¿Una traición literaria? El caso de la escritora Rachel Cusk y la historia de la actriz Natalie Portman

Life of M reabre una pregunta antigua sobre los límites de la ficción: ¿hasta dónde puede un escritor usar la vida de alguien cercano sin traicionarlo?

  • La actriz Natalie Portman y la escritora Rachel Cusk tuvieron una relación cercana hace varios años. Fotos: AFP
    La actriz Natalie Portman y la escritora Rachel Cusk tuvieron una relación cercana hace varios años. Fotos: AFP
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Hace varios años, mi esposa me contó los entresijos de un caso judicial bastante delicado y violento que aún hoy está en impunidad. Ella conocía el doblez de la historia porque conocía a los amigos más cercanos de la víctima. Yo tenía algunas puntadas sueltas de esa historia que me habían contado fuentes de la Fiscalía, pero lo que ella me dijo por teléfono mientras yo tomaba nota secretamente, era oro para un periodista. Al día siguiente ella encontró todo su secreto publicado bajo reserva de fuente. Estuvo furiosa durante días. Pero a veces tenemos historias entre las manos que no sabemos cómo escribir y salimos de ella como podemos: mal.

Truman Capote, el más grande de los periodistas narrativos, traicionó a sus amigas ricas de la élite de Nueva York publicando sus chismes y miserias; Capote era un resentido con un talento enorme. Además, tenía la capacidad poco común de ver los abismos de sus amigos y entrevistados; dicen que Marlon Brando lo odió después de leer publicado El duque en sus dominios, un perfil profundo del gran actor que fue el resultado de una única entrevista en un hotel en Japón. No es un secreto que Capote se hizo muy cercano de Dick y Perry, los asesinos de la familia Clutter que aparecen retratados en el maravilloso A sangre fría, y que esperó durante años que fueran condenados a la horca para tener un final apropiado para su libro; esa espera lo aniquiló para siempre.

Las traiciones de los escritores son legendarias. No sé si sea un problema de los lectores y que esa traición no existe en realidad; al noruego Karl Ove Knausgard la publicación de Mi lucha le destruyó la familia. Estamos poco preparados para contemplar el fuero interno —los pensamientos— de nuestros cercanos; solo a nosotros mismos toleramos el cinismo, la traición, el doblez.

Conocí a Rachel Cusk hace unos ocho años, vi su libro A contra luz (Libros del asteroide) en una librería y lo compré por una pulsión y lo leí con rapidez: hasta el día de hoy no sé cómo hace en toda esa trilogía —conformada luego por Prestigio y Tránsito, que compré después y leí muy rápido— para construir a un personaje que tiene un talento supremo: escuchar. La protagonista se llama Faye, pero nunca se presenta, aparece por los otros. Usa una técnica narrativa muy particular, donde Faye aparece por sustracción, pues ella escucha —a compañeros de avión, alumnos de talleres de escritura, exparejas, desconocidos en cenas— y el lector la deduce a partir de lo que esas voces le dicen, le preguntan o le proyectan. Mejor dicho, Faye hace lo que debería hacer todo periodista: prestar atención.

Entre los libros más leídos de Cusk están Un trabajo para toda la vida, donde narra cómo le cambió la vida después de hacerse madre y Despojos, que es una versión de El extranjero, pero donde el asesinato es su divorcio. Ambos libros son en primera persona y desglosan una erudición de los mitos bastante alta. Esos son los libros más populares y pocos han leído la trilogía, que están en la estratósfera.

Rachel Cusk aparece en titulares de medios de Inglaterra, Estados Unidos y Europa por su nueva novela, Life of M, porque la protagonista tiene un parecido inquietante con la actriz Natalie Portman, con quien tuvo una amistad años atrás. Al tratarse de una escritora que inventa formas y las desecha como un vaso de café del Juan Valdez, la periodista Alexandra Alter se preguntaba retórica en el periódico The New York Times: “¿Es Life of M una autoficción? ¿Una forma perversa de fan fiction? ¿O es simplemente el último experimento de Cusk, uno de nuestros escritores más provocadores, escurridizos y polarizadores?”.

Alter pudo entrevistar a Cusk, de 59 años ahora, y dice en su texto: “Cusk no quiso comentar si había hablado sobre la novela con Portman, a quien sí conoció. Tampoco quiso hablar sobre las especulaciones de que a Portman no le gusta el libro, como le ocurre a M en la historia. Insistió en que el hecho de que M esté basada en una celebridad real ‘no es lo importante’. ‘Es una obra de ficción, y supongo que explica cómo se crea algo, porque siempre se crea a partir de una mezcla heterogénea de cosas reales, planes inventados y material personal; una vez que empiezas a tirar de ese hilo, se desharía todo’, dijo.

¿Cómo será encontrar la vida propia en una novela ajena? M, el personaje de Cusk, tiene varios parecidos con Portman: ambas alcanzaron la fama en la infancia —Portman hizo El perfecto asesino cuando tenía 11 años—; aparecen en el anuncio de un perfume “rodeada de flores rosas primaverales”; y comparten papeles parecidos, como una bailarina obsesionada, todo calcado a El Cisne Negro.

El caso es que Natalie Portman, que en su club de lectura —ahora todas las estrellas y todo el mundo tiene un club de lectura— ya trabajó con dos novelas de Cusk, se ofendió con Life of M. Pero a la escritora poco le importa lo que producen sus novelas. Parul Sehgal escribió también en The New York Times: “Cusk es bien conocida por su pluma afilada y su estilo mordaz, y no es ajena a este tipo de escándalos. Es una escritora capaz de desatar un profundo desprecio por una pizza : ‘Es como una cara sonriente: alivia el miedo a la complejidad al mostrarlo todo en su superficie’, escribió en sus memorias La Última Cena (2009). La primera edición de ese libro fue destruida cuando Cusk fue demandada por difamación después de que un personaje se reconociera en un retrato poco halagador. (La editorial llegó a un acuerdo extrajudicial). Aun así, La vida de M ha generado dudas entre algunos lectores. La impresión que deja la novela, según The Telegraph , ‘es la de una autora que va desmembrando a una persona, como un niño a un insecto, sin la menor consideración por el sufrimiento o la autoestima del ser humano’”.

A Cusk le piden explicaciones por su libro, porque ahora se descree del doblez, hemos perdido la capacidad del mundo figurado. En la literatura, las barreras de lo verdadero son endebles, pero estamos ante la generación del juicio: no interesa entender, interesa un veredicto. La vida de Natalie Portman, seguramente, es la copia de muchas vidas, y es en esa frontera donde vive la literatura.

Más generación