquista espacial. “El problema es que llevábamos casi 50 años sin despegarnos de la Tierra. Hemos estado en la EEI los últimos 25 años, pero eso está aquí arriba a 400 kilómetros; eso no se ha despegado de la Tierra”, enfatiza.
Según su visión, el éxito de estos días de misión será el primer paso para restablecer un programa de exploración tripulada genuino que nos permita, por fin, “volver a caminar” como especie.
Pero el renacimiento de esa curiosidad espacial no se detiene en la Luna. Para el docente y astrónomo, el satélite es apenas la ‘aduana’ de un viaje mucho más ambicioso. “Este es un primer paso, apenas estamos volviendo a empezar”, subrayando que la meta final es Marte en la próxima década y las lunas de Júpiter o Saturno en el largo plazo.
Cuartas concluye que el límite ya no está en nuestra voluntad, sino en la evolución de nuestras naves. “En la medida en que mejore nuestra tecnología y nuestra propulsión, muy probablemente vamos a hacer viajes más largos y más complejos”, dice.
La humanidad, tras cinco décadas de comodidad terrestre, ha decidido que ya no quiere ser una especie de un solo mundo y estamos a pocos días de ver el siguiente paso en ese largo camino.