Jorge Llano, psicoterapeuta y maestro de las constelaciones abusa de sus pacientes; así lo reveló El País edición América
Una investigación que trabajaron durante meses en el diario El País edición de América, Colombia, reveló los testimonios de un colectivo de mujeres que se unieron para visibilizar lo que ocurría dentro de sus terapias.
Jorge Llano es un hombre reconocido por ser psicoterapeuta, especialista en caracterología y referente internacional en constelaciones familiares. De hecho, durante más de una década presentó un programa sobre psicología en la televisión colombiana. Es fundador de la Escuela de Gestalt Claudio Naranjo en Bogotá, profesor y formador de terapeutas. Su larga trayectoria lo hizo reconocido en este medio que ahora está dividido en medio de una polémica tras ser acusado de aprovechar su poder para, a través de estrategias de manipulación, cometer actos sexuales con mujeres que eran sus pacientes y confiaban en él.
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La denuncia la hicieron varias jóvenes de la escuela Transformación Humana, que prefirieron mantener el anonimato, para el diario europeo El País en su edición para América, Colombia. Las víctimas conversaron con la periodista Emma Jaramillo Bernat, mientras que el presunto abusador prefirió no dar declaraciones por “recomendación de sus abogados”.
Todo inició tras varias denuncias públicas recogidas en la cuenta de Instagram Rompiendo el miedo, donde las víctimas relataban la manera en la que Llano se ganaba su confianza siendo un hombre carismático e inteligente. Sin embargo, en las sesiones individuales y grupales sucedían cosas extrañas, que incluso Jorge les advertía que era mejor callar porque “el mundo exterior no las entendería”.
El paso lo dieron luego de enterarse del caso de una joven de 18 años y otro en el que hubo un forcejeo con una estudiante. Enfrentaron el miedo e hicieron su primera publicación el 21 de junio de 2023. “¿Cuántas más?” se preguntaron en ese momento.
Los testimonios, entregados por mujeres jóvenes, coincidían en que las trataba como sus “elegidas” y en varias ocasiones les pidió que se sentaran en sus piernas, las manoseaba, les daba nalgadas o las rozaba con una erección. Lo hacía por “el bien” de ellas, para que sanaran heridas del pasado y en varias ocasiones incluso se proclamó como “el padre de todas”, haciendo referencia a heridas del pasado que algunas de ellas tenían con su padre.
Jorge Llano aprovechaba los puntos débiles de cada una o abusaba de ellas bajo estados alterados de conciencia, en talleres en los que les brindaba medicinas de tradiciones indígenas o sustancias psicoactivas, bajo la promesa de sanación.
Todas estas jóvenes llegaron a la escuela Transformación Humana para sanar heridas, pero lo que confesaron es que después de esta experiencia, salieron con otras y mucho más profundas
La cuenta Rompiendo el silencio ha recopilado 21 testimonios anónimos, 12 de ellos donde se narra en primera persona situaciones de intimidación sexual. Mientras que un colectivo de 8 mujeres, que tiene el mismo nombre del grupo, dice que fueron abusadas sexualmente por Jorge Llano y el más antiguo rastreado, según cuenta la periodista, data de hace tres décadas.
En aquel momento las víctimas confirman que se aislaron y optaron por el silencio, hasta que se fueron encontrando entre ellas, contándose lo que ocurría y evidenciaron patrones y coincidencia. Por ejemplo, lo más aterrador fue darse cuenta de que todas eran del eneatipo 2, un método que implementaba Llano para clasificar la personalidad de cada uno de sus pacientes, conocido como el eneagrama. “La gente no veía a la persona sino a los números”, señala una de ellas para el diario El País.
Las mujeres con este eneatipo son “alegres, generosas, espontáneas, seductoras, femeninas, cálidas y gustosas de ayudar”, pero también las clasificaba como la “puta escondida”. Una de las mujeres cuenta que desde ahí comenzó todo.
“¿Quién me va a creer? La gente de la escuela ama a Jorge y yo soy la puta encubierta víctima, porque la 2 es hipocondríaca, juega a la niña. Entonces mi voz no vale”, relata.
El hombre proponía ejercicios donde trabajaran su erotismo y desbloquearan su sexualidad. “Me dijo: bésame, acuéstate conmigo, métete en la cama conmigo, sedúceme, terminemos el ejercicio”, cuenta una de las entrevistadas.
“Fueron varias veces, en la noche. ‘Vamos a trabajar’, y el trabajo era eso. Y sin que él me dijera específicamente ‘no le cuentes a nadie’, yo no le contaba a nadie. Era una cosa que me hacía sentir vergüenza y a la vez privilegio”.
Jorge Llano constantemente les mencionaba el eros, el arquetipo de la conducta amatoria. “Yo vi tu eros, tu poder y tu luz. Deja de comportarte como una niña y sé una mujer, yo sé que me viste como un hombre con eros encendido, no te mientas”, le dijo a una de sus alumnas, según el testimonio 7 de Rompiendo el miedo.
“Era un momento de mi vida muy oscuro”, señala el texto. Relata que Jorge le ofreció un masaje, le dijo que “había visto que tenía cerrado el corazón y él le podía ayudar a abrirlo (...) Me empezó a tocar el pecho, la cintura, las piernas, la cara, y se acercó a besarme. Yo todavía me siento muy culpable y tonta, porque no lo paré pensando que eso me iba a sacar de mi depresión, y llegó a hacerme más cosas”, relata una de las víctimas para El País.
Mientras que otra de las víctimas agrega “a casi todas las víctimas de abuso sexual les decía eso: ‘usted me desea y no lo ve, malparida, legalice su deseo, abra su erotismo, usted me desea y no lo dice. ¡Cómo me estás mirando! Usted me quiere comer’. Lo decía así, y en público. Te daña la cabeza y después a escondidas te dice: ‘¿quieres trabajar? Vamos a la casa”.
Las denuncias más graves ocurrieron en Agua Blanca, sede campestre de la escuela, ubicada en Guasca, Cundinamarca. Además, a tres minutos de allí vivía Llano. Las mujeres confesaron que en varias ocasiones el hombre las invitaba a seguir “trabajando” o las hacía ir con excusas. Una de ellas contó que el hombre le escribió que se había desmayado y cuando fue la recibió con estas palabras: “Lo que yo necesito para curarme es que tú te acuestes desnuda encima de mí”.
En esa finca hacía el conocido Taller de sexualidad. “Todas firmamos un consentimiento informado de que sabemos lo que puede pasar”, cuenta una de las asistentes, “pero es un taller en el que te obligan a desnudarte. A mí me obligaron a ‘sanarme’ dejando que todos mis compañeros me manosearan. Son abusos sexuales públicos, legitimados, todos como en un ensoñamiento”.
Pero ellas no se sentían mejor con este tipo de “terapias”, más bien, la depresión aumentaba, lloraban en silencio y se sentían culpables de lo que sucedía.
Jorge Llano tenía un método para fragmentar las relaciones del equipo. “Tú hablas mal del uno con el otro, con el otro del otro, y lo que haces es fragmentar el tejido del grupo. Es una técnica para aislar a la gente y que nadie hable”, menciona para El País una de sus antiguas colaboradoras.
Mientras se ganaba la confianza de sus pacientes, aconsejaba a las mujeres a que se dejaran embarazar y a los hombres, que rompieran el condón para evitar que sus parejas los abandonara. Mientras que a otras las convenció de que su padre había abusado de ellas .
“Me empezó como a meter la idea. Durante la toma de yagé, en un momento que estaba en crisis, vomitando, él se acercó a hablarme y a decirme como: ‘Suéltalo, ese secreto no es tuyo, deja de cuidar a tu papá’. Yo me convencí de que mi papá había abusado de mí. Es una cosa terrible porque teníamos una relación maravillosa, súper cercana, y yo entré en crisis. Duré meses sin hablar con él”.
Para el artículo de El País el abogado Danny Ortiz Basante, representante en Colombia de la Red de Apoyo a Víctimas de Sectas, manifestó que el victimario buscaba la despersonalización de sus víctimas. “El fin máximo de un líder de una organización destructiva es despersonalizar a su víctima, que ya no tome decisiones por sus propios procesos cognitivos, sino que dependa del líder. Que ceda absolutamente en todo, desde un par de zapatos hasta decisiones profesionales, de pareja, de salud”, dice el experto.
Además, advierte que en la escuela Transformación Humana había un proceso típico que califica como organizaciones destructivas que comienza con el love bombing. “Te hacen sentir cuidado, incluido, querido pero después vas cediendo tu frontera, y mientras más cerca estás del poder y del líder, más trasgresiones y más cosas difíciles te piden (...) Al final, te das cuenta de que tranzaste por pertenecer”.
Lo hombres también fueron víctimas de Jorge Llano, pero eran hombres más del eneatipo 8 y los acercaba para sacarles dinero. De ellos exigía lealtad y la traición era castigada con humillaciones.
Uno de los relatos es el de un hombre con problemas de adicción y aún así Llano lo encargaba de combrar las drogas que repartía en sus talleres. “Yo tenía un problema de adicción y él me ponía a buscar las drogas, como a exponerme a recaer o a alguna cosa”.
Al MDMA que le conseguía, afirma la víctima, Llano “le echaba florecitas y cosas para que pareciera algo natural. Le ponía nombres como ‘rayo del padre’, ‘la muerte’”.
Tras estas denuncias Jorge Llano compartió un comunicado donde informaba sobre su retiro como profesor y terapeuta y envió un mensaje a las presuntas víctimas.
“Ruego que algunas mujeres tomen su poder y se hagan cargo de su eros y de sus dinámicas; eso también ayudaría a desintrincarnos a todos y que cada uno recoja su energía y lo hecho. Adulto / adulto”.
“He sido un canal de fuerzas, y portador de linajes de curandería y sanación emocional, de empoderamiento personal, de la salud y el amor espiritual, no busco verdad, esa solo la tiene Dios”, decía en un texto en el que pedía disculpas generales, sin mencionar el abuso sexual”, agrega.
“Sé que mi trabajo fue en muchas fases también del inconsciente, y fuera de contextos es complejo de entender. Puedo entender, respetar y aceptar que, para varias personas, esto que les sirvió en su momento, hoy en su retrospectiva no lo hayan integrado o no les haya servido, o hasta hecho daño; lo siento muchísimo (...) Yo lo tomé así de mis maestros y en amor ciego y fiel lo pasé a otros”.
Las respuestas de las mujeres que pertenecen al colectivo respondieron a la carta de Jorge: “Sentimos que todavía queda un camino por recorrer pues faltan reconocimiento, voluntad de reparación y asumir de manera genuina la responsabilidad por el daño causado”.
Además del relato de las víctimas, El País recopiló información del cierre de la escuela Transformación Humana y conversó con algunos de los empleados de la organización, que no están de acuerdo con los testimonios de estas mujeres jóvenes y manifestaron su inconformidad de ni siquiera haberles avisado.
“Nos satanizaron. Todos éramos violadores”, comenta uno de los formadores de la escuela.
Los directivos, a los que el medio El País consultó, manifestaron que buscaron a las denunciantes.
“Nuestro plan era armar unos protocolos muy éticos, reintegrar a las víctimas y hacer un proceso restaurativo. Abrimos los canales de comunicación, empezamos a preparar los procesos. Teníamos psicólogos, teníamos abogados, pero ellas no quisieron conciliar con nosotros”.
Era una “oportunidad de oro para hacer una reflexión más profunda”, argumentan. Mientras que una mujer directiva dijo: “Pero quién decide y dónde está el derecho al buen nombre. No hay redención posible. A Jorge esto le significó su caída de todo. Lo mataron, a él y a su legado”.
Las mujeres no han iniciado ningún proceso legal porque temen un proceso largo y doloroso. Además, le temen a Jorge Llano porque se le han atribuido problemas sobrenaturales de chamán.
La noche cuando la escuela emitió su comunicado, las mujeres no pudieron dormir: “Una fiebre profunda, fuegos por toda la cara. Todas eran: no he dormido, estoy mal, estoy enferma (...) Una amiga sí dice: Jorge me tiene la vela prendida”.
Por último, las víctimas narran al medio El País que todo el esfuerzo y las denuncias que ahora son conocidas públicamente, implicaron amistades rotas, colegas que las cuestionaban y recriminaciones mutuas. Sin embargo, debían hacer algo y sacar esta verdad a la luz.