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¿Por qué es tan difícil vencer desde la ciencia a un virus?

Son expertos en camuflaje. El desarrollo de medicamentos contra ellos: una hazaña científica.

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Periodista convencida de la función social de su profesión, de la importancia del apoyo mutuo, la educación y el arte.

12 de noviembre de 2021

El covid-19 lo ha vuelto a hacer: motivar el desarrollo y la aprobación en tiempo récord de nuevos medicamentos y tecnologías en el área de la salud.

Lo más reciente: la pastilla Molnupiravir (ver Para saber más), diseñada por las farmacéuticas estadounidenses Merck Sharp & Dohme, y Ridgeback Biotherapeutics, para evitar que pacientes ya infectados desarrollen una enfermedad grave.

En general son pocos los medicamentos antivirales que existen en el mundo. De hecho se sigue en la búsqueda de fármacos específicos para tratar infecciones como las causadas por los arbovirus (que llegan al ser humano a través de vectores como mosquitos). Actualmente quien se enferma de dengue, por ejemplo, pasa por un proceso autocurativo gracias a la respuesta del sistema inmune. Cuando esto no funciona bien, son infecciones que pueden ser mortales.

¿Por qué? Los virus son microorganismos que, a diferencia de otros como las bacterias y los hongos, tienen características que los hacen especiales y complejos, por ejemplo, pueden infectar a cualquier tipo de organismo vivo (unicelular o pluricelular) y sus genes pueden mezclarse con los de su hospedero.

Añadido a esto, lograr que un medicamento sea tóxico para el virus, pero no para el ser humano que lo tiene, es uno de los principales retos.

No obstante a estos desafíos, el tratamiento contra el covid-19 avanza favorablemente. En condiciones de emergencia como la actual (251.274.392 casos positivos registrados a nivel mundial y 5.070.368 muertes hasta el 10 de noviembre), las agencias reguladoras autorizan ágilmente la evaluación de medicamentos para encontrar soluciones.

El proceso de desarrollo y estudio sigue siendo seguro pese a la velocidad, pues son utilizadas tecnologías avanzadas y hay una amplia disponibilidad de recursos.

El Molnupiravir evita en un 50 % que alguien infectado con covid-19 desarrolle una enfermedad grave. Andrés Felipe Zuluaga, jefe del Departamento de Farmacología y Toxicología de la Facultad de Medicina de la Universidad de Antioquia, señala: “Es una alternativa adicional a la vacunación, una esperanza que para algunos puede ser la única y última opción disponible para evitar una enfermedad severa”, y reitera que la seguridad en el uso de este tipo de medicamentos se evalúa con detalle para evitar riesgos de toxicidad.

Además, hace énfasis en que prevenir siempre es mejor que curar, “la vacunación sigue siendo la opción más real hasta ahora”, para esta y cualquier otra enfermedad.

La maravilla de los virus

Hay un consenso en torno al hecho de que hongos y bacterias son organismos vivos, como usted y como yo. Tienen su metabolismo y pueden reproducirse casi sin problema.

Pero con los virus no se sabe si están vivos o muertos. Dependiendo del biólogo al que le pregunte, y el concepto que este tenga de “ser vivo”, obtendrá una respuesta afirmativa o negativa.

Los virus no cumplen con las características que tienen las células (las unidades de vida más pequeña que forman a todos los organismos y sus tejidos), incluso tienen un tamaño menor. Las bacterias son células procariotas (sin un núcleo definido); los hongos, animales y plantas tienen células eucariotas (con núcleo definido). Esto los hace merecedores, sí o sí, del adjetivo “vivo”.

Los virus no cuentan con esa suerte. Ellos son partículas infecciosas compuestas de ADN o ARN (que contiene toda la información necesaria para que infecten, sean más o menos patógenos) protegido por una capa de proteínas. Nada más.

Como no son células necesitan de las células de otros seres (animales, plantas, humanos) para reproducirse y “vivir”. Justamente esa es la característica que los hace especiales y la que hace que sea difícil desarrollar medicamentos para combatirlos.

“A los virus los definimos como parásitos intracelulares obligados, eso quiere decir que se ubican al interior de las células”, señala María Fernanda Gutiérrez, viróloga y docente de la Pontificia Universidad Javeriana, es así porque usan el mecanismo celular para cumplir su cometido: replicarse e infectar.

A los antivirales (su antídoto) se les hace muy complicado “dar en el blanco”, encontrarlos entre las células, dar con algo que los diferencie el uno del otro. Son como expertos en camuflaje.

Debido a esta dificultad, en ocasiones, por querer matar al virus se termina matando a la célula completa. “En principio no sería grave porque las células infectadas no funcionan bien, el problema es que puede matarse también a las células sanas”, complementa la viróloga Gutiérrez.

Añadido a esto, dice el docente Zuluaga, está su alta tasa de reproducción; mutan con mucha facilidad y las primeras fases de la enfermedad son asintomáticas: cuando el individuo manifiesta la infección el virus ya se ha replicado en varias de sus células.

Existen, claro que sí

El avance de la ciencia y la biología molecular ha permitido encontrar particularidades en algunos virus (aquello que los hace muy diferentes a una célula sana), y por ende, sus antivirales.

En el caso del virus de la inmunodeficiencia humana (VIH), los investigadores encontraron, por ejemplo, la enzima transcriptasa reversa: el medicamento la bloquea y a raíz de eso el virus no puede seguir replicándose.

El herpes zoster, la influenza y la hepatitis son otras de las enfermedades virales que tienen un fármaco para combatirlas. “Generalmente los antivirales actúan cuando se administran de forma temprana dirigiéndose contra porciones del virus que aún no han ingresado a las células (así como opera el Molnupiravir), sin embargo, siguen siendo escasos y complejos porque las etapas tempranas suelen ser asintomáticas”, agrega Zuluaga.

Otras infecciones como la gripe común no tienen un remedio similar. Por eso cuando usted consulta al médico solo le mandan pastillas para controlar los síntomas (dolores y fiebre) como el acetaminofén. “Hay infecciones virales que son autolimitadas, con esas es mejor esperar y manejar la sintomatología, evitando, por ejemplo, afectaciones innecesarias en el hígado (por el uso de algún antiviral). La respuesta inmune, de hecho, hace parte del proceso infeccioso”, dice Gutiérrez.

Ante esto, Carlos Andrés Agudelo, infectólogo de la Clínica Universitaria Bolivariana, agrega que los cuadros de infección respiratoria leve no tienen mucho impacto porque la mejoría se observa a los tres días. “Hay infecciones que simplemente no tienen un mercado tan grande que justifique las investigaciones”.

Evidentemente esto no sucede con el covid-19, el contexto de emergencia ha impulsado el trabajo de investigadores y la inversión de las farmacéuticas. Sin embargo, agrega Zuluaga, la búsqueda general para encontrar soluciones a las distintas infecciones que causan estos enigmáticos microorganismos es activa, “es posible que haya más de 200 moléculas candidatas”, afirma y menciona como ejemplo las enfermedades producidas por flavivirus: fiebre amarilla, dengue, zika, chikungunya, presentes en el país.