Por Isabelle Robinson *redaccion@elcolombiano.com.co
Mi primera interacción con Nikolas Cruz sucedió cuando yo estaba en séptimo grado. Estaba almorzando con mis amigos, probablemente discutiendo One Direction o Ed Sheeran, cuando un dolor repentino consumió mi espalda baja. La fuerza del golpe dejó sin aire a mi cuerpo de 90 libras; las lágrimas me picaron los ojos. Me volteé y lo vi, sonriendo. Nunca había visto a este chico antes, pero nunca olvidaría su cara. Sus ojos se iluminaron con una alegría enfermiza y retorcida al verme llorar.
La manzana que había lanzado contra mi espalda rodó lentamente por el suelo. Una ayudante de la cafetería corrió a preguntarme si estaba bien. No recuerdo si él fue confrontado por sus acciones, pero en mi ingenuidad...