La nave Orión voló como si tuviera experiencia
No fue como el jueves, cuando tres factores confluyeron para el aplazamiento de la misión. Ayer todo marchó bien.
A las 7:05 de la mañana los motores del cohete Delta IV se encendieron como estaba previsto llevando la nave hacia su primera misión espacial de prueba no tripulada.
La idea: probar la coraza protectora, la protección contra la radiación y el sistema de paracaídas para el regreso, entre otros asuntos.
No hubo contratiempos. Todo pareció salir a pedir de boca. Y la transmisión de televisión de la Nasa mostró imágenes sin precedentes: una cámara a bordo mostraba el ascenso hasta situarse en órbita, así como la separación de los cohetes y otras fases, hasta quedar solo el módulo Orión.
“Aunque la misión no era tripulada, todos estábamos a bordo”, expresó feliz Mike Sarafin, director de vuelo, resaltando que era un gran día para los americanos. Orión y sus modelos subsiguientes están destinados a llevar al hombre a fronteras desconocidas: hasta Marte.
También hubo transmisión durante todo el descenso al océano Pacífico tras el reingreso a la atmósfera terrestre. Un logro con el drone Ikhana.
La cápsula pasó de 32.000 kilómetros por hora en su reingreso a solo 800 y luego, con los 3 paracaídas desplegados, las cámaras siguieron su descenso suave hasta el mar.
No demoraron los portaviones en llegar a su rescate.
“El vuelo de hoy no pudo ser mejor”, dijo más tarde Mike Hawes, director del programa Orión y vicepresidente de Lockheed Martin.
Pero el análisis de todos los parámetros tardará semanas en conocerse.
No volverá al espacio hasta 2018, cuando ensayarán un sistema para abortar vuelo, convirtiéndose en una nave segura. Y no será ocupada por cosmonautas hasta 2021, cuando vayan a analizar un asteroide .