Yosua, el rapero mexicano que pedalea en Medellín para vender tacos de canasta
Hace un año, Yosua Iram, un mexicano radicado en Medellín, montó La Chingada, una taquería móvil que vende los tacos de canasta. Es el primero en hacerlo. Esta es su historia.
Periodista. Magíster en Estudios Culturales de la Pontificia Universidad Javeriana. Ha escrito en diferentes medios de comunicación colombianos como VICE, Pacifista, El Espectador y El Colombiano.
Medellín está llena de taquerías. Hay en los centros comerciales, en las calles, en las bombas de gasolina, en fin. El plato insignia de la gastronomía mexicana está por todas partes, como si fuera un plato típico local. Yosua Iram fundó hace un año La Chingada, una taquería sobre ruedas dedicada al taco de canasta.
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Yosua nació en el DF, la capital mexicana, hace 34 años, y hace cinco llegó a Medellín, no con la idea de los tacos, sino de la música: quiere ser cantante, hace rap.
Lo de los tacos es un desembale, pero le ha dado tanto o más reconocimiento que la música, porque Yosua tiene una sazón deliciosa y una energía y un ingenio incomparables.
–Llegó la proteína, el preentreno, tacoooos, tacos de canasta –grita Yosua cuando pasa por un parque donde se hace street workout (ejercicios con el propio peso corporal) el otro nombre de las barras.
El circuito de Yosua comprende el parque de El Poblado y el parque Lleras, en los límites de Provenza –la única calle por la que no puede transitar pues para vender allí tendría que estar registrado en la corporación del barrio–. Sale todos los días con su bicicleta, adaptada especialmente para el negocio. Ahí lleva ensamblada la canasta de los tacos, una nevera pequeña, un tarro para la basura, una canasta para dos salsas, servilletas, el papel a cuadros donde sirve los tacos y una cajita con los guantes, que usa para despachar.
¿Tacos de canasta?
El origen de los tacos de canasta o tacos sudados se suele situar en los años 50, en las calles de la localidad de San Vicente Xiloxochitla, al suroeste de Tlaxcala de Xicohténcatl, capital del estado de Tlaxcala, aunque se consumen en casi todo México.
En principio, los tacos eran considerados comida para obreros y campesinos, pero, sobre todo después de la Revolución Mexicana, su popularidad se volvió tal que terminaron convertidos en una insignia de la gastronomía nacional, quizás uno de los platos por los que México es más conocido en el mundo.
Los tacos de canasta, que se suelen vender en bicicletas que circulan por las calles o en puestos callejeros, son parte del paisaje cotidiano de las principales ciudades del país.
Su nombre se debe a la canasta en la que se guardan para mantenerlos calientes, que suele ser de mimbre. También se los llama tacos sudados, pues la forma en que se conservan procura mantener la temperatura por varias horas, para que siempre se coman calientes.
Por lo general, las canasta se forra con una capa de plástico, luego otra de papel, donde se van montando los tacos, ya preparados, con su respectivo relleno y doblados por la mitad, unos encima de otros, como en un juego de Jenga. Se bañan con manteca de cerdo hirviendo –a veces también se le ponen chiles o cebolla–, y se tapan con el papel, y con el plástico, para que queden envueltos. Se pone un trapo o manta encima para que se conserve el calor.
Lo que hace tan especiales los tacos de Yosua es que él procura mantener las formas de preparación y los ingredientes originarios. Los chiles, especialmente traídos de México, y el maíz se lo compra al dueño de Barbacoa MX, un restaurante mexicano en El Retiro.
Todo lo que vende lo prepara él, hasta las tortillas y las salsas, todo casero, artesanal. Cocina todos los días de tres a seis horas. Solo preparando las tortillas se puede demorar más de tres horas, pero la claves está justo ahí, en las tortillas.
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–Quiero que sientas la tortilla, la salsa, que te recuerde a Mex –le dice Yosua a un cliente mexicano que se acerca a comprarle en el parque de El Poblado.
El sabor mexicano de la tortilla resulta del nixtamalizado, que es el proceso de cocción del maíz en una solución de agua y cal.
“El proceso conocido como nixtamalización es una técnica tradicional, usada desde la época prehispánica, que consiste en neutralizar la acidez del grano de maíz, reposar, enjuagar y moler para formar una masa o agregarlo directamente en los platillos. La cal es un ingrediente muy importante y vital para el proceso, ya que ayuda a obtener y potenciar los beneficios nutricionales que este agrega a los alimentos. Para asegurarnos que su consumo sea totalmente inofensivo se requiere que esta sea de pureza alta (90%) y contenga pocos contaminantes”, se lee en la página web de El poder del consumidor, una asociación civil que trabaja en la defensa de los derechos del consumidor.
Aunque no hay datos muy exactos, se cree que el proceso de nixtamalización se remonta a los años 1000 y 800 a.C.
–Lo que pasa es que son güevones, güevón en México es perezoso. Entonces hasta los mismos mexicanos que llegan acá son muy güevones porque compran la tortilla industrial, la mía es artesanal, entonces se siente la diferencia en el maíz –dice Yosua.
Los tacos son una preparación sencilla, con un historia larga. Un antojo de cuatro mordiscos que sostiene una tradición milenaria. Aunque a los tacos de canasta de Yosua casi nadie les tenía fe.
–Al principio me decían que no pusiera los tacos de canasta, que eso no se iba a vender. Yo estaba en un grupo de mexicanos empresarios, puros fresas (gomelos), gente que tiene hoteles, restaurantes aquí en la ciudad. Ahí yo pregunté: “¿quién vende tacos de canasta?”. Y la banda me dice: “No es que aquí no vendemos eso, nosotros buscamos dar la mejor imagen, y acá en Colombia no comen en la calle”. Y yo: “Pero ¿por qué, wey? Si es algo que es patrimonio, es un arte de nosotros, yo si los voy a poner”, y los puse. Esto no es representar solamente el taco callejero, hay un arte atrás de todo este sabor, las recetas originales con las que cocinaban los ancestros –dice Yosua.
La primera vez que salió a vender, hace un año, se paró a la salida de la estación Poblado del Metro, bajando las escalas, con la canasta en la mano, pero dice que no pasaron ni cinco minutos, cuando apareció un hombre a decirle que ahí no podía vender. Entonces se fue caminado hasta el parque de El Poblado, a ver si allá le iba mejor, y sí.
–Ahí en el parque del Poblado explotó todo gracias a un regio (como le dicen a los compatriotas de la ciudad de Monterrey), que estaba arriba de una chiva y ve y me dice, “vete a la verga, que son tacos de canasta”. Y le digo: “Sí, wey”, y se baja de la chiva y sigue diciendo: “No mames, vete a la verga”, y la gente lo voltiaba a ver, y los guías turísticos empezaron a preguntar, usted que vende ahí, trae un bebé o qué... entonces se acercaron y me empezaron a comprar los guías y la gente y ahí ya –cuenta Yosua.
Luego le empezaron a decir que subiera también a vender al parque Lleras, y a los días se encontró con un influencer de comida, un foodie, que le dijo que lo quería entrevistar, y la cosa creció rápido. Entonces a Yosua se le ocurrió empezar a cargar una mesita para poner la canasta cuando iba a despachar algún pedido, pero no le duró mucho, la gente de Espacio Público se la quitó, entonces decidió hacer lo que hacen en México, comprar una bicicleta y adaptarle una parrilla entre el sillín y la llanta trasera, para instalar la canasta y todo lo que necesita la taquería móvil. La adornó para que se viera lo más mexicana posible, usando zarapes, una especie de cobija de lana o algodón tejidos, de forma rectangular y a rallas, por lo general, de muy colores vivos.
El negocio se ha vuelto tan popular, que mucha gente le dice que va a terminar con un restaurante. Hay empresarios de la zona que se lo han propuesto, pero él dice que no. Le gusta imaginarse con más bicicletas instaladas en otras partes de la ciudad, pero sobre todo, se imagina viviendo de la música, no de los tacos.
El camino al éxito
El viaje que trajo a Yosua a Medellín empezó en Cancún, antes de la pandemia y lo motivó una ruptura.
–Cómo pa’ que me entiendas, así muy, muy en resumen, yo tenía una novia en México, tuvimos un hijo y ella me decía: “Cuando nazca tu hijo qué, vas a mantenerlo a punta de cantar en los camiones”. Le dije que sí, más por molestarla que otra cosa, pero así, de puras monedas pagué el parto, de puro cantar en buses, pero después de un año me mandó a la verga –explica Yosua.
Entonces se tatuó en el cuello la frase “Viaje al éxito”, y se fue a Cancún. Allá aprendió a hacer los tacos de canasta, luego se fue a Tulum, y cantando en la playa conoció a unos colombianos; ellos le dijeron que viniera a Medellín, que aquí seguro le iba bien, entonces se vino.
Empezó cantando en las calles, haciendo la misma ruta que hace con los tacos. Cantaba por monedas, pero sobre todo, para darse a conocer. Así estuvo seis meses, pero se cansó, se fue a Bogotá un tiempo y volvió a Medellín con la idea de montar los tacos y vivir de la música.
La gente lo conoce más por los tacos, pero en el camino de la música también ha ido avanzando. Aquí ha conocido a raperos de larga trayectoria, como los venezolanos Lil Supa, Apache y Akapellah, y entre los locales a Mañas Rufino y Ultra Jala, con quién esta colaborando en un proyecto.
Además, su historia se está registrando en un documental que está grabando Eloy Cortés, un compatriota mexicano, estudiante de cine, que vive entre Puebla y Medellín. Yosua es un personaje. Y hace de todo. Antes de los tacos y la música, fue instructor de artes marciales mixtas. Cuando empezó con la música en los buses, lo hizo cantando canciones de Juan Gabriel y Rocío Durcal, pero tras la separación de la mamá de su hijo se pasó al rap. La primera canción que escribió fue para su hijo, pero ya suma más de 20, algunas de ellas publicadas entre YouTube y Spotify. Lo suyo, dice, es un rap muy profundo. “No es rimar por rimar, es filosofía”.
En las canciones y los tacos está consignado el viaje, porque Yosua ha ido aprendiendo a cocinar de la gente que se ha cruzado en el camino al éxito, amigos, exsuegras, en fin. Las demás experiencias están puestas en la música.
–Todo lo hago yo. Te lo voy a decir y vuelvo y lo recalco, ni la calidad premium de la tortilla se compara con la calidad premium de la música que hago –concluye Yosua.