Más tecnología y menos cicatrices
Los avances tecnológicos en la estética y la cirugía plástica han permitido que mejoren los resultados de varios procedimientos.
La innovación tecnológica en la cirugía apunta a la reducción en el tamaño de los instrumentos que se utilizan en las intervenciones, para causar menos incomodidades en los pacientes y disminuir los riesgos, además de mejorar los resultados, de ahí que con los años se haya pasado de hacer laparotomías para sacar apéndices, en las que se abrían toda la barriga, a la laparoscopia, donde el procedimiento solo necesita una incisión de 1.5 cm. Lo mismo ha sucedido en la cirugía plástica, e intervenciones como los trasplantes de pelo y el rejuvenecimiento facial han aprovechado los avances para obtener resultados más naturales con recuperaciones menos traumáticas.
En el caso del trasplante de pelo, incluso dejó de ser una intervención quirúrgica y pasó a ser un procedimiento menor que no necesita anestesia general ni quirófano, porque el sangrado es mínimo. Según explica la doctora Jenny Correa, directora médica de DHI para Colombia, el trasplante de pelo empezó a hacerse hace 50 años, con técnicas quirúrgicas que implicaban la remoción de una porción completa de cuero cabelludo de la zona donante (que generalmente es la parte posterior o lateral de la cabeza), para pasar a injertar esa piel en la zona que sufría de alopecia. “Hacían puntos separados, una sutura y quedaban como parches de pelo”, explica la doctora.
La intervención empezó a evolucionar con la tecnología y se pasó de sacar estas “tiras” de piel de 10 cm de ancho por 3 cm de alto de la zona donante, a fragmentos más estratégicamente seleccionados de 2 cm de diámetro, luego de un cm, hasta poder utilizar instrumentos con calibres de 2.5 mm, los mismos que se empleaban para hacer biopsias. En la actualidad, con la técnica más avanzada, se están utilizando instrumentos con calibres de 0.8 mm, que permiten sacar unidades foliculares independientes, lo que ya no implica grandes cicatrices ni parches de pelo, sino que permiten una “siembra” estratégica y mucho más estética.
“Las unidades foliculares que uno tiene en la cabeza son como materas, algunas tienen una mata, es decir, un pelo; otras dos, tres y así sucesivamente puede haber hasta siete pelos dentro de una unidad folicular. Cuando no había instrumentos tan pequeños como los de hoy, se sacaban hasta cuatro o cinco unidades foliculares de la zona donante y se ponían en la zona receptora, lo que terminaba por verse como el pelo de muñeca. Con los instrumentos de hoy se pueden sacar unidades foliculares independientes, lo que permite observar cuántos pelos tiene la unidad folicular y ubicarla en la zona receptora de tal manera que coincida con la distribución natural del pelo en la cabeza; pues en la zona frontal de la cabeza se tienen normalmente unidades foliculares de un solo pelo, mientras que en la parte posterior ya se dan las que tienen más de dos”, cuenta Correa.
De ahí que los trasplantes de pelo más modernos sean imperceptibles después de un año, y no sean incapacitantes. “La recuperación solo implica no usar cosas en la cabeza y no hacer fuerza, es un procedimiento que no te incapacita laboralmente, tiene más una ‘incapacidad social’, porque recién hecho quedan costras y un mínimo de inflamación en la frente, que desaparece a las semanas, sin embargo, el nuevo pelo sí tarda algunos meses en normalizar su ciclo”, afirma Correa.
Rejuvenecer sin escándalo
Otro procedimiento que se vio favorecido con el decrecimiento de los instrumentos quirúrgicos fue el rejuvenecimiento facial. El “estiramiento” que se hacía en la frente e implicaba una cicatriz “diadema” en la línea del cuero cabelludo, ahora se puede hacer con cinco incisiones de un centímetro, que son mucho más fáciles de esconder gracias al endoscopio, un tubo flexible con una luz incluida que se utiliza para hacer las correcciones sin necesidad de abrir por completo la zona a intervenir. Gracias al endoscopio no solo se evita la gran cicatriz, sino que se puede trabajar en áreas de la cara donde antes no era posible, como en las mejillas, explica el médico cirujano José Palacio, director del posgrado de Cirugía Plástica en la Universidad CES. Además, al ser procedimientos menos invasivos, los resultados son mejores.
Para Palacio, otras intervenciones que mejoraron resultados con la tecnología fueron la abdominoplastia y la liposucción o cirugías del contorno corporal, pues ahora las cánulas para hacer estos contornos vienen con radiofrecuencia o ultrasonido que producen retracción de piel y mejoran la adherencia de esta, posterior a la intervención, además de facilitar la extracción de la grasa. “No es menor la recuperación, pero sí es mejor el resultado”, advierte.
A pesar de los avances tecnológicos, los profesionales señalan que no son nada si no se saben utilizar adecuadamente. Por ejemplo, en el caso de los nuevos equipos para contorno corporal, un mal uso podría hasta ocasionar quemaduras, por eso es necesario que el paciente esté muy atento a las credenciales de los médicos que consulta y la calidad de su entrenamiento. En el caso de las intervenciones quirúrgicas, Palacio recomienda revisar que el profesional haga parte de la Sociedad Colombiana de Cirugía Plástica, pues la entidad certifica que los títulos profesionales provengan de instituciones confiables y cualificadas.
Con los procedimientos como el trasplante de pelo es más difícil, pues cualquier profesional puede tomar un curso en tricología y ya sentirse capacitado para hacerlo, pero para la doctora Correa, muchos de estos cursos ni siquiera incluyen una práctica adecuada, entonces hace falta que el paciente consulte sobre la técnica que utilizan los profesionales y cuánto llevan ejerciéndola. “El 40% de los procedimientos que realiza DHI en el mundo son correcciones, en ocasiones los pacientes por ahorrar dinero terminan pagando mucho más, pues tienen que hacer una segunda intervención para corregir lo que no le hicieron bien a la primera”, cuenta.