En Támesis enseñan a los campesinos el origen y el cuidado de petroglifos de más de mil años
Periodista de la Universidad de Antioquia. He trabajado como fact-checker en La Silla Vacía y ahora hago parte de la sección de Tendencias de El Colombiano.
La Escuela de Petroglifos de Colombia es una iniciativa del Colectivo Rupestres, que se ha encargado de crear iniciativas para difundir y proteger el patrimonio cultural y arqueológico de este municipio del Suroeste antioqueño.
A una hora y media de Medellín está el municipio con la mayor concentración de petroglifos del país. Támesis, en el Suroeste antioqueño, es considerado un enclave arqueológico con más de 1.000 grabados en piedras ubicadas en el casco urbano y en la zona rural.
Es allí donde se está llevando a cabo la primera Escuela de Petroglifos de Colombia, un espacio formativo en el que los campesinos tamesinos aprenden sobre los orígenes y el cuidado de estos dibujos antiguos.
Esta iniciativa es del Colectivo Rupestre, que en los últimos años ha impulsado proyectos de divulgación cultural y de preservación del patrimonio arqueológico de este municipio antioqueño. Además, la Escuela fue seleccionada como ganadora del Programa de Estímulos de Apropiación y Gestión del Patrimonio del Instituto Colombiano de Antropología e Historia (ICANH).
El politólogo Juan Pablo Arteaga, uno de los fundadores y coordinadores del colectivo, le contó a EL COLOMBIANO que todo comenzó en 2024, cuando el Museo Arqueológico de Támesis acababa de ser remodelado y ampliado, y recién había recibido más de 80.000 piezas arqueológicas, provenientes del rescate realizado durante la construcción de la obra Conexión Pacífico II.
“En ese proceso descubrimos que, aunque los petroglifos de Támesis no fueron elaborados por la comunidad emberá que habita hoy el territorio, sí existen referentes en su cosmovisión que se relacionan con algunas de esas figuras. Ellos las representan en pinturas corporales para ceremonias especiales, así como en tejidos y manillas. Entendimos que era importante aprovechar esos saberes y contribuir a su salvaguarda”, aseguró.
Para cumplir ese objetivo, lo primero que hicieron fue crear el Diccionario de Petroglifos con 30 símbolos interpretados por la comunidad Emberá Chamí del resguardo La Mirla, y uno de los comentarios que recibieron fue que también sería importante visibilizar y aportar al conocimiento que tienen los campesinos sobre los grabados.
De acuerdo a estudios realizados por investigadores de la Facultad de Ciencias Sociales y Humanas de la Universidad de Antioquia, las inscripciones de Támesis datan de entre los siglos II y V; la mayoría de ellas son representaciones, entre abstractas y realistas, de espirales, formas geométricas, figuras humanas, animales y otras que combinan características de estos dos últimos, y están ubicadas en gran parte en las veredas El Encanto, Pescadero y El Rayo, donde se está realizando la escuela.
Ese espacio tendrá tres recorridos y diez talleres en los que se hablarán sobre los saberes ancestrales tras los petroglifos, la arqueología del paisaje y cómo el territorio está conectado con las rocas grabadas. También se enseñará a los campesinos cómo pueden cuidarlos, qué prácticas pueden deteriorarlos y cuáles son las acciones adecuadas para contribuir a su conservación y seguir promoviendo su valor patrimonial.
“Lo que más hemos encontrado es curiosidad y ganas de aprender. Incluso varias personas han dicho: ‘En mi finca tengo una roca con petroglifos y quiero saber exactamente qué es para contar bien su historia a quienes la visiten’. Algunos lo ven como una oportunidad para el turismo, pero otros simplemente quieren conocer y proteger el patrimonio que tienen en su propiedad, porque entienden que, en realidad, es un patrimonio de todos”, contó Arteaga.
Además de educar sobre su cuidado, finalmente el propósito de la Escuela es disminuir uno de los riesgos que enfrenta la conservación de estos grabados que, como dice Esteban Ardila, coordinador de Rupestres, es la desinformación.
“Hoy cerca del 20 % de las rocas con petroglifos presentan algún tipo de daño causado por la acción humana. No hablamos solo del desgaste natural del tiempo, sino de personas que las rayan. Eso ocurre, en gran parte, porque no reconocen el valor histórico y cultural de estos sitios. Cuando las personas entienden que estas rocas son un legado de miles de años, empiezan a mirarlas con respeto y a relacionarse con ellas de una manera diferente”, explicó.
Además de la Escuela —que ya tuvo su primer encuentro, al que asistieron alrededor de 60 personas—, el Colectivo Rupestre tiene otros proyectos de divulgación para 2026. Uno de ellos es la creación de un juego de cartas, también financiado gracias a un estímulo del Ministerio de las Culturas y desarrollado junto con la comunidad Emberá Chamí. Cada carta estará ilustrada con un petroglifo para que estudiantes y miembros de la comunidad puedan aprender sobre este patrimonio mientras juegan.
El mensaje que deja el trabajo de este grupo es que el arte rupestre no pertenece únicamente a los científicos; también hace parte de la vida cotidiana de las comunidades que conviven con él, como expresó Ardila.
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“Por eso esta es una escuela comunitaria, que reúne los saberes ancestrales, el conocimiento de las comunidades campesinas y las investigaciones académicas para reconocer el valor simbólico y sagrado de estas rocas. Estamos muy contentos de poder acercar a las personas a un patrimonio tan importante que tiene Antioquia, ubicado además muy cerca de Medellín. Es un legado que vale la pena conocer, reconocer y proteger”, concluyó.