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La cara oculta de la Luna: las disputas políticas entre Apolo y Artemis II, de la Unión Soviética a China

Este lunes la misión Artemis II pasa por el lado oscuro de la Luna, el punto más lejano al que ha llegado hombre alguno. Se trata de una nueva victoria política de Estados Unidos, que tras el alunizaje de China en esta parte del satélite, se tiró a que cuatro astronautas pasaran por allí. ¿Cuáles son las implicaciones?

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Comunicador social-periodista de la Universidad del Quindío y magíster en Hermenéutica Literaria de la Universidad Eafit. Sus textos han aparecido en revistas como Gatopardo, El Malpensante, Soho, Don Juan y Arcadia. Autor de los libros Volver para qué (Eafit, 2014) y La fuerza de esta voz (Tragaluz, 2022).

hace 3 horas

Sesenta años no son nada en términos cosmogónicos, pero en la política terrestre lo son todo. En julio de 1969, el mundo contenía el aliento mientras el Apolo 11 descendía en el Mar de la Tranquilidad. Hoy, en 2026, la misión Artemis II se prepara para llevar de nuevo a la humanidad a las cercanías lunares. Sin embargo, el “porqué” de este viaje ha mutado drásticamente. Si el siglo XX fue la era del prestigio ideológico, el siglo XXI es la era de la soberanía económica y los recursos estratégicos.

La carrera del siglo pasado fue un duelo de suma cero. Estados Unidos y la Unión Soviética se disputaban la superioridad del modelo democrático-capitalista frente al comunista. La Luna era la meta final, un trofeo de mármol que, una vez alcanzado, perdió interés político rápido: tras el Apolo 17 en 1972, el presupuesto de la NASA se desplomó y la humanidad se retiró a la órbita baja.

Hoy, el tablero ha cambiado. Rusia ha pasado a un segundo plano, afectada por sanciones y limitaciones presupuestarias, mientras que China se ha erigido como el rival a batir. A diferencia de los soviéticos, Pekín ha demostrado una paciencia estratégica letal: fueron los primeros en aterrizar en el lado oculto de la Luna (misión Chang’e 4) y ya planean bases tripuladas permanentes. Para Washington, Artemis II no es solo un viaje de nostalgia; es una respuesta directa a la posibilidad de que el Polo Sur lunar —donde hay agua en forma de hielo— termine bajo control exclusivo chino.

De la bandera a la infraestructura

La coyuntura política de 1969 era puramente expedicionaria. Se iba, se clavaba una bandera, se recogían rocas y se volvía para ganar la narrativa de la Guerra Fría. En contraste, la coyuntura de 2026 es extractiva y logística. Artemis II es el primer paso para establecer el Lunar Gateway, una estación en órbita lunar que servirá como puerto hacia Marte.

Apolo fue un esfuerzo estatal casi heroico (el 4% del presupuesto de EE. UU. en su pico). Artemis es un ecosistema público-privado. Sin los cohetes de SpaceX y la tecnología de potencias aliadas (como la Agencia Espacial Europea), el regreso sería inviable.

El “lado oscuro” y la nueva soberanía

El éxito de China en el lado oculto de la Luna —una zona de silencio radiofónico ideal para la astronomía profunda— ha herido el orgullo estadounidense. La política espacial actual ya no se trata de quién llega primero, sino de quién se queda. El control del hielo lunar en el polo sur es el nuevo petróleo: servirá para generar oxígeno y combustible para cohetes, permitiendo que la Luna sea la gasolinera del sistema solar.

Para dimensionar el cambio de paradigma, es vital contrastar las bases de ambas eras. Mientras que la Carrera Espacial 1.0 (Apolo) tuvo a la Unión Soviética como el gran antagonista en una lucha por el prestigio ideológico, la Carrera 2.0 (Artemis) se enfrenta a una China que busca objetivos mucho más tangibles: recursos y presencia permanente. En los años 60, el modelo económico era de financiación estatal total, un esfuerzo hercúleo de la NASA para demostrar la superioridad del sistema estadounidense. Hoy, la realidad es de alianzas público-privadas, donde nombres como SpaceX o Blue Origin son tan cruciales como la agencia misma.

Incluso la tecnología ha dado un salto cuántico. En la misión Apolo, los astronautas dependían de sistemas analógicos y cálculos manuales para maniobras críticas. En Artemis, la Inteligencia Artificial y la digitalización extrema no solo garantizan la seguridad, sino que permiten procesar datos en tiempo real para misiones de larga duración. Si el objetivo del siglo pasado era simplemente “llegar” para plantar una bandera, el propósito actual es “quedarse” para dominar la próxima economía interplanetaria.

Mientras que en los 60 el espacio era un “vacío” por conquistar, hoy es un territorio en disputa legal y geopolítica. Con el ascenso de China y el papel de India y los Emiratos Árabes en el sector, Artemis II despega en un mundo multipolar. La Luna ya no es un espejo donde miramos el ego de las potencias mundiales; es el nuevo continente que todos quieren reclamar.