La madre Beatriz ha puesto a La Enseñanza a pensar el universo pero con los pies en la tierra
La rectora de uno de los colegios más reconocidos de Medellín cuenta por qué y para qué construyeron un planetario y cómo combinan el estudio del universo y el análisis de datos con la costura y con las enseñanzas de Juana de Lestonnac. La madre Beatriz ha sido la única colombiana que en Roma ocupó el cargo de superiora de la Compañía de María.
El Colegio La Enseñanza es abierto a la ciudad. Llama la atención su planetario, que como nos cuenta la rectora, la madre Beatriz Acosta, no es solamente para el colegio, sino también para el sur de la ciudad y otros municipios.
Este colegio está ubicado al frente del Centro Comercial Santa Fe, aunque comenzó -hace más de 120 años- en el centro de Medellín, en Ayacucho. Fue el primer colegio en el mundo para mujeres en Francia, España, Argentina y Colombia, a donde llegaron primero a Bogotá.
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Hablamos con la madre Beatriz, que también fue doce años superiora de la Compañía de María en el mundo, sobre esa educación que busca formar un ser humano consciente, crítico y comprometido en estos tiempos modernos.
¿De dónde surgió la idea de un Planetario?
“Antes de la pandemia cumplimos 120 años y pensamos en qué necesitaría el mundo y los niños del futuro. Y concluimos que lo fundamental era la primera infancia. Pensamos en adaptar, en ajustar el preescolar con una nueva estructura y que los niños tuvieran como centro del aprendizaje el juego. Entonces el centro es el juego, pero nos parecía fundamental que existieran centros de interés. Creamos varios y uno es el planetario, porque pensamos que a estos niños les va a tocar el espacio, o sea, van a ser ciudadanos, no del mundo, sino del universo”.
Desde niñas estudian astronomía...
“Sí, nosotros estamos dando astronomía de prejardín a once y ha sido muy interesante la reflexión del equipo de astronomía del colegio, que además se complementa porque hay un astrofísico, una astrónoma física y también especialista en niños en preescolar. La reflexión que ha hecho el equipo se podría resumir en: pies en la tierra y mirada en el horizonte. Hay un compromiso muy grande a partir del planetario en todo lo que es la ecología. Se trata de articular una formación integral que está muy arraigada en la tierra, en las problemáticas sociales, pero que mira más allá y que se plantea preguntas como ¿hacia dónde vamos?”.
Es decir, se mira el universo, pero también lo que tenemos en la tierra...
“Sí, lo local y lo global y a todos los niveles. El diálogo local y global”.
La Enseñanza, según tengo entendido, adoptó el modelo Steam (ciencia, tecnología, ingeniería, arte y matemática, por sus siglas en inglés), un sistema educativo que interpreta lo que ha sido la gran pelea para que las mujeres también puedan acceder a las carreras de ciencias y matemáticas ¿por qué se decidieron por ese modelo?
“El modelo pedagógico del colegio es educación personalizada y pedagogías activas y en ese diálogo vimos que el enfoque Steam es lo que está abriendo a las mujeres y a los hombres perspectivas de transformar el mundo. Entonces, en la medida en que vemos que hay una mirada holística de la realidad, es muy importante también incidir en el cambio y en la transformación. Por eso, nosotros en el colegio tenemos lo que tú dices, esas asignaturas, pero le ponemos Steam +A, que es Astronomía y por eso cada año tenemos un proyecto Steam, en el que trabajamos retos actuales. Por ejemplo, en un año fue la energía, y ponemos a todos, desde prejardín a once, a hacerse preguntas sobre la energía y que den soluciones. Nos gustaría que más empresas pudieran unirse a los proyectos de los estudiantes, porque realmente en estos cinco años que hemos tenido proyectos Steam, los niños y las niñas han tenido ideas originales”.
¿Cómo cuáles?
“Unos hicieron un proyecto sobre unos tenis y cómo caminando se podía cargar el celular, por ejemplo. Han hecho también tejidos de la caña de azúcar”.
¿Qué cambio nota entre las generaciones que se educaban con modelos anteriores y estas que se están educando con este otro modelo?
“Hablo primero de las constantes y después del cambio. El colegio siempre ha trabajado el ser humano y el diálogo cabeza, corazón y manos, eso hoy está de moda. Pero Santa Juana de Lestonnac, en el siglo XVI, fundadora de la Compañía de María, sobrina de Miguel de Montaigne, hablaba mucho con él y hemos heredado de ambos cómo hay que tener cabezas bien hechas, más que bien llenas; cómo debemos tender la mano y cómo tener un corazón abierto, con compasión. Entonces, el diálogo cabeza, corazón y manos ha sido una constante desde las primeras generaciones hasta ahora. ¿Qué pasa en este momento? Esa tradición evoluciona y hoy frente a los adelantos científicos y de la educación, nosotras, las mujeres, tenemos que responder. Si tú rastreas quiénes son las exalumnas de la Compañía de María, ves que se destacan en el campo de la filosofía, del arte, de la ciencia y en lo social. Si tu me preguntas cuál es la marca de La Enseñanza, es lo social. Mirar el mundo con los ojos de Dios. Ojos compasivos que tienden la mano, no por pobrecitos, que son menos, sino a ver cómo crear puentes entre distintos sectores de la sociedad y construir”.
¿Cómo ha cambiado el modelo Steam, que tiene más componente de tecnología y ciencia, esa manera de entender la educación?
“Hemos hecho más énfasis en cuáles son las necesidades actuales, enfatizar el sentido crítico y las respuestas con la tecnología. Ha cambiado en que hemos integrado la tecnología y los avances científicos a respuestas concretas”.
¿Y cómo han respondido las niñas y las jóvenes? Por que ha existido el estereotipo de que a los hombres les va mejor en la tecnología y la ciencia que a las mujeres...
“Cada vez más hay niñas que optan por carreras de ingeniería y de biotecnología. Este proyecto Steam no lo hemos hecho solas. Tuvimos al principio apoyo de la Universidad Pontificia Bolivariana. Tuvimos una capacitación a nivel de profesores y después hemos trabajado este proyecto muy de la mano con la Escuela de Ingeniería, porque lo interesante también no es encerrarnos en nosotros, sino que otros ojos nos vean y nos aporten. Entonces, cuando hablamos de que las niñas trabajan el proyecto Steam a partir de una pregunta y una necesidad real de la sociedad invitamos a personas de universidades o de empresas a que evalúen esos proyectos”.
Hay críticos que dicen que la tecnología puede disminuir las capacidades intelectuales de la especie humana, ¿cómo lo sienten desde el colegio?
“Nosotros hemos adaptado la tecnología sin dejar aspectos de tradición. Nosotros lo resumimos en tres palabras: tradición, innovación y futuro. Y eso se ve en cosas muy simples, como por ejemplo que nosotros nunca hemos dejado la clase de costura hasta quinto de primaria. Y hoy se descubre como la costura ayuda para las matemáticas, para la concentración, para la paciencia, para el arte. Entonces hemos vinculado las nuevas tendencias, pero equilibrando. Tampoco hemos dejado la clase de escritura”.
La de escritura a mano...
“Claro y hoy de qué se habla, de eso. No hemos dejado la consulta en libros. Hemos conservado unas cosas fundamentales que hoy siguen siendo válidas, pero hemos articulado lo nuevo desde chiquitos, como la programación, el análisis de datos, la estadística. Yo creo que eso es una sabiduría que nos la dan los años y es discernir que hay asuntos válidos que no pasan de moda y son fundamentales. También hemos aprovechado, por ejemplo, la alfabetización que es fundamental y la hemos hecho hace más de cuarenta años en Moravia y en Santa Juana de Lestonnac, un colegio nuestro en el norte de la ciudad”.
El colegio Juana de Lestonnac, del cual ustedes participan, está en un sector popular y me da para preguntarle ¿cómo es esa experiencia de educar en dos zonas de la ciudad una con más oportunidades que la otra?
“Lógicamente hay más retos. Lo social marca, pero es muy interesante encontrar que exalumnas del Santa Juana están prestando un servicio en la ciudad importantísimo a nivel de gobierno. La cuestión es el acompañamiento, que es otra línea en la formación. Cómo acompañar el proceso de las personas en su crecimiento a partir de lo que son. Entonces, en Santa Juana tenemos los mismos énfasis que hacemos aquí, adaptados al contexto con acompañamiento. No somos ajenos a la problemática social. Educar no es fácil hoy. Yo he estado aquí en dos momentos distintos. Antes, en los setenta y principios de los ochenta, y ahora. Los retos son diferentes, pero también los jóvenes en cada momento tiene sus valores. A mí me parece que los niños y las niñas de hoy tienen unas sensibilidades lindas por el medio ambiente, la justicia, por dar su palabra. Cada tiempo tiene sus pro y sus contra”.
Hace cuarenta años la educación era más aspiracional, pues la gente quería estudiar para salir adelante...
“Claro, pero aquí también tenemos que a la mayoría de estudiantes les gusta estudiar e influye mucho también los intereses de la familia. Pienso que las familias son fundamentales, aunque hay configuraciones de familia distintas en este momento y retos familiares. Pero Santa Juana decía en ese tiempo que educar una mujer es educar una familia para el bien común de la sociedad, eso lo decía en el siglo XVI”.
¿Cuántos colegios de la compañía hay en el mundo?
“Más o menos ochenta y uno. Aquí en Colombia tenemos en Barranquilla, Bogotá, Pereira, Medellín y hasta hace poco en una isla del Pacífico. Ya no estamos como presencia en Salahonda, pues no hay monjas ahí, pero seguimos trabajando con ellos en el Pacífico”.
Le iba a preguntar un poco de su historia. Sé que no le gusta, pero sí quisiera saber cómo decidió ser religiosa, y cómo llegó a Roma a ser la superiora de toda esta comunidad...
“Lo que nosotras pensamos es que la fuerza es la comunidad y la fuerza es el equipo. Lógicamente, cada una de nosotras somos distintas y aportamos desde lo que somos. O sea, no es perder la identidad, pero si hacemos más fuerza en que los logros no son mis logros, son nuestros logros. Por eso tendemos a no sobresalir mucho en ese tipo de cosas.
Yo nací en Copacabana, pero desde chiquita nos trasladamos a Medellín. Yo tenía una prima que era monja y me llamaba la atención su estilo de vida y después en el colegio, estudié en La Enseñanza y tuve mucho contacto con las monjas. Aprovecho otra cosa que nosotros no hemos dejado y son los Ejercicios Espirituales de San Ignacio. Porque nuestra espiritualidad es ignaciana que se centra en que tenemos que leer la vida y descubrir a Dios en ella para servir donde haya mayor necesidad. En el colegio hacemos aún estos ejercicios, tres días y es una oportunidad para uno preguntarse cuál es el sentido de su vida. Y entonces ahí me surgió esa inquietud por la vida religiosa en la Compañía de María”.
¿Y cómo llega usted a ser la superiora de toda la Compañía de María del mundo, cargo que ocupó desde Roma?
“Nosotros estamos organizadas en comunidades locales, pequeños grupos que vivimos con una misión concreta. Por ejemplo, aquí en Lestonnac tenemos dos comunidades y tenemos como misión el colegio. Pero en los países formamos provincias. En este momento la provincia se llama del Pacífico y estamos Estados Unidos, Perú y Colombia y tenemos reuniones con el mundo entero. Cada tres años hay una reunión que se llama Asamblea Provincial y cada seis años el capítulo general donde nos situamos personas de distintos países a pensar, desde nuestra espiritualidad, cuáles son esas necesidades del mundo y cómo vivir la misión educativa. Entonces, en un capítulo en 2003 hubo una votación y ahí fue el nombramiento y es por seis años que se puede renovar una vez. Entonces fueron doce años. Nuestra misión es educativa no quiere decir que solamente sean colegios, hay otro tipo de trabajo social que no es en instituciones”.
¿Cuántas hermanas conforman la comunidad en el mundo?
“En este momento, más o menos mil y pico”.
¿Se ha venido disminuyendo la vocación religiosa?
“Nosotros nunca hemos sido muchas. La Compañía de María no ha sido como otras grandes comunidades que han sido muchísimas, pero sí se ha disminuido, excepto en Asia. Ahora hay más religiosas en países, como por ejemplo Vietnam”.
¿Hay un despertar de la religión en esos países?
“En otros países más que aquí. Yo creo que esos son los procesos normales de la evolución humana. En Francia, por ejemplo, surgimos con la Revolución Francesa, luego se acabaron, en Colombia también llegó y luego se cerró el convento y después vuelve a surgir. Nosotros pensamos que la vida es dinámica, que Jesús de Nazaret sigue convocando y que la compañía es más que las monjas. Y desde siempre, los laicos que trabajan a nuestro lado, son tan comprometidos como nosotras. La compañía somos todos quienes intentamos ser esos signos visibles de la esperanza, el amor y de que la vida tiene sentido. Pensamos que la compañía está más viva así haya menos monjas”.
¿Por qué la compañía está en Roma y no en Francia?
“La casa madre está en Burdeos, Francia. Pero en esa época eran casas autónomas. Después, cuando se extendió la compañía a Italia y todo lo que significa Roma como símbolo de unidad, se vio que era muy importante. Eso fue en 1921 cuando se fundó la Casa Generalicia para unir todas las casas del mundo. Y como dato curioso, por ejemplo, el capítulo de 1921 fue en la Casa Santa Marta, en el Vaticano”.
¿Cuando usted estaba en Roma le tocaba interactuar mucho con el Papa o son independientes?
“Yo tuve la suerte de estar en la junta directiva de la UIS, que es la Unión de Religiosas del Mundo. Entonces tuve la oportunidad de participar en el Sínodo de evangelización cuando en ese momento estaba Benedicto XVI y con Francisco nos tocó una reunión”.
¿Ustedes eran monjas de clausura antes?
“Mira la historia de la compañía: monjas de clausura papal mayor, es decir, no salir. Cuál fue la novedad de Santa Juana -que le tocó luchar mucho- lograr que siendo monjas de clausura, pudieran enseñar. Lo que transformó Juana de Lestonnac en la historia fue que el Papa Pablo V le pudiera permitir hacer unas construcciones que ella ideó en las cuales estaban juntos el convento, la capilla y el colegio. Las monjas no rompían la clausura, sino que un corredor, atravesaban una puerta y entraban en la capilla, y por otra al colegio”.
Entonces eran de clausura, no salían a la calle, pero enseñaban en el mismo lugar...
“Éramos de clausura. Después, con el Concilio Vaticano II y con las transformaciones, pasamos a una vida más activa”.
Y hoy pueden salir a todos lados...
“Por ahí desde 1979 sí. Nuestra vocación es la educación en el sentido de formar un ser humano consciente, crítico, comprometido con el mundo”.