Querer evitar que las Farc usen los medios digitales para promover sus mensajes sería ingenuidad. Es una realidad contemporánea el acceso indiscriminado –no importa quién o dónde- a dichos medios. A no ser que un gobierno determine un daño inminente en tales mensajes y decida recurrir a bloqueos o persecuciones. Pero dichos mensajes no lo son: son inteligentes, de gran factura técnica, bien dramatizados. Lo que tanto encanta en el mundo mediático. Y como hace el buen populismo, efectistas. Hablan directamente de lo que a la gente le disgusta, mientras los políticos tradicionales y clientelistas, tapan o ignoran, pues no trabajan por soluciones, sino para que precisamente ello no ocurra. Es mejor dejar las obras a medias o repetirlas. El Estado...