¿Por qué cada vez más extranjeros viviendo en Medellín?
Cada vez más extranjeros deciden mudarse a Medellín, hacer vida aquí. Esto dicen algunos sobre su experiencia en la ciudad.
Periodista, Magíster en Estudios Literarios.
Periodista. Magíster en Estudios Culturales de la Pontificia Universidad Javeriana. Ha escrito en diferentes medios de comunicación colombianos como VICE, Pacifista, El Espectador y El Colombiano.
Medellín es una ciudad cada vez más atractiva para el turismo. El sector comenzó a crecer hace más o menos 20 años, cuando la ciudad empezó a posicionarse en el turismo MICE –por sus siglas en inglés: Meetings, Incentives, Conferences, and Exhibition– que es todo lo relacionado con ferias, convenciones, negocios y eventos corporativos.
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Pero el verdadero auge de la ciudad como destino vacacional y de entretenimiento empezó después de pandemia.
–Ahí empezamos a ver un crecimiento muy acelerado de la ciudad como destino y la consolidación como un atractivo turístico a nivel internacional, dice Ana María López Acosta, secretaria de Turismo y Entretenimiento del Distrito de Medellín.
Y explica que, entre las cosas que más hacen atractiva a Medellín en el mercado del turismo internacional se cuentan la oferta cultural, el clima y la gente.
–Los extranjeros disfrutan mucho venir a compartir con nuestras comunidades porque somos alegres, porque somos buenos anfitriones, dice la secretaria.
Las cifras lo confirman. El 2025 fue un año récord, con un incremento del 11% en la llegada de turistas internacionales a la ciudad, alcanzando casi 2,1 millones de visitantes, de los cuales el 58% son extranjeros no residentes.
En el primer semestre de 2026 se contaron 1.003.756 pasajeros en el punto migratorio del aeropuerto José María Córdova, de los cuales el 54,1% corresponde a visitantes no residentes, lo que representa un crecimiento de 5,1% respecto al 2025.
Hay un fenómeno que crece poco a poco, pero es más difícil de poner en cifras e incluso de nombrar: los extranjeros que se vienen a vivir a Medellín. A grandes rasgos, se pueden dividir en dos categorías: los nómadas digitales, personas que trabajan de manera remota mientras viajan y que pueden cambiar su lugar de residencia constantemente. Para ellos existe incluso un tipo específico de visa que les permite estar en el país hasta dos años y trabajar, pero siempre de manera remota, es decir, no pueden trabajar para ninguna empresa colombiana, ni pública ni privada.
El otro tipo de extranjero que llega a vivir a la ciudad viene en parte porque es más barato, más tranquilo y por el clima que es como primavera todo el año. Pero no son nómadas digitales, son un grupo heterogéneo que incluye familias, jubilados, jóvenes solos, en fin. Son difíciles de definir, pero se sabe que los cinco países de mayor procedencia de visitantes a la ciudad son: Estados Unidos, Panamá, República Dominicana, México y España, y cada vez más argentinos.
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A simple vista es imposible saber, entre tantos extranjeros que hacen parte del paisaje de la ciudad, cuáles vinieron a vivir y cuáles a pasear. Para entender un poco más este fenómeno, EL COLOMBIANO buscó algunos de esos extranjeros que decidieron radicarse en Medellín de forma permanente, estas son sus historias.
The culture carters: encontrar la tranquilidad y la vida soñada en Medellín
“Una de las cosas que más me gusta de criar hijos en Colombia es que la infancia todavía se siente como una infancia de verdad. Los niños juegan al aire libre. Los vecinos se conocen. Los padres están cerca, pero sin estar encima. Un partido de fútbol improvisado puede convertirse en dos horas de risas. Como madre, esa sensación no tiene precio”, escribió NyJa Carter en una publicación de Instagram, para acompañar un video de sus dos hijos jugando con otros niños en una plazoleta del barrio Carlos E. Restrepo.
NyJa nació en Nueva Jersey, Estados Unidos, hace 36 años y hace tres años se vino a vivir a Medellín con sus dos hijos, Lance de 5 años y Lenox de 8, y su esposo, Vernon a quién conoció en la universidad. Ella tiene un posgrado en salud pública, con especialización en salud materna, y él es ingeniero aeronáutico.
En Nueva Jersey, NyJa creció rodeada de personas de diferentes países, muchos de América Latina, antes de venir a Colombia vivió un tiempo en Perú y en Ecuador, y quería sumergirse más en la cultura latinoamericana, por eso trajo a su familia a vivir aquí, por eso también, comparte su vida a través de redes sociales, quiere que la gente conozca la vida que están construyendo, y como se puede habitar un país integrándose a su cultura, aprendiendo sus tradiciones, y no sólo por sus beneficios, porque es más barato.
El cambio ha sido evidente. Dice NyJa que la calidad de vida es mejor y la comida también. Cuando han viajado a Estados Unidos de visita, sus hijos comen mejor, prefieren la sopa y el arroz que el mecato, y les gusta más la calle y el parque que el encierro y los videojuegos. Además, su esposo se unió a un equipo de Triatlón, ella a un club de running y sus hijos están entrenando béisbol. Les ha ido tan bien que incluso un club cartagenero quiso fichar a su hijo de 5 años. Pero NyJa no se quiere ir de Medellín.
–Para mi esposo y para mi era muy importante que nuestros hijos crecieran diferente a nosotros, queremos sean conscientes de sus privilegios, pero que se mantengan humildes, dice Nyja.
Ella quiere que conozcan diversas culturas, que se integren, que tengan amigos de todo tipo. Quiere formarlos como ciudadanos del mundo.
–Yo no quiero vivir aquí como estadounidense, dentro de mi casa sí, pero afuera nos queremos integrar a la cultura colombiana. Quiero que mis hijos vivan como se vive aquí: las dinámicas familiares, las amistades, la unión, la salud y el cuidado de los niños y los adultos mayores. Nosotros no tenemos eso allá. Realmente disfruto mucho estar aquí. Se que hay problemas de racismo y clasismo, pero no es comparable con Estados Unidos, dice NyJa.
Los primeros meses estuvieron como turistas, ahora tiene estatus de nómadas digitales, por el trabajo de su esposo, pero la idea es obtener la residencia, pues NyJa no tiene planes de mudarse más. Piensa en viajar y conocer otros países, pero Medellín será su cuartel. Incluso su suegra vino a vivir aquí hace poco.
Se instalaron en Belén, cerca a la Unidad Deportiva, e intentan hacer todo tipo de actividades para integrarse a la cultura, incluso voluntariados. De lo más difícil de vivir aquí, dice NyJa, es hacer amigos, la gente es amable, pero suele tener círculos muy cerrados.
De corea del sur a Medellín: hacer vida entre dos mundos buscando lo mejor
En Colombia, a Hyunkyu, nadie lo llama por su nombre, es impronunciable. Lo llaman Lee, por su apellido, o Marcos, el nombre que decidió ponerse cuando se vino a vivir a aquí.
Asumir un nombre local es la primera forma en que las personas de los diferentes países de Asia se integran a las culturas a las que llegan.
Lee llegó a Colombia hace más o menos 13 años, estudió periodismo en su natal Corea del Sur y en la universidad conoció un amigo que había vivido en Chile. Él fue quien le enseñó las primeras palabras en español y lo hizo cambiar el periodismo por los negocios internacionales. Así fue como llegó a Colombia.
–Los padres de mi amigo trabajan con negocios internacionales, ellos me ofrecieron trabajar juntos, dice Lee.
Con ellos trabajó llevando mercancía entre Ecuador y Corea, pero tiempo después quiso hacer negocios por su cuenta y se vino a Colombia. Pensó en vivir en Bogotá, pero finalmente se decidió por Medellín.
–Vine aquí porque me gusta el clima, me parece más fácil, también porque es más moderno, me sentí seguro y me gustó la calidad de vida, dice Lee.
Después de instalarse llegó su esposa Seasbyul Chang. Tienen dos hijas, una de 12 y otra de 3 años, ambas nacidas en Estados Unidos.
Dice que lo que más conocen de Colombia en Corea del Sur es el café, y eso es lo que exporta Lee, café premium, de altísima calidad, el más apetecido por los coreanos. De allá para acá trae elementos de papelería y diferentes productos coreanos, como mercancías alusivas al K-Pop, la música más popular de Corea del Sur en el mundo.
Una de las cosas que más extrañó de su país al llegar aquí fue la comida, allá se comen muchas verduras, muchos fermentos y los platos cambian con las estaciones. Aquí no.
–La comida es la esencia de nuestra cultura. No sólo pensamos en el sabor, sino en los colores, en la textura, en forma como se prepara, se presenta y se come, dice Lee.
Por lo demás, él y su familia se han adaptado con facilidad, tanto así que la embajada de Corea del Sur en Colombia le propuso ser colaborador consular. Entre otras cosas, Lee debe estar atento y disponible a las urgencias de los compatriotas suyos cuando visitan la ciudad. Está en el cargo desde enero.
–Medellín es un buen lugar para vivir en familia, aquí la familia es el centro de la vida y hay mucho cariño para los niños, dice.
Para sus hijas, espera que integren en su vida lo mejor de cada país. Corea del Sur es una cultura hiper competitiva, en Colombia la gentes es mucho más tranquila y cercana.
Dice que en Colombia a mucha gente le gusta la cultura coreana, que la reciben bien, aunque la gente en la calle a veces piensa que son chinos, pues no pueden notar la diferencia.
–El paisa es berraco y negociante, tiene una energía fácil para conectar, yo aprendo mucho. Tenemos muchos amigos aquí, paisas, rolos, extranjeros, de todas partes. Hemos hecho relaciones muy sólidas porque estamos construyendo una vida real aquí, dice Lee.
Vencer el miedo: Luanda cito y la historia de amor que la trajo de Brasil a Medellín
Luanda Cito llegó por primera vez a Medellín en 2010, pero se radicó definitivamente en 2013. Llego por amor y se quedó. Es profesora en la Universidad de Antioquia.
Nacida hace 44 años en Porto Alegre, al sur de Brasil, Luanda se mudó a Sao Paulo en 2008 para estudiar una maestría, ahí conoció a quién es hoy su esposo, un paisa. Cuando terminó su maestría vino por primera vez a Medellín, estuvo un año, volvió a Brasil para hacer un doctorado y luego volvió en 2013 en un programa de intercambio con la Universidad de Antioquia. Así empezó a ir y venir, a pasar cada vez más tiempo en Medellín, hasta que decidió quedarse del todo.
Llegó antes del boom turístico que ha vivido la ciudad. Entonces la información que circulaba sobre Medellín estaba muy relacionada con las series, eran los años de Narcos, de Netflix, la serie sobre Pablo Escobar protagonizada por el brasileño Wagner Moura.
–Había más desconocimiento que prejuicio, no había una referencia tan clara de la ciudad por fuera, dice Luanda.
Al instalarse en la ciudad procuró asimilar rápidamente el acento local y conocer la ciudad a pie, recorrerla. Mirarla de cerca, así, terminó sabiendo más de Medellín que sus propios estudiantes.
Lo que más extrañó al principio fue la comida, cosas de allá que no se conseguían aquí, pero ahora cuando va a Brasil también extraña cosas de aquí. Luanda ha vivido en La Floresta y Envigado, y las noches de fin de semana suele ir al parque principal a pasar el rato y comer algo, eso no le pasa en Brasil.
Para ella, instalarse en la ciudad ha sido relativamente fácil. Dice que los brasileños pasan desapercibidos entre los locales. Lo difícil es conseguir trabajo, esta es un cultura cerrada, incluso una amiga suya que intento instalarse aquí no pudo y tuvo que devolverse.
Luca Mariana, el alemán que aprendió español escuchando reguetón
Luca Mariano Simeth creció Rosenheim una ciudad alemana, ubicada entre Múnich y la frontera austriaca. Aunque en la intimidad de su casa siempre se sintió cerca de América Latina. Su papá recorrió parte del continente en los años 90, se enamoró de la cultura y se encargó de enseñársela a sus hijos a través de la música, especialmente la salsa.
Tiene 28 años y vino por primera vez a América Latina hace más o menos tres años. Estuvo en Ecuador y en Panamá y allá, dos chicas peruanas lo confundieron con Feid. Tenía toda la pinta: el corte ‘el siete’, el bigote, las gafas, la gorra para atrás, pero obviamente no era Feid, ni siquiera lo conocía en ese entonces, pero a partir de ahí empezó a escucharlo, le gustó y decidió venirse a vivir a Medellín. Quería aprender español y decidió hacerlo aquí, aunque nunca buscó un profesor.
–Yo aprendí casi todo mi español con el reguetón, más que todo con la música con Feid y Ryan Castro, dice.
Luca tiene 28 años, estudió marketing deportivo, pero ahora trabaja como influencer. Ha venido varias veces a Medellín, pero se instaló definitivamente hace siete meses. Ha vivido en Laureles, La América, Sabaneta, Buenos Aires y finalmente en la comuna 13. Le gusta porque es central, pero sobre todo porque prefiere el ambiente de los barrios populares.
Dice que entre Alemania y Medellín hay pocas cosas en común, pero se ha adaptado fácil, le gusta la comida, el orgullo y el cuidado de la gente de la ciudad por el metro, la música y las mujeres.
–En Alemania casi toda la gente piensa que Colombia es peligroso, piensan en drogas, en Pablo Escobar. Yo antes también pensaba así, que me tenía que cuidar, pero está es mi quinta vez por aquí y nunca me pasó nada. Obviamente, no puedes dar papaya, dice.
De su país extraña particularmente el bretzel, un tipo de pan en forma de lazo, pero hay un montón de cosas que le gustan de aquí que allá no existen, sobre todo los granizados.
Dice que no hay muchos alemanes en Medellín, que la mayoría de extranjeros en la ciudad son de Estados Unidos y Canadá, pero él prefiere juntarse con locales, ahí es que ha hecho amistades, aunque por lo general la gente lo confunde con los ‘gringos’; aunque cuando les dice que es alemán, la gente suele tener una respuesta positiva, de admiración por su país.
–Yo me siento tan feliz día a día de estar aquí, saliendo a la calle, estando con la gente de aquí. Es eso es todo para mí, dice.