Colombia Global

Eafit gradúa 170 negociadores internacionales al año

Antes de graduarse, ya acompañan a empresas en su llegada a mercados internacionales. Así se preparan los profesionales que hoy llevan a Colombia al mundo.

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hace 29 minutos

Cuando una empresa colombiana busca expandirse a otros mercados requiere entender culturas, construir relaciones y tomar decisiones estratégicas en entornos inciertos. Ese proceso, que para muchas organizaciones significa una barrera, se ha convertido en un escenario de aprendizaje en la Universidad Eafit, donde los estudiantes no solo estudian la internacionalización, sino que participan activamente en ella.

Desde su Escuela de Administración, la universidad ha orientado la formación de negociadores internacionales hacia un enfoque que prioriza la comprensión del mundo en su diversidad. La apuesta no está únicamente en el conocimiento técnico, sino en la capacidad de dialogar en medio de las diferencias y construir acuerdos que abran oportunidades para las organizaciones.

“Nuestros estudiantes se distinguen por su capacidad de tender puentes entre culturas y construir relaciones que permiten a las empresas avanzar en otros mercados”, explica María Andrea De Villa, decana de la Escuela de Administración. Esta visión responde a una de las principales brechas que enfrentan las empresas colombianas y es la falta de talento con mentalidad global, capaz de desenvolverse en entornos multiculturales y generar confianza en escenarios internacionales.

Aprender haciendo

Ese enfoque se traduce en una formación que conecta de manera directa con la realidad empresarial. Desde los primeros semestres, los estudiantes se enfrentan a retos reales a través de proyectos académicos y espacios de aprendizaje experiencial.

Uno de los desarrollos más representativos es el consultorio de internacionalización, una iniciativa que se ha venido implementando en los últimos semestres desde los espacios académicos y que busca consolidarse como una plataforma formal de acompañamiento a empresas.

Este modelo ha permitido que las aulas se conviertan en espacios de intervención real. En alianza con organizaciones como Inexmoda, por ejemplo, los estudiantes han asesorado empresas del sector moda en su llegada a mercados internacionales, aportando análisis y propuestas estratégicas.

A estas experiencias se suman prácticas en entidades como ProColombia y cámaras de comercio, pasantías en el exterior y simulaciones globales como el National Model United Nations en Nueva York, donde los estudiantes se enfrentan a dinámicas reales de negociación internacional.

A través de sus distintos espacios de formación, el programa ha acompañado a cerca de 400 empresas en procesos de internacionalización, que han abarcado desde compañías del sector productivo hasta entidades públicas y organizaciones de la economía creativa.

Además, cada año se gradúan entre 160 y 170 negociadores internacionales, muchos de los cuales se integran a áreas estratégicas de empresas o a entidades que impulsan la expansión empresarial del país.

Para un verdadero estratega, la empresa multinacional es la regla general y la empresa puramente doméstica, la excepción. Para este estratega, el escenario de negocios no es el país ni el departamento, sino el mundo entero, y las oportunidades se presentan tanto en San Cristóbal o Tulcán como en Calcuta o Guangzhou.

La ventaja de una mentalidad global es gozar de diversidad de mercados, traducir soluciones a distintas culturas, balancear los riesgos de inversión en diferentes contextos económicos y políticos, y encadenar relaciones en geografías distantes.

El problema es que la visión global es una habilidad avanzada: nadie nace con ella. Por eso, la mayoría de las empresas no nacen ni crecen internacionales, sino que perduran como domésticas. Pero la mente global se construye y se educa.

Este rol compete a la academia, que debe, primero que todo, inspirar un pensamiento crítico que desafíe esa visión doméstica y viva cómoda en lo incierto y diverso de la globalidad; segundo, crear, mejorar y transferir marcos de estrategia internacional universales que superen las herramientas de moda; y, finalmente, fomentar la transformación de la comunidad empresarial a través del conocimiento acumulado de las empresas que ya han sido favorecidas con la internacionalización.