Tecnología

Ser piloto de dron, entre diversión y estrés

Parece fácil elevar estos aviones de control remoto, pero tiene mucho más: necesita emoción y paciencia.

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08 de julio de 2017

Se necesita tener habilidad, curiosidad para aprender de forma autodidacta y, sobre todo, mucha paciencia ante las frecuentes frustraciones. Ser piloto de drones no es tarea fácil, como demuestran quienes participan en las trepidantes competiciones de aeronaves no tripuladas.

Con su equipo de reparaciones, Jesús Zárate arregla los desperfectos de su dron antes de que comiencen las carreras que acoge Jalisco Campus Party, en la ciudad mexicana de Guadalajara, y en las que se enfrentarán 32 pilotos.

En las pruebas llevó “al límite” el control de velocidad y se quemó, explica. Está tranquilo: tiene otros dos drones más idénticos.

Aprender

Ser piloto de drones lleva ligado un desembolso económico considerable, porque tienen que estar constantemente reparando y perfeccionando unos artilugios delicados y que sufren constantes choques y averías aparentemente inexplicables.

Muchos de los pilotos comienzan con simuladores para aprender a manejar los drones, lo cual requiere su técnica. A diferencia de los comerciales, los artefactos creados por estas personas no cuentan con tantos sensores que ayuden a controlar la ubicación, queda por completo en las manos del piloto.

Para las carreras en las que se alcanzan velocidades de 160 kilómetros por hora en recintos grandes, los pilotos cuentan con un control en el que ven las imágenes que va transmitiendo el dron, que también ven de manera directa gracias a unas lentes que se asemejan a las de realidad virtual.

Con ellas, los pilotos se sumergen de lleno en lo que está ocurriendo con su aeronave: “Prácticamente vamos arriba del dron”, apunta Jesús, cuyas gafas tienen un ángulo de 170 grados que le permiten ver si algún oponente se le acerca o cruza en mitad de la carrera