Tecnología

Redescubren la comadreja colombiana tras 40 años gracias a una foto: así funciona el big data en la ciencia

Este hallazgo ilustra cómo la combinación entre ciencia ciudadana, datos abiertos y tecnología geoespacial convirtió a Colombia en uno de los países con mayor crecimiento en registros de biodiversidad del mundo.

Loading...

Cubro historias de Tecnología, Arte y Cultura en la sección Tendencias. Fui editor en Semana, El País de Cali y Blu Radio. Me apasiona explorar cómo el mundo digital moldea nuestra sociedad.

hace 0 minutos

Durante casi cuarenta años, la comadreja colombiana (Mustela felipei) fue una especie conocida solo a través de ejemplares disecados en museos. No había imágenes recientes que confirmaran su presencia en estado silvestre.

Esa ausencia cambió cuando una fotografía tomada por un aficionado en Dagua, Valle del Cauca, fue publicada en la plataforma de ciencia ciudadana iNaturalist. La imagen, ahora histórica, se convirtió en la única evidencia disponible de la especie en este siglo.

El hallazgo no fue producto de una expedición científica tradicional, sino del funcionamiento de un sistema que articula participación ciudadana, validación experta y grandes infraestructuras de datos. Hoy, cerca del 64 % de la información disponible en el Sistema de Información sobre Biodiversidad de Colombia (SiB Colombia) proviene de reportes hechos por la comunidad, una proporción que explica buena parte del crecimiento acelerado de los registros en el país.

En 2016, Colombia contaba con aproximadamente 4,18 millones de registros de especies. Para 2025, esa cifra llegó a 40 millones, lo que representa un aumento de diez veces en menos de una década y una tasa de crecimiento anual del 28,6 %. Ese salto está directamente relacionado con el uso de plataformas digitales que permiten recopilar, organizar y analizar información biológica asociada a una ubicación geográfica.

“Diferentes herramientas como iNaturalist nos permiten empezar a recopilar información de una manera sencilla, desde el teléfono, y entender qué es lo que pasa en nuestro entorno en temas de flora y fauna”, explica a EL COLOMBIANO Vanessa Guzmán, gerente de Sostenibilidad de Esri Colombia. Según señala, ese cambio tecnológico transformó al ciudadano de observador pasivo en un actor activo dentro del conocimiento científico.

El volumen de datos, sin embargo, no basta por sí solo. Para que una observación ciudadana tenga peso científico, debe pasar por procesos de curaduría y validación. Guzmán explica que los registros no se hacen públicos de manera automática: son revisados por curadores y expertos que contrastan la información con colecciones de referencia, registros históricos y análisis de patrones espaciales.

En el caso de la comadreja, esa validación permitió confirmar la especie y ubicarla geográficamente, algo que no había sido posible en décadas.

Ese mismo modelo hizo posible el hallazgo de una nueva especie de orquídea, la Pleurothallis maitamae, encontrada en los páramos de Sonsón, Antioquia, entre los 2.600 y 3.000 metros de altura.

Ambos casos muestran cómo datos dispersos, como fotografías, observaciones y registros históricos, adquieren un valor incalculable cuando se integran en sistemas interoperables.

Uno de esos sistemas es el Global Biodiversity Information Facility (GBIF), iniciativa intergubernamental que aloja la colección de datos sobre biodiversidad más grande del mundo, con más de 3.100 millones de registros.

En Colombia, los datos del SiB Colombia fluyen hacia GBIF y quedan disponibles para consulta pública. “Cuando la gente dice ‘descargué datos de GBIF’, también está descargando datos del SiB Colombia”, explica Ricardo Ortíz, Node Manager de GBIF Colombia.

La diferencia frente a etapas anteriores está en la visualización y el análisis. Los registros de biodiversidad, tanto los ciudadanos como los históricos, hoy están disponibles como capas públicas en ArcGIS Living Atlas of the World, una biblioteca global de datos geoespaciales. Desde allí, los usuarios pueden cruzar información por nombre científico, extensión espacial y rango temporal, y observar la biodiversidad directamente sobre el territorio.

No se trata solo de tener datos, sino de contar con información estructurada, georreferenciada y respaldada por instituciones científicas reconocidas”, afirma Guzmán. Esa estructura permite que investigadores, autoridades ambientales y empresas utilicen la información para evaluar riesgos, analizar impactos y fortalecer procesos de sostenibilidad.

Lea también: Tigrillo lanudo fue hallado en estado crítico en un cerro tutelar de Medellín: alcalde denuncia nuevo caso de maltrato animal

Desde el punto de vista tecnológico, uno de los mayores cambios es la eficiencia. Ortíz señala que en proyectos de analítica y ciencia de datos entre el 70 y el 80 % del tiempo suele destinarse a conseguir y organizar información. Los sistemas interoperables reducen esa carga y permiten concentrarse en el análisis.

Guzmán agrega que el siguiente paso está en la integración de inteligencia artificial para identificar patrones, generar alertas tempranas y trabajar con datos en tiempo casi real. “Los datos ya cualquier persona los puede recopilar y compartir. Esa es la ventaja de la tecnología”, afirma.