Es verdad que somos un país al borde del éxito o del fracaso. Parecemos siempre desplazarnos por la cornisa casi a punto de caer, como canta Cerati. Y caer ya sea hacia un lado u otro. No somos capaces de romper hacia ninguno. En los ochenta y los noventa el infierno se nos venía encima. Pero no, nos defendimos como pudimos. Y a veces parece que quebramos hacia un futuro promisorio, pero tampoco. Y no va ha pasar.
Nos complicamos siempre la vida. Pareciera que no quisiéramos tomar el riesgo de tener éxito y nos quedamos dichosos en la falsa seguridad y comodidad de la mediocridad. Ni pa un lado ni pa’l otro. Una condena, y no dulce como entona Calamaro.
Y seguimos sobrediagnosticándonos. Porque para eso sí somos buenos. Para echar cháchara y hablar...